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Junto a su voz privilegiada, Eduardo Ortega tiene una personalidad agradable y carismática. Es amable y servicial. Sonríe casi siempre, aunque la vida no le sonrió a menudo en sus inicios. A sus tres años sus padres se divorciaron y le tocó cambiar los juegos infantiles por trabajos duros para ayudar en la economía familiar.
Sin embargo, “ahora parece una estrella de rock”, escribe Kevin Acee del San Diego Union Tribune. Es la voz en español de los Padres de San Diego desde hace 39 años, con múltiples reconocimientos, homenajes y nominaciones al Salón de la Fama de Cooperstown, pero su esencia es la misma de aquel chavalo de un barrio de Tijuana.
“Nosotros vivíamos del otro lado de la frontera, pero la cercanía con San Diego hizo que nos vinculáramos con el equipo y trabajar para los Padres ha sido para mí un sueño hecho realidad”, señala Ortega, quien luego de fallar en su pretensión de ser pelotero, usó su voz para mantener su vínculo con el beisbol, deporte que promueve a través del micrófono.
Además de narrar al aire libre los juegos de sus compañeros de clase, su voz pronto lo llevó a desempeñarse como maestro de ceremonia en graduaciones locales a sus 12 años, antes de incursionar en las narraciones de boxeo, beisbol, corridas de toros y lucha libre. Pasó después a describir los partidos de los Potros de Tijuana y de ahí a San Diego.
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“Dave Winfield acostumbraba a compartir sus riquezas generadas en el beisbol con los niños más desfavorecidos de un lado y otro de la frontera. Y un día yo fui uno de esos niños que asistió a ver un partido de los Padres. Ya cuando era locutor, le agradecí a Winfield porque aquel detalle hizo que mi vínculo con el juego fuera más fuerte”, recuerda.
La voz de Eduardo Ortega se hizo más conocida. Además de narrar para los Padres, también fue contratado por la CBS y ESPN Radio para las transmisiones en español de Juegos de Estrellas y la postemporada. Pero a pesar del éxito, había alguien muy especial que no lo podía escuchar: su madre, Amparo Díaz, sorda desde que tenía 14 años.
“Mi madre me escribió una nota que decía: ‘tus hermanos me dicen que hay una voz hermosa en la radio. Yo siempre la voy a escuchar con el corazón’. Eso me puso muy emocionado porque siempre quise que ella se sintiera orgullosa de lo que yo hacía”, dijo Ortega al historiador Curt Smith, pero el sentimiento trascendió el seno familiar.
Ortega es ahora una personalidad que se le ve en los principales escenarios del beisbol. Lo hace como maestro de ceremonias o invitado especial. De hecho, cuando Dave Winfield entró al Salón de la Fama en 2001, tenía a Ortega como uno de sus invitados, pero lo más importante, es que su trato con los demás no ha cambiado, sigue siendo sencillo.
“Recuerdo bien mi viaje a Nicaragua hace 15 años. El trato que se me brindó fue especial. Desde la Asociación de Cronistas Deportivos, al igual que amigos como Gerald Hernández con quien mantengo una comunicación constante para corroborar algún dato. También recuerdo al maestro Edgar Tijerino, quien me invitó a compartir en su casa”, señala Ortega.
Eduardo también se refiere con especial afecto a otros dos nicaragüenses que han trascendido las fronteras: Everth Cabrera, quien fue shortstop titular de los Padres de San Diego y el conocido locutor deportivo René “Chelito” Cárdenas, considerado el pionero de las transmisiones domésticas en español del beisbol de las Grandes Ligas.
“A Everth lo recordamos con cariño porque dejó huella en los Padres y sus aficionados. La forma en la que jugaba hacía que uno se enamorara más del beisbol, todo ese entusiasmo, esa alegría, es algo que nunca olvidamos y hacemos votos porque se recupere plenamente. Yo mismo oro porque pueda salir de sus problemas para siempre», señaló.
Ortega indicó que los Padres han tenido excelentes jugadores como Tony Gwynn o Adrián González, solo por mencionar a dos y que Cabrera sin llegar a ser una entrella tan grande, entró en el sentimiento de los aficionados por su estilo de juego y la pasión que irradiaba en cada una de sus acciones en su corta carrera en las Grandes Ligas.
«Recuerdo que los Padres lo ‘robaron’ desde Colorado y no tardó en ser uno de los favoritos de los aficionados por su forma eléctrica de jugar. Yo mismo le puse ‘el mercurio’ por la velocidad con que corría las bases. Incluso, lo acompañé al Juego de Estrellas en el Citi Field en Nueva York en uno de los puntos más altos de su carrera», rememora.
Con relación a René Cárdenas, el locutor indicó que «fue quien nos abrió el camino a todos nosotros. Él abrió las transmisiones para los Dodgers, Astros y Rangers. Es una leyenda que debería estar en el Salón de la Fama. Espero que esté bien y feliz con su chamacona como él llama a su esposa”, indicó Ortega, mientras se marchaba a sus labores.