Las voces de los sacerdotes

     En el contexto del séptimo aniversario de la matanza del Día de las Madres, algunos sacerdotes católicos alzaron sus voces para condenar a la dictadura y clamar por la libertad del pueblo nicaragüense.

     Aquel trágico 30 de mayo de 2018, diecinueve personas fueron asesinadas por la dictadura durante las manifestaciones pacíficas realizadas ese día, en solidaridad con las madres cuyos hijos habían muerto por la represión en las dos semanas previas.

     Este 30 de mayo de 2025, el padre Rafael Aragón, de origen español, pero nacionalizado nicaragüense, ofició una misa en memoria de las víctimas de aquella terrible masacre. El servicio religioso fue en la parroquia de San Isidro Labrador, del cantón Vázquez de Coronado, provincia de San José de Costa Rica.

El padre Aragón sirvió en Nicaragua durante 46 años, particularmente en las parroquias de Monseñor Lezcano y San Judas, en Managua. En los años 80 apoyó a la Revolución, pero después se decepcionó del sandinismo. No se convirtió en activista político porque es un sacerdote, pero en sus homilías criticaba las injusticias y arbitrariedades notorias. Por eso, en 2023 el régimen no le permitió regresar al país después de un viaje al exterior.

En su homilía del recién pasado Día de las Madres en Nicaragua (en Costa Rica se celebra el 15 de agosto), el padre Aragón fustigó a la dictadura por sus crímenes contra el pueblo nicaragüense. Inclusive aludió personalmente a Rosario Murillo, al decir: «¿Cómo una mujer puede promover el odio y la venganza contra gente de su propio entorno y llenarse la boca de discursos de amor y paz todos los días? Toca a Dios con las manos sucias», sentenció el sacerdote dominico con sagrada indignación.

Por otra parte, en la misa del domingo pasado de la iglesia de Santa Ágata, en Miami, el sacerdote de origen nicaragüense, Marcos Somarriba, exhortó emotivamente a los católicos de Nicaragua a “romper el silencio… a denunciar la injusticia, a continuar denunciando todo atropello, toda mentira y violencia que acecha al ser humano…”

También en Miami, el sábado 31 de mayo, el sacerdote nicaragüense exiliado en Estados Unidos (EE. UU.), Enrique Benito Martínez, presidió una reunión de 25 personas que dijeron representar a más de 40 organizaciones sociales y políticas del exilio. Su objetivo, según dijeron, es regresar al país para instaurar un gobierno provisional y conducir una transición democrática en Nicaragua.

Asimismo, fue una noticia de impacto la participación del obispo de Matagalpa desterrado y exiliado en Roma, monseñor Rolando Álvarez, en la misa concelebrada que presidió el papa León XIV el 25 de mayo pasado, en la Basílica romana de San Juan de Letrán. Lo cual se interpretó como una muestra de respaldo personal a monseñor Álvarez.

Esos hechos han motivado a no pocas personas a creer y opinar que el Vaticano podría haber puesto fin a la política de silencio sobre Nicaragua. Podría ser. A veces la Iglesia católica se manifiesta mediante actos que conllevan mensajes subliminales.

La verdad es que desde que comenzó la persecución contra la Iglesia en Nicaragua ha habido sacerdotes y obispos que desde otros países la repudian. Sin embargo, desde que en marzo de 2023 el difunto papa Francisco dijo que el régimen de Ortega y Murillo “es como las dictaduras comunistas o hitlerianas, grosera… una dictadura guaranga” —y por eso la dictadura recrudeció la represión contra la Iglesia—, esta institucionalmente ha guardado un prudente silencio. Seguramente para no empeorar las cosas o no malograr cualquier posibilidad de mejorarlas.

Hasta ahora el nuevo papa, León XIV, no ha dicho nada sobre Nicaragua. Hay que esperar para conocer lo que él piensa de este país donde su Iglesia es perseguida y golpeada brutalmente.

Editorial
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