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A Marlon Abreu, el traductor de los Yankees de Nueva York se le iluminan los ojos cuando habla de Nicaragua. Él nació en República Dominicana, pero sus raíces pinoleras comenzaron a crecer en 1972, cuando el terremoto en Managua obligó a María Inés Herrera a trasladarse y establecerse en el país caribeño.
Doña María Inés, leonesa de nacimiento, es la abuelita de Abreu, un ingeniero en sistemas salido de la St John´s University en Nueva York y trabajador de los Yankees desde 2013. Sin embargo, ha pasado de las computadoras donde laboró por tres años, a intérprete de los jugadores latinos en el equipo neoyorquino.
Además de traducir a los jugadores latinos frente a la prensa estadounidense, Abreu coordina las relaciones con los medios hispanos y dirige el programa de Herencia Hispana de los Yankees. Está presente en todas las reuniones del equipo y su misión es llevar el mensaje a los jugadores de la manera más exacta posible.
A menudo se le ve caminando hacia el montículo en los partidos con los coaches cuando estos desean comunicar algo a los lanzadores latinos, pero también comparte mucho con todos los miembros del equipo a fin de conocerlos mejor y ponder llevar un mensaje más claro a quien corresponda.
“Cuando se me propuso el cambio de posición en mi trabajo, pensé que era una broma porque no tenía nada que ver con las computadoras, pero luego comprendí lo sensible que es el rol debido a la necesidad de llevar una comunicación clara y precisa a los jugadores o a los medios para estar todos en la misma página”, explica.
Abreu, al igual que los jugadores, se presenta al equipo desde el Spring Training y, además de estar al tanto de todos los detalles, planes y estrategias que se pondrán en práctica en los desafíos, va conociendo personalidades y caracteres, sus reacciones en buenos o malos momentos para hacer una interpretación lo más fiel posible.
“Creo que en la medida que conoces mejor a un jugador, puedes comprender lo que en realidad desea expresar en cada situación y eso es lo que uno quiere, comunicar bien lo que los muchachos o los coaches dicen a fin de evitar malentendidos”, señala Abreu, con un tono apacible y una actitud amable y respetuosa siempre.
Marlon vive desde sus 12 años en Nueva York, pero los recuerdos de su viaje a Nicaragua en 1990 los conserva con especial cuidado en su corazón. Asegura que fue en una época de muchos fuegos artificiales en las calles, pero que curiosamente no era navidad. (Posiblemente La Gritería) y que pronto él estaba también quemando pólvora.
“Mi abuela siempre nos hacía platos y bebidas tradicionales de Nicaragua. Y en 1990 fui a Nicaragua y conocí León y Managua y a muchos familiares. Hay cosas muy similares a República Dominicana. Recuerdo lo amable que eran las personas, las recuerdo haciendo las tortillas a mano, fuimos a los mercados. Muy bonito todo”, señala.
En los Yankees es conocido como “La voz que conecta” y asegura que su misión es justo eso, conectar a la gente a través de la comunicación, pero fundamentalmente a los jugadores con los planes de juego y las estrategias que definen el mánager y los coaches y que se materializan en medio de los partidos. Y él está claro de lo vital que es su papel.
“A veces hay situaciones que se dan en un juego y luego se planea hacer una variante para el otro inning y si no se está claro de lo que se pretende hacer, posiblemente no habrá éxito y a menudo eso puede ser decisivo entre ganar o perder un juego, entonces tenemos que estar todos claros y más en una organización como los Yankees donde ganar es esencial por el compromiso que hay con los fanáticos no solo en Nueva York o el país, sino en el mundo”, apunta.
Abreu asegura que está al tanto de la popularidad de los Yankees en Nicaragua debido a que Jonathan Loáisiga lo ha puesto en conocimiento sobre ese tema.