Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Hace menos de dos meses Diego Meléndez Montañez, de 69 años, fue declarado el mejor jugador del 17º Campeonato Mundial de Maxibasketball de la Federación Internacional de Maxibaloncesto, (FIMBA), celebrado en Suiza, y actualmente se encuentra en Nicaragua dándole seguimiento a su equipo Puerto Rico en el torneo FIBA AmeriCup, la competencia de selecciones más prestigiosa de América.
Pero el que sería diecisiete años miembro de la Selección Nacional de Basquetbol de Puerto Rico, primero jugó beisbol superior con los equipos de Carolina y Río Grande, en Puerto Rico, en 1977 firmó con los Astros de Houston para jugar en categoría A, y llegó a Triple A.
Participó en una liguilla de donde saldría el equipo de los 40 de los Astros, en un momento en que lanzaba 97 millas por hora. Fue cuando conoció a Nolan Ryan y a otras estrellas. Cuando creyó que iría al equipo grande, lo retornaron a Clase A. Entonces renunció al béisbol y entró a su segundo deporte preferido, el basquetbol.
Diego jugó básquet con 11 de las 16 franquicias de la liga superior de Puerto Rico, y ganó seis campeonatos nacionales. Brilló durante tres décadas junto a grandes jugadores boricuas como Quijote Morales y José “Piculín” Ortiz, el mejor centro internacional que ha tenido la isla. Se emociona al recordar cuando al entrar a algunos gimnasios lo recibían con el grito “Diego, Diego, Diego”.

Jugaba con mucha agresividad
Representando a Puerto Rico, Diego Meléndez jugó en muchos países como Italia, Brasil, Panamá, Cuba, Argentina, y naciones europeas. Los equipos más poderosos a los que enfrentó fueron Argentina, Estados Unidos y Brasil.
Algunos colegas lo acusan de agresivo porque jugaba con violencia, aunque Meléndez afirma que nunca lesionó a ningún jugador, y explica que, en los años 70, 80 y 90 el basquetbol se jugaba de una manera muy física, muy duro, era parte de la estrategia de la posición 4, y un mandato del coach para parar a jugadores del otro equipo”.
Está satisfecho Diego con las dos victorias que ha obtenido Puerto Rico en Managua: 97-90 contra Venezuela, y 93-59 con Panamá, sin embargo, hoy toca con Canadá, un rival más duro. Le parece que las facilidades del torneo son buenísimas y que esté bien organizado, pero lamenta que los equipos no puedan mostrar todo su potencial, pues casi todos tienen en las ligas europeas hasta tres de sus mejores jugadores.
Diego Meléndez y sus once hermanos son hijos de deportistas: la mamá, Gloria Emilia Montañez, fue beisbolista, y su padre, Flor Meléndez, boxeó en Nueva York. Se educaron en el colegio salesiano San Juan Bosco, donde se promocionaban muchos deportes. Su hermano Flor –el mismo nombre de su padre- es el coach más ganador de la historia de la liga superior de básquet de Puerto Rico, con 1,600 victorias, y dirigió a seleccionados nacionales de Argentina.
En Nicaragua ha sentido el cariño del pueblo hacia Clemente
El hermano menor de Diego es Jorge, quien jugó durante diez años en la liga nacional superior de Puerto Rico. Otro hermano, Ramón, dirigió selecciones de su isla y de Venezuela. La gran estrella de la familia es Carmen Meléndez, quien durante 15 años fue centro de la selección nacional femenina; y actualmente es decana del colegio San Pedro Martín donde contribuye a formar a las futuras jugadoras del equipo nacional.
A sus 69 años Diego Meléndez Montañez continúa jugando basquetbol en competencias para mayores de edad, desde los 43 años. Los 24 puntos por partido que hizo en Suiza para Puerto Rico, ayudaron a que su país conquistara el sexto lugar entre 54 participantes. Su mayor sorpresa, y una de las mayores de su vida, es que fue nombrado el mejor jugador de basquetbol máster. El campeonato mundial se realizó en el cantón de Ticino, en las ciudades de Bellinzona, Lugano y Locarno, del 27 de junio al 6 de julio de este año.
Ciertamente Diego y su esposa Mirta siguen a su seleccionado a competencias internacionales, sin embargo, desde hace muchos años querían venir a Nicaragua a conocer la estatua a Roberto Clemente “y sobre todo a sentir cómo el pueblo lo ama, los taxistas, la gente de la calle… y hemos sentido el cariño con el que hablan de él, incluso jóvenes, se refieren a él con mucho sentimiento y con un gran respeto”.