Bolivia, la primera en caer

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Recuerdo el sarcasmo y la chifletería burlesca de muchos peones y aliados fanáticos del marxismo cultural, quienes, años atrás, se reían de los análisis de la derecha o de quienes ahora impulsan la “batalla cultural” cuando en sus juicios planteaban la caída de Fidel Castro y su sistema sanguinario. Se reían de Carlos Alberto Montaner y de muchos otros grandes defensores de la libertad. Qué dirán ahora que Fidel, Hugo Chávez y la Bolivia que ahora se desprende del narcoterrorista socialismo del siglo XXI también llamado castrochavismo están muertos y su sistema por desaparecer. ¿Qué dirán?

Pensaban en sus mentes enfermas que el comunismo en Latinoamérica sería eterno. Elucubraban tesis de sistemas eternos bajo la regencia de sus regímenes totalitarios en una supuesta revolución hecha para los pobres, lo que jamás fue así. Ahora, del frutero podrido se desprendió ya una de las naciones que representaban la feroz continuidad de dicho eje. Bolivia. Luego de que dos contendientes de pensamiento libre lograran obtener los más altos resultados  electorales, Rodrigo Paz y Tuto Quiroga.

Pero sin ir tan lejos y sin llenarse la mente de felicidad como si ya todo esté resuelto, este es apenas el inicio de una gran lucha por venir. En realidad, una cosa es ganar la Presidencia de la República, y otra el rejuego político, sobre todo en el Congreso donde se deberán terciar con parlamentarios de la izquierda aún fieles a sus orígenes totalitarios, a la herencia de Evo Morales y a las tretas de Arce Catacora.

En efecto, y como lo señala el intelectual y articulista boliviano Hugo Balderrama, no se debe en la misma línea descorchar el champagne antes de tiempo, pues muchos consideran que el MAS llegó a su etapa terminal. 

Sin embargo —sostiene—, una cosa es que la sigla política se encuentre totalmente desgastada, “y otra es que el socialismo del siglo XXI se rinda. De hecho, ese mismo triunfalismo se vivió en los 90, pero la historia nos demostró todo lo contrario, ya que la dictadura cubana no solamente sobrevivió, sino que logró expandirse a Bolivia, Venezuela y Nicaragua. Además de secuestrar las instituciones internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA)”, expresó Balderrama.

Aún con todo, el efecto grandioso de estos comicios es el hecho de que el pueblo boliviano marcó su territorio al rechazar un sistema despótico y optó por un cambio diametralmente opuesto. Cansada de tantas promesas, de emancipar un falso plurinacionalismo, de saber que el socialismo no benefició a los pobres ni a los indígenas, la ciudadanía abrumadoramente votó contrario al partido Movimiento al Socialismo (MAS), lo que evidentemente se replicará, con votos y otras modalidades de lucha, si los regímenes de estas izquierdas ortodoxas se niegan a propiciar comicios vigilados y transparentes, en sus quejumbrosas crisis por aferrarse a seguir en el poder.

Este desplome, que pone fin a dos decenios de gobiernos bajo la bota totalitaria marxista, demuestra también lo que a nivel regional es un grito abierto a todo pulmón: la necesidad de cambio de gobierno, pero también de sistema. En otras palabras, en Latinoamérica la gente está harta de tanta hipocresía y estafa gerencial de los gobiernos de izquierda. 

De hecho, no existe ningún régimen actualmente, de México a Chile, que goce de una democracia que tenga feliz a la gente. Ni Boric ni Lula, ni Claudia ni Xiomara, ni Petro ni Arévalo. Ya no digamos el rebaño de dictadores tras los pasos del carnicero ruso de Putin: Díaz Canel, Ortega y Maduro.

Estados Unidos ha dicho claramente que ellos no van a invadir ni a insistir agrestemente en sacar a los dictadores referidos, y esta lección (más que lectura), demuestra fehacientemente que la sociedad actual en toda la región no quiere saber ya nada de las izquierdas socialistas ni de partidos formados en el tutelaje de las guerrillas armadas financiadas por la extinta URSS e implementadas por Fidel Castro. Eso se acabó y Bolivia ahora mismo lo ha demostrado. El efecto dominó en esos regímenes está pateando duro la pelota. La libertad aflora.

Rodrigo Paz es un líder joven con linaje político amplio, es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993) y actualmente senador opositor por Tarija, al sur de Bolivia. Ha mordido el polvo del exilio y resultó ser la revelación política en esta primera vuelta electoral, la que desde ya lo catapulta a un privilegiado sitial en la historia.

Por su parte Tuto Quiroga, con quien tuve el privilegio de compartir un almuerzo junto con el expresidente Enrique Bolaños (q.e.p.d.) en Managua, en el año 2002, luego de dejar el cargo de presidente de la República tras la renuncia del mandatario Hugo Banzer, y  con quien luego nos reencontramos en asambleas de la Unión de Partidos Políticos de América Latina (UPLA), competirá con Paz en el balotaje.

Cualquiera que gane garantizará un porvenir certero y prominente para Bolivia, de eso tratan los nuevos tiempos que se avecinan, alejándose del estercolero al que nos ha sometido el socialismo o castro chavismo del siglo XXI. 

Bolivia, la niña mimada del Libertador Simón Bolívar, la primera del eje siniestro en caer.

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional, preside el partido de derecha Organización Política Accionaria (OPA).

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