La semana pasada muchas personas que adversan a la dictadura de Nicaragua, y anhelan su caída, se entretuvieron especulando sobre la salud de Daniel Ortega, quien cifra ya la edad de 79 años, y un posible desenlace fatal.
Algunos hasta dieron por muerto al dictador y aseguraron que lo sabían “de buena fuente”, cual es la etiqueta que habitualmente se pone a las especulaciones políticas para tratar de que sean lo más creíbles posible.
Obviamente, las especulaciones sobre la supuesta muerte de Ortega se centraron en la situación que se podría crear con la sucesión del poder dictatorial. Lo que, en realidad, al menos teóricamente no sería un problema porque la dictadura ya previó esa situación y creó la figura institucional de la copresidencia. A Daniel Ortega lo sustituiría Rosario Murillo y en caso de que falten los dos los sucederían sus hijos preferidos
Pero las especulaciones sobre la supuesta muerte de Ortega fueron desmentidas por la realidad el sábado 24 de mayo por la noche, cuando el dictador apareció en un acto público oficial por la entrega de autobuses donados por el Gobierno de China comunista a Nicaragua. Los que presumen de ser expertos en la apariencia de las personas dijeron que a Ortega se le vio muy desmejorado, caminando con más dificultad que la acostumbrada en un anciano como él. Lo cual indica, según tales observadores, que el dictador nicaragüense estaba saliendo difícilmente de alguna gravedad física.
Ahora bien, lo que dice la historia sobre los dictadores y tiranos que han muerto por causa de alguna enfermedad, es que con esto no necesariamente se crea una crisis de sucesión en el poder.
El recordado periodista y escritor democrático cubano, Carlos Alberto Montaner, calificó como “una melancólica solución biológica” la sucesión en el poder de los dictadores que mueren en sus camas por causa natural.
La “solución melancólica” se produce —escribió Montaner en un artículo publicado en enero de 2010—, cuando la oposición democrática ha sido “incapaz de arrebatar el poder a la dictadura o de cambiar sustancialmente el sistema”. Y mencionaba como ejemplo a España, donde la oposición “se resignó a esperar por la muerte de Francisco Franco” para que se diera la transición democrática.
Pero por supuesto que Montaner se refirió también a su querida Cuba natal. Con ironía política dijo que allí al parecer se debía esperar a que Fidel Castro tuviera “la esperada cortesía de morirse”. Y auguró que luego Raúl Castro, como un “buen discípulo” que era de su hermano Fidel, debía “seguirle los pasos educadamente”.
Aquello escrito por Montaner fue como una predicción. El tirano Fidel Castro, cuando sintió que su avanzada edad y graves enfermedades no le permitían seguir ejerciendo el poder dictatorial de manera adecuada, renunció en febrero de 2008 y le pasó el mando a su hermano, Raúl, quien para entonces tenía 77 años. Diez años después Raúl Castro también renunció formalmente al poder, pero como no tenía un familiar apropiado y designado para entregárselo, se lo pasó a un camarada de mucha confianza, Miguel Díaz-Canel, quien al menos de manera formal lo detenta hasta ahora.
Casos ha habido también en que la sucesión del poder no fue prevista y arreglada antes de la muerte del dictador, por lo que sobrevino una crisis de sucesión. Otras veces el dictador era el único que podía garantizar la continuidad de la dictadura, y en algunos más el sistema de poder se había agotado y no daba para más tiempo. En tales situaciones la súbita desaparición del dictador motivó fuertes presiones internacionales y poderosas movilizaciones sociales internas, que terminaron por forzar el cambio político.
Se sabe que la historia y la política son ciencias y así deben de ser manejadas. Pero son ciencias sociales, no de precisión exacta como las físicas y matemáticas. De manera que el curso de los procesos históricos y políticos, y sus desenlaces, dependen de factores humanos, de la acción de las personas y las asociaciones de masas.
En consecuencia, en una dictadura la clave radica en que la oposición democrática, aunque no necesariamente tiene que ser de masas, sin embargo, debe estar bien organizada dentro del país, tener una buena conexión con la gente y mucha capacidad de aprovechamiento de las redes sociales. Y sobre todo, que su dirigencia tenga la capacidad de actuar oportunamente, y de la manera más correcta posible, ante cualquier situación y eventualidad que de repente se presente.