El culto a la personalidad, el servilismo arrastrado, siempre ha sido una característica esencial en todas las dictaduras del mundo y quizás el ejemplo más notorio en el siglo XXI sea el de Corea del Norte, pero Nicaragua no se queda atrás y ha logrado recientemente un “empate” con esta nación asiática totalitaria, gracias a la creatividad en la materia de “servilismo” de la Universidad de Ingeniería (UNI) y a la pluma arrastrada de Stalin Vladimir Centeno.
En ocasión del Día del Niño, la UNI ha reproducido íntegramente un artículo de 4 páginas con foto del nieto de 2 años de la pareja dictatorial, Camilo Noé Daniel Salas Ortega, en un ánimo no disimulado de complacer a los codictadores exaltando la figura de su nieto, de quien afirma poseer, entre otros atributos, que “no es un niño más. Es hijo del amor, del pueblo, de la historia viva. Llegó al mundo en el seno de una familia que no sólo ha dado la vida por Nicaragua, sino que la ha llenado de luz, dignidad y futuro. Su madre es la compañera Camila Ortega Murillo, su padre es el joven Noé Salas Cisneros. Y sus abuelos, los pilares del alma nacional: la Compañera Rosario Murillo, Copresidenta de Nicaragua, y el Comandante Daniel Ortega, Copresidente de Nicaragua”.
De allí en adelante, el panegírico se deshace en enumerar los atributos del niño que siempre está presente en los actos oficiales: “Mira directo al lente, las cámaras comenzaron a seguirlo, posa, se ríe, levanta las manos, las redes lo adoran, se vuelve viral sin esfuerzo, los reporteros gráficos lo buscan, los canales lo enfocan, y el pueblo lo reconoce: ¡Mirá qué bonito el nietecito de la Compañera Rosario”.
El mensaje subliminal que queda luego de leerlo todo es que hay dinastía en Nicaragua, al menos para tres generaciones.
El panegírico de la Universidad de Ingeniería reproduciendo el artículo de opinión del cepillo, como les decían en el colegio a los aduladores de los profesores, me trajo a la memoria un memorable telegrama dirigido al general de División, Anastasio Somoza Debayle, publicado en primera página de LA PRENSA el 12 de agosto de 1974, que mi padre atesoraba enmarcado en la oficina de su casa en Las Palmas y que yo aún conservo.
Después de enumerar todos los títulos que le atribuían al dictador y los que poseía en sus negocios particulares, bajo la sombra del Estado, el telegrama le cita las siguientes calidades y cualidades tomadas de su diario Novedades, que bien podrían ser retomadas y actualizadas por los plumíferos de la dictadura. Los cito textualmente como “una lluvia de ideas”:
“Líder, conductor, prócer, jefe, abanderado, inspirado, guía, benefactor, insigne, salvador, jefe supremo, líder único, árbitro, justiciero, prudente como Néstor, justo, comandante, comandante supremo, General en Jefe, el Tayacán, magnánimo, generoso, dadivoso, benemérito, excelentísimo, inteligente, juez predestinado, luz, preclaro, clara inteligencia, west pointiano, estratega, esclarecido, escogido, organizador, protector, mecenas, culto, consuelo de los afligidos, estadista, lumbrera, estadístico, vencedor pacificador, espada, victorioso, bienhechor, norte, brillante, estrella polar, estrella de la mañana, fuerte personalidad, hábil, fabuloso, magnetismo, refulgente, benemeritísimo, 10 veces benemeritísimo, político genial, genio, restaurador, emancipador, libertador, idealista, liberal, hombre de ciencia, ingeniero, ingeniero militar, timonel, piloto, capitán, director industrial, estrella propiciatoria, guía indiscutible, bastión, baluarte, fortaleza, faro, chiefe, el hombre, paladín patriota, salvador de la República, gigante, primer obrero, primer taxista (y todos los primeros habidos y por haber), sacrificado por su pueblo, abnegado, sufrido, gran elector, el grande, el talentoso, vasta preparación, doctor honoris causa, licenciado ad honorem, jefe de jefes, jefe indiscutido, amigo valioso de los Estados Unidos, sostén de la democracia, sostén de América Latina y gran amigo de Nixon”.
El telegrama enumeraba pacientemente con fino humor todos los atributos que los plumíferos de la época le habían atribuido al dictador Anastasio Somoza Debayle en su diario Novedades, desde su ascenso al poder, hasta la publicación del telegrama en la primera página de LA PRENSA, que por cierto fue publicado sin censura y sin represalias ni para el Diario, ni para quienes lo suscribieron.
Al final, los firmantes le solicitaban a Somoza “que en nombre de cualquiera de esas calidades o cualidades suyas haga algo para que no sigan subiendo los precios de los artículos de consumo, y también para que llueva”, en vista de la dura sequía prevaleciente en aquella época. “Somos sus obsecuentes servidores, todos obreros de esta ciudad de Managua. Antonio García, F. Cruz y H. Martínez L.”
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos Heredados” y “Un cauce hacia la democracia”