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Clave. Hasta hace poco Bayardo Arce Castaño era el único de los nueve comandantes de la Revolución Sandinista que permanecía leal a Daniel Ortega. Los otros ya fallecieron o le dieron la espalda. Tras la derrota electoral del Frente Sandinista en 1990, el exguerrillero fue clave para mantener a flote las finanzas del partido; cuando Ortega volvió al poder, en 2007, lo premió con el cargo de asesor económico presidencial y el control de varios ministerios importantes. No obstante, al consolidarse la dictadura matrimonial de Ortega y su mujer, Rosario Murillo, Arce se convirtió en una figura decorativa. Esta semana el comandante de 76 años finalmente fue purgado por Murillo, quien según analistas busca limpiar su camino hacia el poder absoluto en un escenario post Ortega.
Consejo. En septiembre de 2017, ante la falta de más y mejores empleos en Nicaragua, Arce propuso una salida que hizo estallar las redes sociales. En la inauguración de un congreso universitario en Managua, luego de recordarles a los estudiantes que el mundo “no termina en Miami”, sugirió con sarcasmo: “Las muchachas deberían ir a buscar novios a Noruega. Cada noruego nace siendo dueño de ochenta mil, ochocientos millones… de ochenta millones de dólares, con toda la riqueza que tienen los noruegos parece que la salida va por ahí”. Aunque a muchos les causó risa, la mayoría de los internautas reaccionó con indignación, pues Arce brindó ese “consejo” en calidad de asesor económico de la Presidencia.
Borracho. En la década de los noventa el comandante sandinista concedió al periódico El Semanario una entrevista en la que se abordó un tema sensible, pues desde entonces le precede su fama de dipsómano. El periodista Fabián Medina le preguntó sin rodeos si se reconocía alcohólico, a lo que Arce respondió: “No, yo nunca me tomo un trago antes de mediodía”.
Periodista. Es hijo del periodista Guillermo Arce y pretendía seguir los pasos de su padre, por eso estudió periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN). En 1968 entró a trabajar al Diario LA PRENSA y tuvo cierto éxito como periodista de política y cobertura del Congreso. Sin embargo, a veces participaba en protestas contra el régimen de Somoza y el diario oficialista Novedades utilizaba eso para atacar a Pedro Joaquín Chamorro. En esa época solía vivir noches de bohemia en compañía de colegas que compartían su gusto por la bebida.
Grosero. Pese a que fue periodista, es conocido por ser despectivo con la prensa independiente. En julio de 2017 irrespetó a una periodista de LA PRENSA que cuestionó el destino de los fondos del INSS: “Estamos haciendo que funcione la economía del país, como ellos (empresarios del Cosep) le hacen el bolsillo a tu jefe porque se anuncian ahí para que te paguen el salario”, ironizó el asesor presidencial.
“Olvidate del periodismo en que ustedes van a determinar lo que se publica o no, ustedes no son los que mandan en el país”, le dijo enseguida a otro reportero, quien sugirió la posibilidad de hacer públicas las inversiones del Seguro Social. En enero de 2018 arremetió contra periodistas que le mencionaron las sanciones a Roberto Rivas Reyes. Los Estados Unidos “se creen dueños del mundo (..) ¿No te das cuenta de que estás viviendo en un agujero de mierda como dijo el presidente de Estados Unidos? Así nos ven”, declaró.
Ley Arce. En 2005 promovió con vehemencia una iniciativa conocida como “Ley Arce” para afectar las exoneraciones a los medios de comunicación del país. Cuando un periodista de LA PRENSA le preguntó cuál era el propósito de su propuesta y si pretendía volver a las costumbres de los años ochenta, cuando el régimen sandinista ejecutó regulaciones que perjudicaron a los medios, Arce respondió con evasivas e insultos, como era habitual en él. “Tu libertad de expresión es nada más para lo que ellos quieren destruir, a mí ese argumento no me persuade”, expresó refiriéndose a la gerencia del Diario.
Murillo. La detención de Arce, apresado en su residencia a la medianoche del pasado miércoles 30 de julio, llevó su consabida mala relación con Rosario Murillo a nuevos niveles. Desde hace muchos años era un secreto a voces que la mujer de Daniel Ortega no lo tolera. Pero no siempre fue así, antes eran amigos. En 2017 un excompañero de vida de Murillo, el periodista Annuar Hassan (q.e.p.d.), relató que Arce solía visitar la casa de la pareja a finales de los sesenta, cuando los tres trabajaban en el Diario LA PRENSA, Murillo como secretaria de Pedro Joaquín Chamorro y Pablo Antonio Cuadra.
Millonario. Poseedor de múltiples negocios que crecieron al amparo del Estado nicaragüense, se le considera uno de los hombres más ricos de Nicaragua. En enero de 2005 Herty Lewites lo criticó por movilizarse en un automóvil de 90 mil dólares y tener “grandes edificios en Los Robles”, además de “caer borracho” en las cantinas. En 2009 LA PRENSA develó que Arce mandó a construir una mansión en un tranquilo paraje al sur de Managua. La propiedad de 800 metros cuadrados construidos fue valorada en un millón de dólares. Una de las sociedades que se le atribuyen a Arce es la de Agricorp, distribuidora que en algunos momentos tuvo el monopolio del arroz.
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Piñata. Fue uno de los principales impulsores de la “Piñata” sandinista, como se conoce a la operación mediante la cual los altos mandos sandinistas se repartieron propiedades ajenas en los dos meses previos a entregar el poder, en 1990. Arce fue uno de los principales beneficiados por este acto de rapiña (que se cargó a la deuda interna de Nicaragua), junto con Daniel Ortega, Humberto Ortega, Tomás Borge y Jaime Wheelock. En su libro La revolución perdida, el sacerdote Ernesto Cardenal (q.e.p.d.) señala que en la época revolucionaria “no había millonarios” en Nicaragua, pero después de la “Piñata” sí había y entre los nuevos millonarios mencionó a Bayardo Arce. Producto de ese robo masivo, Arce obtuvo una casa en El Carmen y otra en Los Robles.
Mafia. Ahora que Bayardo Arce Castaño es perseguido por la dictadura que él mismo ayudó a consolidar y de la cual se benefició económicamente, opositores nicaragüenses invitan desde el exilio a no considerarlo un reo político del matrimonio Ortega Murillo. El popular padre Edwin Román es una de esas voces. “De ideólogo a idiota. Que quede muy claro que no es un preso político, es guerra entre delincuentes que nos han destruido el país. Así son las maras, los cárteles, las bandas criminales, que por venganza y rivalidades se despojan, se encarcelan y se matan entre ellos. Me alegro”, expresó en su cuenta de X el pasado 29 de julio el sacerdote, quien ha sufrido en carne propia la persecución de la dictadura.