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Un sustito
A comienzos de noviembre de 1983 el mundo estuvo a casi nada de un conflicto atómico, pero no se hizo público sino hasta muchos años después, en 2021. El episodio es conocido como War Scare 1983 (el susto de la guerra de 1983) y lo protagonizaron Estados Unidos y la Unión Soviética.
En esos días la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) organizó los ejercicios militares Able Archer (Arquero Capaz). Se trataba de la simulación de un escenario en que los soviéticos invadían Europa occidental y se desataba un conflicto que escalaba hasta llegar a un ataque nuclear de la OTAN contra las fuerzas soviéticas y sus aliados del Pacto de Varsovia.
Eran ejercicios rutinarios, pero la Unión Soviética no los tomó así, pues se mantenía a la espera de un inminente ataque nuclear estadounidense y los simulacros militares parecían la plataforma perfecta para camuflarlo.
El 2 de noviembre los soviéticos ya se hallaban en estado de alerta y preparados para “el uso inmediato de armas nucleares”, aunque esto último se supo semanas después. Los detalles aparecen en un informe elaborado en 1989 por el general estadounidense Leonard H. Perroots, uno de los principales oficiales de Inteligencia del comando de la Fuerzas Aéreas de Estados Unidos durante las maniobras Able Archer, dice la BBC.
La cosa no pasó a más porque en ese momento los estadounidenses desconocían el verdadero alcance de la réplica militar soviética. Recibieron reportes sobre cazabombarderos en posición de alerta y dedujeron que algunos estaban cargando municiones más pesadas que lo habitual, pero no tomaron acciones.
Perroots informó sobre la situación al entonces comandante en jefe de la Fuerza Aérea estadounidense en Europa, general Billy Minter, quien le preguntó si deberían reaccionar ante los preparativos soviéticos. “Le dije que vigilaríamos con cuidado la situación, pero que había evidencia insuficiente para justificar incrementar nuestro estado de alerta”, relató el oficial en el 89.
En ese momento Perroots no lo sabía, pero su respuesta salvó al mundo de un conflicto nuclear. Nadie sabe qué habría pasado si Estados Unidos hubiera iniciado movimientos preventivos en lugar de esperar más información, pero todos podemos imaginarlo.

Un intruso inesperado
El 25 de octubre de 1962 la humanidad la libró por un pelo de oso. Esa noche, luego de una serie de errores desafortunados, aviones estadounidenses cargados con armas nucleares estuvieron a punto de despegar en una pista de Wisconsin.
Minutos antes un guardia en el Centro de Dirección del Sector de Duluth había avistado una silueta oscura que intentaba escalar la cerca perimetral. Luego de dispararle al intruso, el vigía activó la alerta, pues temía que el incidente fuera parte de un ataque soviético mayor.
Las alarmas sonaron en todas las bases aéreas de la zona y, para agravar la situación, en una de ellas alguien presionó el interruptor equivocado. Debido a esto, en lugar de una advertencia de seguridad estándar, los pilotos escucharon una sirena de emergencia y corrieron a sus aviones para unirse a lo que pensaban era la Tercera Guerra Mundial.
En esos días Estados Unidos y la Unión Soviética atravesaban la peligrosa crisis de los misiles en Cuba. Igual que ahora, el mundo entero estaba nervioso porque un solo ataque de cualquiera de esos países desencadenaría una escalada catastrófica.
Por fortuna, este episodio terminó sin agresiones entre humanos, pues la figura que merodeaba cerca de la base de Duluth pertenecía a un oso negro. El error se descubrió a tiempo y un oficial interceptó a los pilotos cuando encendían motores.

Un solo hombre
Mientras controlaban el incidente del oso, otra tensión se vivía cerca de aguas estadounidenses. Fueron días difíciles, con dos potencias jugándose el destino de toda la humanidad, casi igual que hoy.
El 22 de octubre de 1962 el presidente estadounidense John F. Kennedy anunció que se había descubierto una base de misiles nucleares soviéticos en Cuba. La base no estaba en funcionamiento, pero podía estar lista en cualquier momento y disparar misiles desde la corta distancia de 200 kilómetros.
