migrantes nicaragüenses deportados, Estados Unidos

Los migrantes nicaragüenses fueron detenidos durante una redada el 29 de mayo pasado mientras trabajaban en construcción en Tallahassee, en Florida. Foto: Tomada de Usa Today

«Una tortura»: tres migrantes nicaragüenses denuncian malos tratos en su deportación de EE. UU.

Los migrantes nicaragüenses cuentan cómo vivieron su detención y los tratos que recibieron hasta ser devueltos a Nicaragua

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Tres migrantes nicaragüenses que fueron deportados desde Estados Unidos a Nicaragua aseguran que la administración de Donald Trump los sometió a tratos degradantes mientras estuvieron detenidos por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés).

Los migrantes nicaragüenses Juan Hernández Vallejos, Darwin Valles Rallo y Carlos Rivas Juárez contaron a la plataforma Usa Today Network – Florida cómo vivieron su detención y los tratos que recibieron hasta regresar a Nicaragua.

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Detallaron que fueron detenidos durante una redada el 29 de mayo pasado mientras estaban trabajando en construcción en Tallahassee, en Florida. Según los reportes, la redada dejó más de cien migrantes detenidos en diferentes partes de la ciudad y se identificaron personas originarias de Nicaragua, El Salvador, Guatemala, México, Venezuela, Colombia y Honduras.

Esta fue la redada que dejó a los tres migrantes nicaragüenses detenidos. Foto: Tomada de ICE

«Me dijeron que era un criminal»

Juan Hernández Vallejos permaneció más de dos meses detenido y estuvo en cuatro sitios diferentes. Durante su detención, Hernández denunció que no le permitieron hablar con su familia y que, aunque estaba enfermo, no le dieron acceso a medicamentos.

Para su proceso de deportación, el hombre, que es padre de cinco hijos, dice que se declaró culpable y pudo acceder a un proceso de vía rápida y lo llevaron a la Institución Correccional Federal de Tallahassee, donde estuvo detenido por varias semanas. «Me dijeron que era un criminal porque había ingresado previamente a Estados Unidos», dijo el nicaragüense, quien ingresó a Estados Unidos de forma ilegal previamente en 2014 y 2015; y también fue deportado.

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El migrante nicaragüense fue acusado del cargo federal de reingreso ilegal, que conlleva a dos años de cárcel y 2,500 dólares como multa.

Su salud desmejoró

Para su deportación, el hombre regresó a Fort Walton Beach, donde ya había estado varios días, y después lo llevaron a un centro de detención en Luisiana. Ahí su salud se complicó y dijo que tuvo que exigir medicamentos durante 25 días, pues se le alteró la presión arterial. «Si no pidiera mi pastilla, no me la darían», dijo.

El nicaragüense finalmente llegó a Nicaragua el pasado 7 de agosto y denunció que migración estadounidense no le entregó su pasaporte, tampoco las botas que portaba ni su teléfono, pues le aseguraron que las habían perdido. Además dijo que tenía 1,300 dólares y se lo entregaron en una tarjeta bancaria de débito, pero no puede retirarlo ni usar la tarjeta pues no está habilitada para Nicaragua.

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La comida era terrible, afirman

A diferencia de Hernández Vallejos, el nicaragüense Darwin Valles Rallo, de 29 años, no tuvo que esperar mucho tiempo para su deportación. Solo estuvo detenido 16 días y lo llevaron a Nicaragua.

«No estaba haciendo nada malo. No estaba en la calle robando. Hay tanta gente que anda por ahí haciendo daño y no hacen nada al respecto», aseguró el hombre al medio. Sobre el trato que recibió dijo que la comida era terrible y que no probó nada durante los 16 días, eso provocó que bajara 14 libras de su peso.

Al llegar Nicaragua dice que ingirió una bebida y pan que le dio Migración de Nicaragua y dijo que era mejor que lo que daban en Estados Unidos. También reporta pérdida de dinero, pues tenía 82 dólares al momento de su detención. Las autoridades de EE.UU. le emitieron un cheque de la Oficina del Sheriff del Condado de Baker, pero no puede cobrarlo. «Pero es lo que es, así es la vida. Me deportaron», aseguró el hombre, quien asegura que solo le quedan los recuerdos.

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Lo deportaron a México

Carlos Rivas Juárez no corrió con la misma suerte de los otros dos migrantes nicaragüenses. Estuvo 40 días en prisión y lo deportaron a México, en contra de su voluntad. Tuvo que viajar desde ahí a Nicaragua vía terrestre y con sus propio medios.

Tras su detención, a Rivas lo llevaron a Miami en un autobús, pero no lo dejaron ahí y en cambio lo trasladaron hasta El Paso, Texas. «Sin parar, sin bajarse del autobús, atados de pies, manos y cintura», aseguró. «No nos dijeron nada», agregó.

Contó que firmó sus papeles de deportación a los 20 días después de su detención, pero esperó 20 días más. Tras pedir que lo deportaran a Nicaragua, asegura que migración le dijo que su única opción era México.

«Les dije que no, pero me dijeron que sí, que tenía que firmar los papeles para que me dejaran en México. Les pregunté por qué, si soy de Nicaragua, ¿por qué me mandan a México? Pero allí hacen lo que quieren contigo. Te vuelves loco», aseguró.

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Rivas llegó a México y luego emprendió su viaje a Nicaragua. Primero tomó un bus de El Paso a Villahermosa, una ciudad de Guatemala y ahí se quedó sin dinero. Tuvo que pedir a su familia para poder llegar hasta Nicaragua.

Promesas incumplidas

El nicaragüense asegura que todas las promesas que le hizo el gobierno de Trump fue mentira: le prometieron una deportación rápida y que pudiera comunicarse con su familia. «Si querían deportarnos, enviarnos, agarrarnos y enviarnos, ya está, ¿por qué nos hacen sufrir tanto tiempo en esas cárceles?», señaló.

Rivas tenía planes de construir su casa, pero no lo logró. «Pero gracias a Dios tengo mi vida, estoy sano», asegura.

La situación que vivieron los tres migrantes nicaragüenses es la realidad que enfrentan cientos de personas que se encuentran indocumentados en Estados Unidos y que son el principal objetivo de la administración de Donald Trump en su política migratoria.

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COMENTARIOS

  1. Hace 9 meses

    Los que hubieran de ser arrestados son los empleadores por violar la ley al contratar gente indocumentada y todo porque no pagan beneficios y pagan el mínimo que estipula la ley, afectando de esta manera a ciudadanos y residentes legales.

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