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Con frecuencia Nicaragua aparece en revistas de viajes internacionales en las que lo recomiendan como un destino irresistible con playas vírgenes, volcanes imponentes, arquitectura colonial y una cultura vibrante, que atrae a viajeros de todo el mundo y los motiva a visitar el país. Esos atractivos naturales, culturales e históricos, si bien son destacables presentan sólo algunos aspectos de la realidad de Nicaragua.
Lo que muchos de esos reportajes omiten es que Nicaragua vive bajo un régimen totalitario, encabezado por los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo, que han desmantelado las libertades públicas, la institucionalidad democrática y el Estado de derecho. Persiguen, encarcelan y desnacionalizan a toda persona que consideran opositora; torturan y asesinan a prisioneros políticos; cierran los medios de comunicación independientes; y controlan con mano férrea la narrativa sobre la realidad del país.
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Los dictadores han convertido el turismo en un escaparate cuidadosamente gestionado y hábilmente manipulado. Sólo le permiten ingresar al país a ciertos influencers y medios de comunicación afines o contratados, para que muestren una postal idílica, mientras silencian la voz de quienes sufren la cotidiana represión.
Este contraste plantea una pregunta ética inevitable, qué responsabilidad tienen los medios de comunicación internacionales al recomendar un destino donde la belleza natural convive con graves violaciones a los derechos humanos, bajo un régimen de terror impuesto a la población.

Desinforman a los viajeros
Las personas y medios de comunicación que promocionan a la dictadura Ortega Murillo, sin presentar la totalidad del panorama, desinforman a los viajeros, y corren el riesgo de contribuir a blanquear a una dictadura, que utiliza el turismo como herramienta de legitimación. Además, exponen a graves riesgos a los viajeros, que por recomendación de ellos visitan la tierra de lagos y volcanes.
Asimismo, desatienden las alertas de seguridad que han emitido algunos gobiernos, que aconsejan a sus ciudadanos abstenerse de viajar a Nicaragua, por los riesgos que enfrentan dentro de su territorio.
El desafío no está en ignorar la belleza y otros atractivos del país, sino en reflejar su realidad de forma completa. Un periodismo de viajes responsable debe incluir en sus publicaciones las historias de las víctimas de la represión, de la diáspora y del exilio. También las de los empresarios confiscados y las de una sociedad que lucha por mantener viva su identidad, su libertad y su dignidad.
Sus reportes, incluso, deben destacar que a muchos ciudadanos extranjeros que deciden visitar Nicaragua les impiden abordar sus vuelos, porque la dictadura le ordena a las aerolíneas que les vendieron los boletos no trasladarlos; en estos casos los afectados no pueden recuperar el costo de sus pasajes. Esta es una medida que afecta de forma generalizada a los opositores que tuvieron que exiliarse a partir de la crisis de 2018, pero que cada vez con más frecuencia se replica con visitantes extranjeros. Sólo incluyendo todos estos aspectos de la realidad el periodismo de viajes puede ser un vehículo de conciencia y no de propaganda.

No se dejen engañar
Para la Concertación Democrática Nicaragüense (CDN) es fundamental que los gobiernos, las organizaciones internacionales y los distintos actores globales no se dejen engañar por esta imagen sesgada que algunos medios especializados difunden sobre Nicaragua. Esa visión parcial no responde a la realidad y puede contribuir a que se tomen decisiones equivocadas, en algunos casos con consecuencias graves para los lectores.
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Además, distorsiona la imagen del país, resta el interés de la comunidad internacional por la restauración de la democracia; y provoca que olviden la corresponsabilidad internacional que tienen en la defensa de los derechos humanos y la búsqueda de justicia para las víctimas.
Nicaragua merece ser vista en toda su complejidad con su gente abierta, amigable, solidaria y alegre, pero esto sólo es posible si sus ciudadanos gozan de libertad, no mientras sigan sometidos a una de las dictaduras más crueles del continente americano. Ignorar su realidad es darles a los dictadores Daniel Ortega y Rosario Murillo exactamente lo que buscan, legitimidad internacional sin rendir cuentas por sus crímenes de lesa humanidad.
Así lo entiende el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio que en su mensaje del 15 de septiembre, en ocasión del aniversario de la Independencia de Nicaragua, reafirmó que su país seguirá apoyando las demandas de los nicaragüenses por una Nicaragua libre, justa y democrática, para que podamos vivir de nuevo sin temor a la persecución o las represalias.