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El viernes pasado cinco republicanos «moderados» frenaron en el Comité de Presupuesto de la Cámara Baja del Congreso, la iniciativa de recortes fiscales que impulsa la administración Trump y que incluye un impuesto del 5 por ciento a las remesas que envíen los migrantes desde ese país. Sin embargo, se espera que esta semana, los legisladores republicanos de línea dura, que hasta ahora no rechazan ninguna de las peticiones de Trump logren la aprobación de esta medida que para Nicaragua puede significar una reducción superior a los 200 millones de dólares anuales en las remesas que entran al país.
Según los especialistas por ser una medida que jamás se ha implementado, no es fácil predecir el verdadero impacto que provocará en las economías receptoras como la de Nicaragua. Lo que si es innegable es que aportaría miles de millones de dólares a la recaudación fiscal estadounidense. Por ejemplo, si este año el flujo de estos envíos se mantiene similar al de los últimos años, el impuesto puede generar este año unos 8,500 millones de dólares.
De acuerdo a cálculos de organismos internacionales de los casi 680,000 millones de dólares en remesas que se enviaron en todo el mundo durante el año pasado, alrededor del 25 por ciento, que equivale a unos 170,000 millones de dólares los mandaron desde Estados Unidos. Si a ese monto se le aplica el impuesto del 5 por ciento, el aporte al erario estadounidense rondaría este año, unos 8,500 millones de dólares.
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Difícil predecir el impacto real
En el caso de Nicaragua, siguiendo la lógica de que los migrantes manden este año montos similares a los del 2024, cuando de los 5,243 millones de dólares que el país recibió en remesas, 4,340 millones llegaron desde ese país, y suponiendo que las personas opten porque el cobro se realice del monto enviado, la merma anual sería de unos 217 millones de dólares.
Mientras que el monto promedio de cada envío proveniente de ese país, que el año pasado fue de 266.60 dólares, podría bajar a 253.27 dólares, si el pago al impuesto se deduce del monto enviado. No obstante, también existe la posibilidad de que los remesantes opten por absorver el pago y los montos no se alteren.
Una análisis realizado por Manuel Orozco, director del programa de Migración, Remesas y Desarrollo de Diálogo Interamericano dice que las familiares tienen un impacto positivo en los ingresos de los hogares, aumentan la capacidad de ahorro y a su vez, reducen la intención de migrar.
Por tanto, consideran que un cambio hacia un mecanismo no autorizado y montos remitidos más pequeños reducirían los volúmenes. Además, advierte que aunque no es fácil determinar qué harán los migrantes, el gravamen puede incrementar la informalidad laboral en los países receptores, reducir el monto promedio de los envíos y con ello, provocar un efecto disruptivo significativo, especialmente en países que dependen en gran medida de la remesas, entre ellos Nicaragua.
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Más afectados los que más dependen de las remesas
Cabe recordar que según un estudio del Banco Mundial, Nicaragua es la tercera economía empobrecida más dependiente de las remesas. Sólo en Tayikistan y Tonga están pesan más como porcentaje de su Producto Interno Bruto (PIB). En los países mencionados, estos recursos representan el 45.4 y 38.2 por ciento respectivamente y en Nicaragua 27.2 por ciento.
El economista y exdidutado desnacionalizado, Enrique Sáenz añade que de aplicarse en efecto, en Nicaragua los primeros afectados por el gravamen del 5 por ciento a las remesas serían las familias que las reciben. «Es decir, representaría un castigo para centenares de miles de nicaragüenses que compensan con la ayuda de sus familiares en Estados Unidos las carencias derivadas de la informalidad laboral, los bajos salarios, el subempleo y el hambre a causa del fracaso económico y social de la dictadura», señala Sáenz.
Además, coincide que en base al flujo de remesas recibido el año pasado, la reducción podría rondar los 2020 millones de dólares. Pero si el cálculo se realiza con el monto recibido durante el primer trimestre del 2025, cuando de los 1,441.30 millones de dólares que entraron a Nicaragua en concepto de remesas 1,208 millones llegaron desde Estados Unidos la reducción que podría generar el cobro del impuesto del 5 por ciento se aproximaría a los 285 millones de dólares.