Kennedy informó que se ejecutarían medidas de defensa y se desplegarían tropas y embarcaciones para establecer un cerco naval en torno a Cuba e impedir la llegada de más suministros destinados a la construcción de la base. Moscú respondió poniendo en alerta a su ejército y a todas las naves soviéticas que se hallaban en la zona, algunas equipadas con ojivas nucleares.
El día que pudo terminarse el mundo fue el 27 de octubre. Documentos ahora desclasificados, incluidas las memorias del capitán ruso Vadim Orlov, revelan lo cerca que estuvo el fin.
Orlov se encontraba en el submarino comandado por Valentin Savitsky, que alcanzó una velocidad superior a las embarcaciones de la flota y fue detectado por un acorazado estadounidense. La nave enemiga comenzó a disparar munición no letal con el propósito de que el submarino ascendiera a la superficie, pero la tripulación del B-59 creyó que había iniciado la guerra.
Fue entonces que el capitán Savitsky convocó a un reunión entre los tres oficiales de mayor rango de la flota, detalla un reportaje de la BBC Mundo. Uno de ellos era Vasili Alexandrovich Arkhipov, segundo comandante a bordo y el hombre que salvó al mundo, aunque la gesta le fue reconocida hasta después de su muerte, ocurrida en 1998.
Alterado por el ataque, a Savitsky no se le ocurrió mejor que idea que la de responder con un torpedo nuclear. “¡Vamos a destruirlos ahora! Moriremos, pero los hundiremos a todos; no seremos la vergüenza de la flota”, gritó el capitán, de acuerdo con el relato de Orlov.
Sólo Arkhipov se negó a apoyar la decisión. De no haber sido por él, Savitsky habría obtenido el voto positivo de los tres principales comandantes, lo único que necesitaba para lanzar un ataque nuclear, pues entonces los submarinos soviéticos no requerían la aprobación directa de Moscú. Fue el punto más álgido de la crisis.
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Día agitado
Ese mismo 27 de octubre la Tercera Guerra Mundial casi estalla por otro lado, sobre el Mar de Bering, entre Alaska y Rusia. Un avión de reconocimiento estadounidense U-2 se dirigía al Polo Norte para una misión de muestreo de aire que podría dar pistas sobre las pruebas nucleares soviéticas al norte del Círculo Polar Ártico.
Desorientado por una aurora boreal, el piloto entró al espacio aéreo soviético. Estuvo unos 90 minutos en el área antes de girar hacia el Este, pero ya la Unión Soviética había enviado al menos seis aviones de combate MiG para derribarlo.
Ante la amenaza, el Comando Aéreo Estratégico de Estados Unidos envió varios F-102 Delta Daggers armados con misiles nucleares Falcon aire-aire. Por fortuna estos no se encontraron con los MiG y escoltaron al U-2 de vuelta a Alaska evitando así la guerra.
El misil que no explotó
Apenas un día después de los eventos del 27, a eso de las 9:00 horas, operadores de radar en Moorestown, Nueva Jersey, informaron al Comando Estadounidense de Defensa Aeroespacial (NORAD) sobre un ataque lanzado desde Cuba. El misil soviético ya iba en camino y se esperaba que impactara en cualquier momento cerca de Tampa, Florida.
Los oficiales a cargo se prepararon para lo peor y esperaron, pero la explosión nunca ocurrió. Poco después entendieron lo que había sucedido: una combinación de eventos inesperados que desembocaron en la falsa alarma.
“El radar detectó un satélite que pasaba sobre el horizonte en el mismo momento en que un oficial ponía en el sistema una cinta de prueba para verificar el funcionamiento del radar. La cinta simulaba el lanzamiento de un misil desde Cuba”, relató Philip Nash, experto en la crisis de los misiles y profesor de la Penn State University, entrevistado por Univisión Noticias en 2022.
Para más coincidencia, dijo, el satélite apareció justo en el lugar por el que se esperaba el lanzamiento de un misil desde la isla.

¿Sonda o misil?
