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Femicidio frente al mar
En 2014 Karen Colclough vino a Nicaragua en una misión de la Iglesia Presbiterana de Jackson Hole, Wyoming. La estadounidense de 37 años tenía alma aventurera y ya había estado en Centroamérica, pero era su primera visita a tierras nicaragüenses. Luego de una semana de trabajo duro en Tierra Nueva, comunidad de El Tuma-La Dalia, el grupo de misioneros se trasladó a Montelimar, para tomar un merecido descanso antes de salir del país. Pero ella no saldría viva de esas vacaciones.
La misión llegó al hotel la noche del 10 de abril. Al día siguiente Colclough desayunó con un matrimonio amigo y salió a caminar por la playa, no sin antes comprometerse a cenar con la pareja. Llevaba una mochila, una Biblia para leer frente al mar y una camarita digital anaranjada para capturar el idílico paisaje de las olas y los pájaros.
Su paseo la llevó a tres kilómetros del hotel, hacia la bocana de la desierta playa de Quizalá. Pero cuando la misionera quiso regresar la marea había subido y el agua se interponía en su camino. Fue entonces que pidió ayuda a un hombre que divisó a lo lejos. Ese hombre resultó ser Fernando Aburto Reyes, conocido en el pueblo como Somozón, quien se convertiría en su victimario.
Después de ayudarla a pasar el estero, a través del puente formado por un árbol caído, el hombre le practicó una llave que la hizo desmayarse y la arrastró a unos matorrales, donde abusó de ella y la estranguló. Irónicamente, fue un hermano materno del femicida quien encontró el cuerpo tres días después, cuando andaba garrobeando.
La Policía atrapó a Somozón porque el mismo día del crimen vendió la camarita anaranjada en 700 córdobas. Además, en su casa encontraron otras pertenencias de la misionera, incluida su Biblia. Las últimas pruebas, y las más decisivas, las proveyó la propia víctima, pues luchó cuanto pudo por su vida y el tejido bajo sus uñas tenía el ADN de Somozón.
El hombre fue condenado a 39 años y medio de cárcel, de los que sólo cumpliría 30, la pena máxima antes de que en el país se estableciera la cadena perpetua.
Lea también: Grandes crímenes: el duro relato del asesinato de la misionera Karen Colclough en 2014
Asesinato en Xiloá
Al año siguiente del asesinato de Karen Colclough, otro turista encontró la muerte de forma violenta en una playa de Nicaragua. Esta vez fue en la laguna de Xiloá, Managua, la noche del domingo 20 de diciembre de 2015. La víctima: Anthony Benedict, un alemán de 23 años que paseaba por la orilla del cuerpo de agua en compañía de un amigo y sin molestar a nadie.
Los alemanes acababan de salir de un bar costero, en el que consumieron un litro de cerveza, cuando varios delincuentes se les acercaron para robarles. Como se resistieron a entregar sus pertenencias, los atacaron. Benedict fue asesinado y su amigo terminó en un hospital capitalino, del que fue dado de alta pocos días después.
Aunque hubo al menos tres detenidos, la Policía no brindó datos sobre la resolución de este caso.

Tragedia en Ometepe
A finales de 2004 la búsqueda de dos turistas extranjeros desaparecidos en el volcán Maderas mantuvo en vilo al país durante casi tres semanas. El Ejército, la Policía y baquianos de la isla de Ometepe participaron en las expediciones; los padres de los jóvenes se trasladaron a Nicaragua con la esperanza de encontrarlos vivos; helicópteros privados sobrevolaron la zona y las agencias de noticias internacionales no perdieron detalle de las pesquisas.
Dentro y fuera de Nicaragua la gente quería saber qué les había ocurrido al británico Nicholas Roth, de 28 años, y al estadounidense Jordan Alexander Ressler, de 23. Sin embargo, el Maderas no daba respuestas ni brindaba pistas. Conforme pasaban los días, las esperanzas se esfumaban y, en medio de la desesperación, los padres de Ressler ofrecieron una recompensa de 10 mil dólares a quien encontrara a su hijo, ya fuera vivo o muerto.
Durante 17 días no se supo nada de los muchachos, que ya habían trabado amistad con algunos locales. El miércoles 17 de noviembre subieron solos al volcán Maderas; el viernes 3 de diciembre pobladores de la isla localizaron sus cuerpos, ya casi convertidos en osamentas, en una profunda hondonada de difícil acceso.
El clima de la zona había ocultado los cadáveres, pues en la hondonada circulaba poco viento, por lo que no se extendió el olor de la descomposición, y la perenne nubosidad impidió que se avistaran los buitres. Había una distancia de ocho metros entre los cuerpos. Cerca de ellos encontraron una mochila, un capote, gafas para sol, un jarabe, pastillas, un manojo de llaves, un foco para cabeza, un reloj, gotas para lentes de contacto, poco más de 300 córdobas y algunos documentos.
En ambos casos, el examen forense reveló múltiples lesiones y fracturas en huesos de todo el cuerpo, así como probables laceraciones de órganos internos, como cerebro, hígado y pulmones, además de lesiones graves en la cabeza y destrucciones en la columna. Con esa información se confirmó lo que ya se sospechaba: los jóvenes murieron al caer por una cascada de más de 120 metros.
En 2007 la familia de Ressler, quien apenas iniciaba una exitosa carrera de guionista, creó el Programa de Artes Jordan Alexander Ressler en la Escuela Comunitaria Scheck Hillel, Florida. Buscan inspirar a niños a “descubrir sus propios talentos, despertar sus pasiones y perseguir sus propios sueños”. En el Festival de Cine de Miami existe el premio Jordan Ressler, que reconoce a creadores audiovisuales emergentes.

