Sesiones de trabajo de la OEA. Foto de archivo tomada de las redes sociales de la OEA

El agotamiento de la diplomacia frente a regímenes totalitarios

La comunidad internacional ya constató que los Ortega Murillo no están dispuestos a resolver, por medios pacíficos, la crisis interna y los conflictos que ha generado.

El aislamiento diplomático autoimpuesto por el régimen Ortega Murillo frente a la comunidad democrática, y el retiro y ofensiva desarrollada contra organismos y agencias internacionales busca en primer lugar, cerrar las puertas a todo intento de incidir o tratar de influenciar contra su deriva totalitaria; y en segundo, evitar testigos incómodos que tomen nota directa para denunciar sus abusos. 

La ruptura con siete instituciones multilaterales del sistema de Naciones Unidas; el retiro de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Corte Centroamericana de Justicia, que es parte del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) y la parálisis que provocaron al obligar al secretario general del SICA de origen nicaragüense a renunciar, bajo su política de que si no lo controlan no permiten que funcione, son decisiones que contribuyen a mantener el escudo totalitario frente a la presión diplomática.  

Puede interesarle: Opositores piden que no se excluya situación de Nicaragua de la Asamblea General de la OEA

El régimen no desea que se repitan los intentos de diálogo y negociación, como los de mayo de 2018 y febrero de 2019, con la Alianza Cívica bajo la mediación, primero de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) y luego de Estados Unidos, la OEA y del Vaticano, cuando firmó acuerdos que nunca cumplió. Tampoco retomó el modelo de diálogo-consenso con el sector privado, mecanismo que eliminó de su nueva Constitución. 

Rechazan la mediación 

El agotamiento de la diplomacia se refleja en el rechazo de mediaciones como las intentadas en diferentes ocasiones por la Secretaría General de la OEA y por el Consejo Permanente que conformaron grupos de países con los que la dictadura se negó a conversar. También, por la decisión de no participar en foros multilaterales y la negativa de recibir a misiones internacionales como las del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh), el Grupo de Expertos en Derechos Humanos para Nicaragua (GHREN), la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Comisión de las Naciones Unidas contra la Tortura (CAT), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y otras comisiones de especialistas de la ONU. 

CIDH Nicaragua. Foto de archivo tomada de internet

La barrera al ejercicio diplomático también incluyó la expulsión o impedimento de ingreso de agencias humanitarias, como la Cruz Roja Internacional, la ruptura de relaciones diplomáticas con Países Bajos y el Vaticano, y la declaración de personas non gratas con la que constantemente amenaza a los diplomáticos acreditados en Managua que se atrevan a emitir cualquier crítica. 

Dejar de lado una conducta de buenas relaciones con los países democráticos y alinearse de forma beligerante con China, Rusia, Irán, Corea del Norte, Venezuela y Cuba, ha llevado a la dictadura a incurrir en actos hostiles o desestabilizadores.  

Entre ellos, el ejercicio de guerra híbrida contra los Estados Unidos mediante la promoción de la migración irregular por vía terrestre usando como puente el Aeropuerto Internacional de Managua, el desarrollo de la violencia transfronteriza contra los opositores, especialmente en Costa Rica, violando su soberanía, y las campañas de desinformación y propaganda contra las democracias, que contribuyen con las estructuras de desestabilización de Rusia, China e Irán. 

No abandonar por completo la diplomacia 

La comunidad internacional ya constató que los Ortega Murillo no están dispuestos a resolver, por medios pacíficos, la crisis interna y los conflictos que ha generado. Eso provocó que la OEA no incluyera la situación de Nicaragua en la agenda de la 55 Asamblea General, a pesar de que continúan vigentes las resoluciones, anteriormente aprobadas, que mandatan dar seguimiento a la crisis a pesar de la salida del país del organismo. 

El desacato de sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) y resoluciones de organismos multilaterales competentes en esta materia, confirman lo inútil de cualquier acercamiento de buena voluntad. 

Lea además: La política del alineamiento beligerante

La dictadura se siente segura y protegida por sus alianzas estratégicas con potencias extracontinentales y está dispuesta a involucrarse en los juegos de poder de esas naciones que, al tener a los Ortega Murillo a su servicio, han ampliado su influencia y control en el continente. Por esa seguridad, le dieron la espalda a los valores éticos y a las normas del derecho internacional, calculando ilusamente que la práctica del poder con sus aliados frente a las democracias les permitirá consolidarse e incluso contribuir a la derrota de las mismas. 

Agotada la diplomacia, la “realpolitik” sólo puede conducir a quienes se sienten amenazados por la política exterior de los Ortega Murillo, a medidas coercitivas o excepcionales. Sin embargo, la Concertación Democrática Nicaragüense (CDN) considera que la diplomacia no debe abandonarse por completo, sino reconfigurarse junto a otras medidas efectivas que protejan a los nicaragüenses frente a una dictadura criminal y salvaguarden la paz en la región, ya que la diplomacia sin un nivel apropiado de presión ya demostró que es inefectiva. 

*Este artículo se publicó originalmente en: www.cdnicaraguense.org 
Usted puede suscribirse a nuestro boletín quincenal aquí 

Política Daniel Ortega Diplomacia Nicaragua archivo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí