El presidente de la Agencia FE, Miguel Ángel Oliver, interviene en los Premios Internacionales Rey de España de Periodismo organizados por la Agencia EFE y la Agencia Española de Cooperación Internacional celebrados este miércoles en Madrid. EFE/ Ballesteros

Discurso del presidente de EFE en entrega de premio a LA PRENSA

Esta fue la intervención de Miguel Ángel Oliver, presidente de EFE, durante la ceremonia de los Premios Rey de España

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Majestades 

Presidenta del Congreso de los Diputados,  

Ministro de Presidencia y Justicia, 

Ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, 

Secretario General Iberoamericano, Presidente de la Asamblea de Madrid, secretaria de estado de Cooperación Internacional, director de la Casa de América, resto de autoridades, amigas y amigos. 

Lo primero que quiero hacer es agradecer la presencia en esta ceremonia de todos ustedes. Es un acto de reconocimiento del mejor periodismo iberoamericano y eso, en el actual contexto internacional, son palabras mayores.  

Pero permítanme detenerme en un agradecimiento muy especial.  

Señor, desde su alta responsabilidad, no ha dejado de presidir este acto desde su proclamación como rey de España en junio de 2014. La primera vez que lo hizo fue en mayo de 2015, en una ceremonia inolvidable a la que acudió con la reina. El apoyo de la Corona a estos premios lo lleva EFE en el corazón. 

Señora, no sabe cuánto agradecemos hoy nuevamente su presencia. Cuando usted estaba en el último curso de Periodismo, trabajó en el área de información internacional de la agencia EFE. Para nosotros, es un gran honor que nos acompañe y que hoy vaya a entregar, junto al rey, estos galardones y, de manera muy particular, el Premio EFE, que distinguirá a grandes profesionales de nuestro equipo. En esta ocasión, a quienes cubrieron las terribles inundaciones ocurridas en el este y sureste español el año pasado. Las consecuencias en Valencia y en varios pueblos castellano-manchegos fueron dramáticas. 

En los últimos días se han acelerado muchos acontecimientos. Y algunos de ellos nos han colocado ante el sentido del deber del periodismo. Cuando eso acontece, los periodistas miramos alrededor para abrazarnos a referentes éticos y deontológicos. 

En una velada como la de hoy, en la que van a ser reconocidos auténticos baluartes de la libertad de prensa, tengo que hablarles, por la cercanía de su despedida, de dos de esos ejemplos. 

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Sebastiao Salgado falleció el pasado 23 de mayo. Hace menos de un mes, la conciencia de la humanidad sufrió un gran mazazo con la muerte de este fotoperiodista, retratista del mundo y de los necesitados, los miserables; el ojo del planeta y de sus duelos medioambientales… Salgado recibió entre otros galardones el premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1998 y el premio Rey de España de Fotografía, diez años antes, en 1988. 

La influencia de Sebastiao es indudable en todos nosotros. Hoy resulta una coincidencia conmovedora que el premio internacional Rey de España de fotografía lo vaya a recibir otro fotoperiodista brasileño, como él, con un trabajo de indudable influencia de Salgado: los recicladores, integrantes de la larga lista de los desamparados. 

Y hace apenas unos días ha muerto, a los 95 años, Violeta Barrios de Chamorro. Ayer mismo la enterraban. Doña Violeta fue presidenta de Nicaragua, pero mucho antes asumió la dirección del Diario LA PRENSA, el casi centenario decano de los periódicos nicaragüenses, después de que su marido, Pedro Joaquín Chamorro, fuese asesinado en 1978 por el régimen de  Somoza.  

Doña Violeta y la familia Chamorro han representado a lo largo de las décadas la lucha por la libertad frente a la tiranía. Y lo han hecho pagando los precios más altos: han pagado con la vida, con quebrantos familiares de todo tipo, incluso la división, y en los últimos años, con el exilio. Violeta Barrios de Chamorro murió el pasado sábado en San José, capital de  Costa Rica, en brazos de sus hijos exiliados, expulsados por un régimen que los persigue implacablemente y que les niega algo tan íntimo como su nacionalidad.  

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Hoy todos los periodistas de LA PRENSA trabajan desde el exilio costarricense, sin abandonar ni un segundo su compromiso con el periodismo y la democracia. 

En EFE también sentimos el aliento de los regímenes totalitarios; nuestros periodistas también sufren el exilio, el acoso y la desnacionalización. Por eso hoy es un orgullo reconocer, como han hecho otras altas instituciones internacionales, al Diario LA PRENSA… y hacerlo al calor emocional de la pérdida tan reciente de la matriarca de los Chamorro. 

Invocando su nombre, y el de Sebastiao Salgado, esta tarde apelo a ese enorme ejército de libertad y democracia que es el periodismo; en concreto, el periodismo iberoamericano. 

En este acto, es perceptible el clamor contra la opresión y la violencia y la distinción moral entre el bien y el mal.  Los Premios Internacionales Rey de España reconocen esta tarde, aquí, en la Casa de América, la libertad de expresión y de prensa, allá donde está amenazada; la mirada a los desprotegidos; el valor del periodismo colectivo y transfronterizo; la figura de la mujer moderna o la lucha por nuestros recursos naturales y por la sostenibilidad del planeta y de los seres que lo habitan. 

Gracias, compañeras y compañeros, por unir vuestras fuerzas y demostrar tanto coraje para hacer más extensa y profunda vuestra voz. 

La palabra nos hace humanos y la privación de la palabra es el más grosero método de deshumanización que existe. Silenciando a los vulnerables, a los débiles, a los migrantes, a los agredidos, lo que persiguen los opresores es embrutecer a sus víctimas, y convertir a la sociedad en cómplice.  

Los medios de comunicación, y entre ellos, las agencias de información, tenemos una misión: no permitirlo. 

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Leyendo, viendo y escuchando vuestros trabajos nadie podrá decir “yo no sabía”. Aplicada a nuestra profesión la filosofía de Immanuel Kant sobre el deber y la deontología, nos habéis recordado que tenemos la obligación moral de actuar de acuerdo a unos principios éticos, independientemente de las consecuencias o de los deseos personales. Y muchas veces las consecuencias han sido duras para vosotros y vuestros seres queridos. 

Gracias por vuestro ejemplo. En él nos inspiramos y se inspirarán futuras generaciones de esta profesión eterna e imprescindible: el periodismo. 

Muchas gracias. 

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