Que regresen los muchachos, terminó la guerra

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Nicaragüenses, a pesar que el dolor de la guerra aún resuena en nuestra generación, no hay mejor manera de homenajear a doña Violeta Barrios de Chamorro que agradeciendo su legado, gracias a su esfuerzo y el de miles de nicaragüenses que le votaron hoy esa guerra es solo un recuerdo, una herida en la memoria.

En el título de este artículo resuena una frase que tantas madres recuerdan con el corazón desgarrado, pero con la alegría del final de una etapa sangrienta, el llanto por sus hijos, enviados a una guerra innecesaria y cruel, donde el futuro de nuestra juventud fue decidido en una mesa de guerra por una cúpula sandinista vestida de verde olivo, que comenzó a desangrar la esperanza de Nicaragua: su juventud.

En nombre de la defensa revolucionaria se entregó un fusil a adolescentes inexpertos, obligándolos a asesinar a sus propios hermanos. Y del otro lado, una milicia campesina apodada “la Contra” se alzó con la bandera de la libertad, pero también fue consumida por el monstruo de la guerra. En su lucha, también se cometieron actos que desgarraron el alma de la nación. Porque así son las guerras, nunca dejan vencedores reales. Lo único que triunfa es el odio, el rencor y la muerte.

Estos flagelos cesaron tras una victoria histórica de las fuerzas democráticas de Nicaragua, unidas en una plataforma impensable, la Unión Nacional Opositora. Con rostro de mujer y alma de madre, fue liderada por doña Violeta Barrios, viuda de nuestro Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro. Le tocó asumir, con amor y firmeza, las circunstancias de un país sumido en el llanto y el dolor. Nuestra primera presidenta encarnó el valor y el compromiso con la patria, pero también la esperanza de un país que renació de las cenizas de la guerra y del llanto de cada madre.

Ese llanto, que aún resuena en nuestra Nicaragua, donde las madres despiden a sus hijos obligados a huir por causa de la represión, sigue recordándonos cuánto nos falta por conquistar.

Doña Violeta nos deja el legado más grande que puede tener una nación, la esperanza de que sí es posible alcanzar la paz y la reconciliación en una patria secuestrada por la tiranía. Como bien lo dijo ella misma, nuestra presidenta de la democracia, de la paz y de la reconciliación nacional:

“No puede haber Nicaragua sin libertad, porque el alma y razón de ser de Nicaragua es la libertad”.

Doña Violeta: hoy le decimos que esta juventud, nuestra juventud, a quien usted le heredó la paz, está dispuesta a asumir y cumplir su promesa de que ¡Nicaragua volverá a ser República!

El autor es politólogo, coordinador de AcciónU y director del Centro de Acción para la Libertad. Impulsor de iniciativas por la democracia, los derechos humanos y la defensa de una educación libre en Nicaragua y América Latina.

Opinión legado Nicaragua Violeta Barrios de Chamorro archivo
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