Este lunes 26 de mayo terminó el mandato de Luis Almagro como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). Experimentado político y diplomático, Almagro ejerció el cargo interamericano durante dos períodos de cinco años, desde 2015 hasta 2025.
El mismo día tomó posesión el nuevo secretario general de la OEA, Albert Ramdin, un sobrio diplomático de carrera que viene a ser la primera persona de los países caribeños, no hispanoamericanos, elegido para desempeñar esa alta responsabilidad hemisférica.
Como todas las personas que se dedican o se han dedicado al servicio público, nacional o internacional, Almagro ha sido criticado por unos y elogiado por otros por su desempeño como secretario general de la OEA. Pero su actuación durante la crisis sociopolítica y de derechos humanos de Nicaragua, que estalló en 2018 y no termina hasta ahora, fue muy positiva.
Almagro denunció de manera enérgica y sistemática la brutal represión contra las protestas sociales y la demanda nacional de libertad y democracia, que dejó centenares de muertos y heridos.
Promovió la creación del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que junto con una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) documentó los crímenes contra la humanidad cometidos por la dictadura.
Después promovió y apoyó al Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (Meseni), creado por la CIDH para seguir observando y denunciando las violaciones masivas a los derechos humanos en el país.
Solicitó la aplicación del Artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana, que autoriza a la OEA a actuar en todo lo que le sea posible cuando hay graves alteraciones del orden constitucional en alguno de los Estados miembros.
Alentó sistemáticamente las discusiones sobre la situación de Nicaragua en el Consejo Permanente de la OEA, para ejercer presión sobre la dictadura de Ortega y Murillo.
Denunció la farsa electoral de 2021 que se realizó con todos los precandidatos presidenciales de la oposición encarcelados. Y promovió la declaración de la OEA de que aquellas “elecciones” no fueron legítimas.
Cuando la dictadura sacó a Nicaragua de la OEA para evitar que la siguiera denunciando y presionando, Almagro declaró que el retiro no eximía al régimen de Nicaragua de sus obligaciones internacionales en materia de respeto a los derechos humanos.
En fin, en su condición de secretario general de la OEA, Almagro fue un crítico firme y permanente de la dictadura de Nicaragua, abogando por el pueblo nicaragüense y proponiendo medidas diplomáticas y políticas para tratar de abrir vías de solución democrática de la crisis nicaragüense.
Ahora debemos decir con franqueza que no esperamos lo mismo del nuevo secretario general de la OEA. Como ha opinado editorialmente el periódico El Nacional, de Venezuela, Ramdin “dista de ser el más fervoroso defensor de la democracia y de los derechos humanos. En sus declaraciones durante el proceso electoral interno de la organización, con pocas referencias a los temas fundamentales que interesan a la región, dio prioridad al principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados, una concepción más rígida de sus funciones, en contraposición con la defensa de la democracia y los derechos humanos como entidades superiores”.
Al asumir el cargo de secretario general de la OEA este lunes 26 de mayo, Ramdin emitió una declaración cargada de hermosa retórica diplomática americanista. Pero sin hacer referencia a los graves problemas que afronta el sistema interamericano. Sobre todo, la ausencia total de libertad y democracia en países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, y el grave deterioro del sistema democrático en otros, incluyendo a Estados Unidos.
Seguramente los líderes de la dictadura de Nicaragua estarán tranquilos porque ya no habrá un secretario general de la OEA que los fastidie con sus denuncias por las violaciones a los derechos humanos y la falta de libertad y democracia. Y los nicaragüenses democráticos ya no tendrán en la OEA un lugar a donde acudir en busca de comprensión y apoyo, así sólo fuese político y moral. Ojalá que estemos equivocados.