Nuevos partidos políticos hacia la institucionalidad en la era post Ortega

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Los nicaragüenses debemos ir ya poniendo las carretas delante de los bueyes, trastocar todo orden evolutivo convencional, dar saltos de águilas y asaltar estrellas y esperanzas sin miramientos trastabillantes como la imagenología usada por la Revolución Sandinista, para que el endémico mal no se repita y,  la primera piedra para ese visionario proyecto potencia de nación, comienza por la construcción de nuevos partidos políticos, pues los ya existentes además de heredar los vicios ancestrales del “Estado botín”, son alimañas comparsas del régimen dictatorial de Daniel Ortega, destructor principal de cuanta institucionalidad ha existido en el país. 

Sé que se habla de “salir de la dictadura”, de “hacer retornar la democracia”, de “volver del destierro”, pero qué ganaríamos con eso si a la vuelta de la esquina en pocos  años volvemos a repetir la maldición caudillista y el atornillado presidencialismo en el poder, como con los Somoza, con Ortega y ahora con el más claro ejemplo en la vecina El Salvador con Nayib Bukele y sus cuentos chinos de héroe antipandillas con una deshonesta narrativa, justificando la reelección indefinida y su delincuencial ambición caudillista.

No podemos revertir la historia, por lo tanto debe ponérsele incienso a las viejas glorias concebidas por los partidos liberal y conservador, preservando sus grandes logros y retomando lo mejor de sus legados para dar pie hacia una nueva etapa política, la de gobiernos limitados y amparados en el clasicismo liberal y conservador y no en el anclaje de lo que hemos tenido: aprendices fracasados de estas doctrinas, pero emperifollados y matreros caudillos.

En Nicaragua la indecencia va aún más lejos.  La presidenta del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), María Haydée Ozuna y otros acólitos del FSLN como Wilfredo Navarro, quienes aún dicen profesar esa ideología, corren cada año a llevarle arreglos florales a fallecidos del partido sandinista, pero también lo hacen en la tumba de José Santos Zelaya, el líder liberal de la única revolución existente. 

Es por eso que desde el exilio en 2020 en Estados Unidos fundamos con unos cuantos amigos el partido Organización Política Accionaria (OPA), llevando ahora esta iniciativa a todos los nicaragüenses, y compartiéndola regionalmente con partidos fundados en el exilio de países como Cuba y  Venezuela sobre todo, que también padecen  la pesadilla del castro chavismo o el también llamado socialismo del siglo XXI. No obstante, la alternativa del día a día, el desconocimiento de la política y sus auténticos valores más la sobrepoblación de numerosas organizaciones de la llamada “sociedad civil opositora” y el descrédito razonable de la política ante la ciudadanía con tantas mafias enquistadas en ella que ha promovido tanta corrupción, dificultan el interés de la gente a participar más activamente en ella. Aunque la cosa va caminando.

La creación de nuevos partidos no nace tampoco de una aventura personal ni de un capricho individual o de grupúsculos. Tiene dos portentosos antecedentes: el cubano José Martí quien desde Nueva York y en medio de tanta división de la cubanía exiliada hace más de un siglo, fundó el Partido Revolucionario, se embarcó con unos cuantos hombres y se fue a la isla para ser factor de la causa accionaria en la lucha de independencia de España. Lo demás es de todos conocido siendo Martí uno de los grandes hombres en toda América.

El otro caso, más reciente, es el de los países que fueron parte de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) los cuales, una vez desmembrados de la raíz comunista, fundaron partidos nuevos para hacer prevalecer la democracia sobre las huellas frescas del totalitarismo estalinista, lo que hicieron bien hasta la llegada del carnicero Putin.

Nicaragua requiere de una nueva institucionalidad, y esta sólo será posible empezar a construirla con nuevos partidos, sobre todo de derecha, pero con un peso específico moral contundente en las mentes de quienes los impulsan: una nueva mentalidad de transparencia hacia el respeto de los bienes ajenos y una aplicación rigurosa de la justicia y el desarrollo.

Los poetas vanguardistas como Pablo Antonio Cuadra decían en sus proclamas literarias que surgieran nuevas y alegres generaciones, auguraban nuevas auras para naciones como Nicaragua, endiabladamente enturbiada por revueltas, revoluciones, dictaduras y continuos regímenes arbitrarios y corruptos. Rubén Darío también lo dijo a jóvenes emprendedores en uno de sus viajes.

Entonces, ¿por qué no darle continuidad a ese legado aun no realizado, desde la invención y la aplicación de la moralidad y la ética pública? A fin de cuentas, de que saldremos de este atolladero es un hecho, por ahora no sabemos el cuándo y el cómo (aunque cercanos), pero saldremos. ¿Por qué no empezando desde ya a hacer realidad la unidad política desde nuevos partidos políticos, a sus afiliaciones y trabajo partidario, que también se vuelve ciudadano para garantizar la reserva social que abra las ventanas a nuevos gobiernos democráticos? La invitación de OPA está abierta en es necesaria institucionalidad que debemos empezar a construir.

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional, preside el Partido Organización Política Accionaria (OPA).

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