Laureano Ortega estrecha la mano de Vladimir Putin. Laureano Ortega shakes hands with Vladimir Putin.

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Cómo Rusia y China están demostrando con Maduro que no garantizan protección a los dictadores Ortega y Murillo

"Ortega y Murillo no pueden confiar en que Rusia y China meterán las manos al fuego por ellos si las sanciones y el aislamiento internacional aumentan", dice Félix Maradiaga.

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El panorama político actual en Venezuela, que vive horas bajas tras presiones de Estados Unidos, ha demostrado la soledad en la que se encuentra el dictador Nicolás Maduro en el mundo, pese a que intentaba mostrar fortaleza con potencias afines a él como la Rusia de Vladimir Putin y la China de Xi Jinping.

Washington declaró la guerra al Cartel de los Soles y aumentó una recompensa por capturar al dictador Nicolás Maduro sin que estas potencias respaldaran al sucesor de Hugo Chávez. A aguas muy cercanas a Caracas, EE. UU. a colocado una batería militar que amenaza la permanencia de Maduro en el poder. En ese escenario, China y Rusia han guardado silencio, mientras el dictador continúa atricherado en el poder.

Analistas como el profesor de estudios internacionales y ciencias políticas de la Universidad de Virginia Félix Maradiaga, aseguran que el caso venezolano es una advertencia clara para el régimen de los Ortega-Murillo en Nicaragua de que lo mismo podría ocurrirles a ellos.

Maradiaga explica que durante más de una década, China y Rusia aparecieron como los grandes padrinos del chavismo. China, por ejemplo, prestó más de 62 mil millones de dólares a Venezuela, y Rusia llegó a controlar parte de la comercialización del petróleo e incluso a tener colaterales sobre activos estratégicos como CITGO. Pero cuando los costos se volvieron muy altos —impago, sanciones, corrupción, robo, colapso económico—, tanto Moscú como el Partido Comunista Chino, cerraron el grifo.

Daniel Ortega (d) y el presidente de Rusia, Vladimir Putin (i). LA PRENSA/EFE

«China no volvió a otorgar nuevos préstamos desde 2017 y se limitó a renegociar pagos; Rusia reestructuró deudas y hasta retiró a Rosneft en 2020 para protegerse de sanciones. Esto demuestra que el apoyo de estas potencias autoritarias no es incondicional ni solidario: es transaccional y limitado», dice Maradiaga.

Maradiaga indica que en el caso de Nicaragua, Ortega ha sido un socio barato que le ha permitido a China y Rusia tener de  su lado a una dictadura cuyo mayor atributo es el antinorteamericanismo del sandinismo orteguista.

Ni Moscú ni Beijing están dispuestos a invertir en la defensa militar del régimen

El investigador del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos, Evan Ellis, sostiene que el respaldo de China y Rusia hacia el régimen Ortega-Murillo responde más a intereses económicos y estratégicos que a un compromiso real con su defensa militar.

“Ese apoyo siempre es por autointerés: beneficios para la familia gobernante, proyectos de minería o de infraestructura. No implica que Beijing esté dispuesto a asumir el costo de sostener militarmente a sus aliados”, explicó Ellis.

El especialista agregó que, en el caso de Rusia, aunque se han registrado donaciones puntuales de menor escala, estas se limitan a mantener la relación política y militar con Nicaragua. “Simplemente representan intereses rusos de conservar un aliado disponible. No he visto ninguna señal de que Moscú o Beijing tengan interés en invertir recursos para defender militarmente al régimen frente a una acción bélica”, afirmó.

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El pasado 29 de mayo, la dictadura de Daniel Ortega otorgó plenos poderes a su hijo Laureano Ortega Murillo para firmar un acuerdo con Rusia sobre «protección recíproca de los ciudadanos contra los abusos en el ámbito de la justicia internacional», lo que es interpretado por expertos como «un blindaje» que el régimen sandinista intentó finiquitar.

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No obstante también esa opción es un absurdo ya que si bien Ortega ha apostado a presentarse como aliado incondicional de Rusia y China, «esas potencias lo ven como lo que es: un socio barato, pero prescindible».

«Ortega y Murillo no pueden confiar en que Rusia y China meterán las manos al fuego por ellos si las sanciones y el aislamiento internacional aumentan», dice Maradiaga.

«Lo que han hecho es hipotecar la soberanía nicaragüense, cambiando dependencia de Washington por dependencia de Beijing y Moscú, pero en condiciones aún más desfavorables. Al final, los grandes ganadores son las empresas chinas y los intereses geopolíticos de estas potencias, y los grandes perdedores son los nicaragüenses, que cargan con una deuda injusta y con una dictadura que se sostiene vendiendo el país», concluye.



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