Este domingo 25 de mayo habrá en Venezuela elecciones de diputados nacionales y de gobernadores y legisladores estatales, las que además de carecer de credibilidad se realizan en un ambiente de cruda represión.
Precisamente en los días previos a las votaciones han sido arrestadas más de setenta personas, a las que el régimen acusa de que pretendían sabotear de manera violenta las elecciones. Esto, a pesar de que la líder opositora, María Corina Machado, en el llamado a la abstención que hizo desde la clandestinidad aclaró que esta convocatoria no era para realizar sabotajes de las votaciones, sino sólo para no votar.
Por otra parte, las votaciones del próximo domingo tienen la singularidad de que en ellas se elegirá también a un gobernador y varios diputados representantes del Esequibo, una región rica en petróleo y minerales estratégicos que es administrada por Guyana, pero Venezuela la reclama como propia.
Los habitantes del Esequibo no votarán, porque la autoridad soberana que ellos reconocen es la de Guyana, no la de Venezuela. Además, quienes supuestamente resulten electos como representantes del Esequibo no tendrán ninguna función, serán simbólicos. El litigio está pendiente de ser resuelto por la Corte Internacional de Justicia, pero el régimen de Venezuela le niega competencia y pretende anexarse el Esequibo por las vías de hecho. Pero esta es otra historia.
Aparte de este conflicto soberano las votaciones del 25 de mayo han vuelto a dividir a la oposición venezolana porque una parte de ella llamó a la abstención y otra decidió participar. Los que decidieron participar alegan que abstenerse es no hacer nada, y que se debe desafiar a la dictadura donde todavía es posible, o sea en las urnas, aunque no haya posibilidad de derrotarla.
Mencionan también la necesidad e importancia de obtener cargos que permitan cuestionar institucionalmente a la dictadura, así como arrancarle concesiones o, por lo menos, preservar los espacios que todavía quedan en el país. Y agregan que con la abstención Venezuela podría caer en una situación como la de Nicaragua, donde no existe ninguna posibilidad de hacer oposición abierta ni de llevar el mensaje democrático a la gente.
Como suele ocurrir en estos casos, quienes decidieron participar en las votaciones del 25 de mayo son calificados como vendidos, cobardes o sometidos a la dictadura chavista. Lo cual podría ser cierto en algunos casos, en parte, pero tampoco se puede negar que no todos los que han llamado a participar lo hacen por esas razones miserables, que hay quienes real y sinceramente tienen la convicción de que es peor abstenerse y no hacer nada.
Al respecto el reconocido doctrinario político y democrático chileno e internacional, Fernando Mires, quien le da minucioso seguimiento a la problemática política venezolana, ha señalado que es un error de los abstencionistas atacar a los que decidieron participar, pues con eso lo único que han logrado es romper la unidad opositora que con muchos esfuerzos se había podido lograr.
“El domingo será el día de la abstención y la dictadura —tuiteó Mires—. Unidos jamás serán vencidos. Esta historia no termina aquí, pero costará sacar adelante un país que vive entre las desesperanzas y las esperanzas vacías. Al menos los que votan han dado un breve paso adelante…”
Por su parte el emblemático periódico venezolano El Nacional, que como LA PRENSA de Nicaragua también fue confiscado por la dictadura y ahora se edita en el exilio, al editorializar sobre las elecciones del 25 de mayo no toma partido por ninguno de los dos bandos opositores. Más bien, con la debida profesionalidad periodística presentó la situación tal como es, señaló las razones para no confiar en estas elecciones, pero respetó la decisión tanto de los que llamaron a la abstención como de los que convocaron a participar.
En realidad, los ciudadanos venezolanos tienen la inteligencia, conciencia y experiencia política necesarias para tomar la decisión que mejor les parezca. Y como dice Fernando Mires, de todas maneras la dictadura va a permanecer y lo más importante debía ser preservar la unidad opositora con vistas a librar las futuras batallas decisivas con más fortaleza y capacidad de abrir el camino a la transición democrática.