El filósofo político, periodista y escritor francés, Guy Sorman, dice que la izquierda en todas partes del mundo tiene la tendencia a gritar, cuando la derecha está en el poder, que la democracia está en peligro y puede llegar a su fin.
Es lo que ocurre actualmente en Estados Unidos (EE. UU.) y Argentina, para mencionar los dos casos más representativos donde una derecha que puede ser calificada como “dura” está ejerciendo el poder.
Pero igual ocurre en la situación contraria, o sea cuando la izquierda está en el poder. Nos referimos en este caso a la izquierda “civilizada” que gobierna en el marco de las instituciones democráticas, como en Chile, Uruguay y Colombia, y no trata de abolirlas para imponer un régimen totalitario como en Nicaragua y Venezuela.
Con el gobierno de Donald Trump en EE. UU. se libran actualmente grandes y ruidosas batallas políticas y culturales, alrededor de temas como la inmigración, los derechos de quienes pertenecen a identidades sociales minoritarias, la orientación de la educación universitaria, las políticas arancelarias y, como gran trasfondo, el enfrentamiento del Ejecutivo con el poder judicial.
Dice Sorman, quien vive en un pequeño pueblo en el interior de EE. UU., que estas batallas políticas y culturales serán decididas finalmente por los ciudadanos que votarán en las elecciones venideras, las legislativas de medio término el próximo año y las presidenciales de 2028. Y las decidirán de conformidad con la evolución de la economía pequeña, la que afecta directamente a las familias y la gente común en general.
Para el bien informado y agudo observador francés radicado en EE. UU., la democracia estadounidense siempre ha sufrido embates, pero ha sobrevivido porque las instituciones democráticas están profundamente enraizadas.
Al respecto cabe mencionar que el próximo año se cumplirán 250 años de la Independencia Nacional de los EE. UU., que permitió el nacimiento de la democracia más antigua, arraigada, sólida y perdurable de la época moderna. “No creo que Trump destruya la democracia —asegura Guy Sorman—. No tendrá tiempo. Él se destruirá a sí mismo ante todo por el absurdo de una política que perjudica a sus propios votantes por encima de todo”.
La fortaleza de la democracia estadounidense, su resiliencia, según el analista político francés, se debe sobre todo a la independencia judicial, “porque en momentos clave de su historia, el criterio independiente y la autónoma perspectiva de mujeres y hombres del derecho evitó la concentración de poder”.
Por supuesto que nada en este mundo es eterno y la democracia estadounidense tampoco lo puede ser. Pero sigue vigente la sentencia de Winston Churchill de que “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. Y hasta ahora no se ha inventado un sistema de gobierno mejor que la democracia y está muy lejos de que pueda ser inventado.
Pero a los nicaragüenses, ¿qué les puede importar lo que está pasando en EE. UU.? Pues sí que les debe importar, y mucho, no porque Trump o Marco Rubio vendrán a salvarlos de la dictadura, que no lo harán, sino por la influencia política que ejerce la democracia de EE. UU. en la región. Una influencia que por ahora está en entredicho debido al grosero autoritarismo de Trump, pero afortunadamente este es transitorio como certeramente lo advierte Guy Sorman.