De aquí me voy directo al cementerio

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Hablando como siempre en parábolas y dichos rivenses o inventados, mi madre a menudo me decía durante aquellas largas tardes que religiosamente yo la pasaba visitando por su casa en Las Palmas tomándome de la mano como si estuviéramos jalando: “De aquí, voy directo al cemen”… (abreviando cementerio).

Era la esperanza que ella tenía de transitar al final de sus días en un funeral desde su casa en Las Palmas, al Cementerio General de Managua, que dista unas pocas cuadras, donde finalmente iba a descansar para estar al lado de su adorado esposo Pedro Joaquín, quien había hecho el recorrido muchos años atrás.

La frase, que proclamaba con genuina esperanza y resignación cristiana, iba acompañada de un silbidito que hacía mientras subía su mano derecha con el dedo pulgar extendido indicando de manera inequívoca que iba “de viaje”.

Sus deseos no se cumplieron porque el destino quiso que el viaje fuera mucho más largo y que regresara a Costa Rica a pasar sus últimos días bajo la tutela y el amor de sus hijos exiliados, donde por una ironía del destino se fue a reencontrar con su hija María Milagros Chamorro Barrios, fruto del amor de mis padres en el exilio en 1957-1959, fallecida el 25 de abril de 1959.

También descansará en la misma morada con su abuelo Manuel Joaquín Barrios Guerra quien vivió muchos años en Costa Rica. Pero allí descansarán sus restos sólo temporalmente, porque como dijeron mis hermanos Cristiana y Carlos Fernando durante la misa de cuerpo presente en San José, sus restos serán trasladados un día a su Patria cuando Nicaragua vuelva a ser República, junto con los de María Milagros a la tumba donde descansan los restos de mi padre, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y los de su nieto Tolentino Bárcenas Chamorro. Hasta entonces concluirá el viaje de Las Palmas al “cemen”.

Mi madre decía a menudo que deseaba que algún día los restos de María Milagros Chamorro Barrios —su quinto hijo, que vivió apenas unas pocas horas— fueran trasladados a Managua junto a los de mi padre, pero por esas ironías del destino, el corto viaje de Las Palmas al “cemen” se transformó en un largo periplo que la llevó nuevamente a San José donde pasó sus últimos días.

Es también el largo viaje que nos ha tocado emprender a todos los nicaragüenses en busca de la evasiva “tierra prometida” donde al fin podamos vivir en paz, libertad y democracia como lo logramos durante un breve respiro democrático cuando mi madre demostró, como dijo Cristiana en la misa, que se puede lograr.

Sí se puede y se logró, pero lamentablemente todo fue revertido y hemos comenzado de nuevo de cero, pero sabemos que es posible. Ese período comenzó con mi madre y finalizó con don Enrique Bolaños quien por una casualidad del destino falleció también un 14 de junio, cuatro años atrás.

Para llegar a la “tierra prometida” es necesario recordar las cualidades humanas que caracterizaron a mi madre: su sencillez auténtica, honradez a toda prueba, respeto a los derechos humanos, respeto a la voluntad soberana del pueblo en elecciones libres, no continuismo ni reelección presidencial, poderes del Estado independientes, respeto y promoción de la libertad de expresión y de prensa, tolerancia y humildad.

Todos estos valores son la antítesis de los antivalores que sostienen a la dictadura actual, por lo que el camino hacia la República es largo y sinuoso, pero indefectiblemente nos conduce a la “tierra prometida”, la misma que soñaron nuestros héroes y mártires, la misma que sueñan los miles de exiliados, los perseguidos, los desnacionalizados y los presos políticos.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia” y es hijo de la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro.

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