El presidente ruso Boris Yeltsin estuvo cerca de lanzar un ataque con su “maletín nuclear”, aparato que contiene el sistema para autorizar el uso de bombas atómicas. Ocurrió el 25 de enero de 1995 y, si se imagina la escena, le parecerá sacada de una película.
Ese día operadores de radar rusos detectaron el lanzamiento de un cohete frente a la costa de Noruega y siguieron su trayectoria con gran inquietud. No sabían hacia dónde se dirigía ni si en realidad representaba un peligro.
Agitado y maletín en manos, el entonces mandatario consultó frenéticamente a sus principales asesores si debía lanzar un contrataque. A último minuto, justo a tiempo de evitar una hecatombe, le confirmaron que el objeto se dirigía al mar y no era una amenaza. Después se supo que ni siquiera era un misil, sino una sonda noruega enviada con fines científicos para investigar la aurora boreal.
El Gobierno de Noruega había anunciado el lanzamiento al menos un mes antes; no obstante, por alguna razón, la información no llegó al sistema de alerta de Rusia.
Error técnico y error humano
También las máquinas pueden fallar. Un día de 1980 cuando William Perry trabajaba como subsecretario de Defensa de Estados Unidos, durante la Administración del presidente Jimmy Carter, un chip defectuoso que costaba menos de un dólar casi causa un holocausto nuclear.
Hacia las 3:00 de la madrugada, relató Perry en 2021 a la BBC, la oficina de vigilancia del comando de Defensa Aérea informó que la computadora había detectado 200 misiles que se dirigían a Estados Unidos desde la Unión Soviética. Por suerte determinaron que era una falsa alarma antes de que el asesor de Seguridad Nacional despertara a Carter para pedirle que decidiera si lanzaría o no las ojivas nucleares.
Un año antes, en noviembre de 1979, experimentaron otra falsa alarma provocada por una falla humana. Por accidente, un técnico colocó en la computadora una cinta de entrenamiento y transmitió los detalles de un lanzamiento de misil muy realista (pero ficticio) a los principales centros de alerta.
Era luz de Luna
El 5 de octubre de 1960 un radar antimisiles soviéticos recién construido en Thule, Groenlandia, avisó que docenas de misiles alcanzarían Estados Unidos en solo 20 minutos, relata el medio digital Business Insider.
El pánico invadió los cuarteles del NORAD en Colorado y la alerta se elevó a la categoría más alta. Sin embargo, los oficiales recordaron que en unos días el primer ministro soviético Nikita Khushshev iba a visitar Nueva York y esperaron más información. Una investigación posterior reveló que el radar había confundido a la Luna saliendo por Noruega con misiles soviéticos.

La apuesta que salvó al mundo
Poco después de la medianoche del 26 de septiembre de 1983, los operadores de satélite en el búnker soviético Serpukhov-15 recibieron una alerta por el lanzamiento de un misil nuclear estadounidense. Pronto detectaron cuatro misiles más.
A principios de ese mes había crecido la tensión entre Estados Unidos y los soviéticos, cuando estos derribaron el vuelo 007 de Korean Air Lines, matando a las 269 personas a bordo, incluido el congresista estadounidense Larry McDonald.
El oficial al mando del búnker, Stanislav Petrov, debía informar a sus superiores sobre los lanzamientos para que se diera una respuesta adecuada, que sería de represalia total.
Pero Petrov decidió no informar a sus superiores. “Todo lo que tenía que hacer era coger el teléfono; levantar la línea directa a nuestros altos comandantes, pero no podía moverme. Sentí como si estuviera sentado en una sartén”, recordaría en 2013.
Petrov analizó que, si Estados Unidos decidía atacar a la Unión Soviética con armas nucleares, seguramente enviaría cientos de misiles y no solo cinco. Sobre la base de este razonamiento, hizo una apuesta arriesgada, y quizás la mayor en la historia de la humanidad, pues no tenía forma de saber si estaba en lo correcto hasta que transcurriera el tiempo proyectado para los impactos.
Pasaron 23 minutos y Petrov confirmó que se trataba de una falsa alarma. Luego se supo que un satélite soviético había confundido con misiles la luz solar que rebotaba en la cima de las nubes. Así de fácil pudo haber empezado una guerra nuclear.