Morir en el mar
Los balnearios nicas también han cobrado la vida de turistas extranjeros que sólo buscaban pasar un buen rato en nuestro país. En 2023 un estadounidense y un chino se ahogaron en aguas rivenses.
El sábado 1 de abril Robert Lee O’Hare, gran viajero de 62 años, se hallaba de paseo en un catamarán que partió de San Juan del Sur hacia Costa Blanca, con otros turistas a bordo. Al llegar a su destino, el californiano sufrió un paro cardíaco y falleció. Algunos medios aseguraron que se hallaba en el agua, bañándose, al momento del infarto.
Seis meses después, el miércoles 4 de octubre, el joven Wang Lang desapareció entre las olas de Playa Hermosa mientras practicaba surf. El turista de origen chino tenía 26 años y residía en Estados Unidos. Apenas llevaba un día hospedado en un hostal de la comunidad El Carrizal. Lo hallaron flotando sin vida la noche del viernes 6 de octubre.
En 2024 una ciudadana rusa-canadiense falleció ahogada la noche del Lunes Santo cuando se daba un chapuzón en la playa Los Brasiles, de León.

Naufragio de Corn Island
El caso de La Reina del Caribe merece una mención especial. El 23 de enero de 2016 la lancha se volcó cerca de Corn Island, en la Costa Caribe nicaragüense, dejando un saldo de 13 turistas costarricenses (11 mujeres y 2 varones) ahogados.
La lancha llevaba a bordo a 33 personas: el capitán Hiilario Blandón y su ayudante Elton, la jueza local Shura Welcome (que iba al “raite”), una turista brasileña, dos británicos recién casados, dos estadounidenses y 25 costarricenses.
Salieron de Little Corn Island rumbo a Corn Island poco después de la 1:00 de la tarde, luego de haber pasado la mañana en la isla pequeña, como parte de un tour privado. Muchos debían tomar vuelos al día siguiente, por eso necesitaban volver temprano a sus hoteles.
La embarcación no contaba con permiso oficial de zarpe, porque las autorizaciones se firmaban por la tarde. Es decir, cuando ya todos los viajes estaban realizados. Por otro lado, se avizoraba mal tiempo, pero desde el muelle no podía saberse qué tan malo estaba mar adentro.
Los turistas iban felices. Hacían fotos y grababan videos del mar caribeño, que se tornaba más agresivo conforme se alejaban de la costa. De pronto tres olas gigantes golpearon la lancha y la volcaron. Algunos náufragos quedaron atrapados por el casco invertido, otros cayeron al agua.
Bajo el casco se escucharon gritos, golpes y luego silencio. Muchos no pudieron quitarse el chaleco salvavidas que los empujaba hacia arriba y quedaron atrapados en esa prisión de madera y agua. De los 33 pasajeros, sólo 20 fueron rescatados con vida por un barco pesquero nicaragüense que pasaba cerca.
En marzo de 2024 el ciudadano francés Nicolás Malandain, de 38 años, también pereció en un accidente acuático en Corn Island. Una lancha lo impactó por accidente y murió por trauma craneoencefálico severo.
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Piscinas mortales
Aunque los cuerpos de agua naturales son decididamente más peligrosos, las piscinas también pueden ser mortales. En diciembre de 2004 el turista costarricense Víctor Manuel Aranjo Cruz, de 26 años, falleció en la piscina del famoso Hotel Barceló Montelimar.
La Policía del municipio de San Rafael del Sur descartó la existencia de mano criminal, pues Medicina Legal determinó que el fallecimiento se debió a un paro respiratorio.
Aranjo Cruz formaba parte de un grupo de 42 costarricenses que llegó al hotel el mismo día del incidente. La mayoría de los extranjeros se metieron al agua a eso de las 2:00 de la tarde y estuvieron más de cuatro horas en la piscina. Cuando todos, menos uno, se retiraron a sus habitaciones, advirtieron la ausencia del joven odontólogo, a quien encontraron flotando en el agua.
En marzo de 2025 una tragedia similar enlutó a una familia coreana. Una niña murió ahogada tras caer a la piscina de un exclusivo resort en Tola, Rivas.
Muerte en el cerro Negro
Además de ser el volcán más joven de Nicaragua, el arenoso cerro Negro se ha consolidado como uno de sus mayores atractivos turísticos y es visitado tanto por nacionales como por extranjeros. El pasado viernes 25 de julio de 2025, sin embargo, fue escenario de una tragedia, cuando un paseo terminó en muerte.
El ciudadano suizo Jürg Messerli, de 59 años, empezó a sentirse mal de repente, al llegar a la cima del coloso. Presentaba vómito, mareos, dolor de pecho y dificultad para respirar, “hasta que finalmente colapsó”, declararon testigos. Se presume que la causa del fallecimiento fue un paro cardiaco.
El turista ingresó al país el 12 de julio junto con su esposa por la frontera terrestre de Peñas Blancas, procedente de Costa Rica. Al momento de la tragedia, ambos participaban en una excursión para vivir la experiencia completa del cerro Negro, que incluye la caminata de ascenso y el descenso en tabla por las laderas del volcán.