Reducción de las remesas afectaría el consumo
Saénz añade que la reducción de estos recursos también afectaría el consumo, por esa vía se reduciría la actividad económica y eso afectaría a las empresas de todos los tamaños y sectores de la economía. «Si bien es cierto, también el régimen Ortega Murillo, dejaría de percibir impuestos y divisas, este es un daño menor que en muy poco perjudica a la dictadura», asegura.
También, recuerda que a los Ortega Murillo no les importa el sufrimiento de la gente y que una reciente consulta que realizó Hagamos Democracia reveló que que más del 80 por ciento de los consultados rechaza los aranceles a las exportaciones que promueve la administración Trump, por lo que considera que «con mucha más razón es previsible que la mayoría de la población nicaragüense, residente en Nicaragua, rechaza también esta política de gravar las remesas».
La justificación de los legisladores que la semana pasada frenaron la iniciativa que pretende gravar las remesas, cuya discusión se retomará esta semana, fue que aumentaría el déficit presupuestario. Sin embargo, el exreo político desterrado y economista Juan Sebastián Chamorro, considera que la iniciativa tiene potencial para conseguir consenso, incluso de ambos partidos, ya que su costo político será muy bajo porque no «castiga» a los ciudadanos estadounidenses, es decir, a los votantes.
«En ese sentido me preocupa la posibilidad de que la medida fiscal prospere, porque tendrá efectos negativos sobre sobre los que envían remesas y los que las reciben en Nicaragua… Entonces, el factor político interno de Estados Unidos podría favorecer que esta iniciativa prospere», explica Chamorro.
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Incluso los ilegales pagan impuestos en EE.UU.
Chamorro agrega que el argumento para justificar este impuesto a las remesas puede ser la informalidad de los trabajadores que envían las remesas, ya que muchos por carecer de estatus migratorio regular no pagan impuesto. Pero recuerda que en Estados Unidos, incluso sin tener una situación migratoria regular se puede cumplir con las obligaciones fiscales.
«Aunque en realidad no sea ese necesariamente el caso… pero el argumento político puede ser ese y se podría utilizar para conseguir apoyo para la medida, porque dentro de la discusión del Presupuesto Federal de Estados Unidos, se está hablando de la necesidad de buscar de dónde rascar la olla como decimos, para tratar de conseguir recursos», explica Chamorro.
Además, coincide con Saénz en que si la imposición de este impuesto reduce las remesas, habrá un efecto negativo en el consumo por un monto superior a los 200 millones de dólares que no es poca cosa. «No es solamente el monto absoluto de más de 200 millones, sino también el monto relativo con relación al tamaño de la economía y esa es una de las consecuencias donde vemos la alta dependencia de la actividad económica en Nicaragua con las remesas que nos puede pasar factura en el futuro, porque si realmente este impuesto es de esa magnitud, se sentirá fuerte en la economía economía», advierte Chamorro.
Buscar alternativa más justa
Para Orozco el razonamiento detrás de este impuesto «oneroso», es desalentar a las personas a migrar; pero considera que puede provocar un impacto negativo en todos los sectores, incluido el interés nacional de Estados Unidos, «porque pueden aumentar los riesgos financieros, disminuir el comercio con los países afectados por el impuesto y volver a elevar la intención de migrar, en un momento en que ya se encontraba en un declive significativo».
Es por ello que Orozco considera que se debe encontrar una alternativa, «proporcional al problema de la inmigración» que incluso, no excluya sanciones o impuestos, pero que se estructure de manera justa, con acuerdos de cooperación con los países dependientes de las remesas, que establezcan como condición el compromiso de impulsar estrategias de desarrollo económico que generen vínculos fuertes con Estados Unidos.
Mientras tanto Saénz considera que esta es una oportunidad para que los nicaragüenses, principalmente los que residen en Estados Unidos, juntes sus voces y esfuerzos, para tratar de evitar que esta medida «eleve las penurias de las familias nicaragüenses sin que quepa hacernos la ilusión de que la dictadura sufrirá algún impacto sensible», ya que en realidad alimentará el discurso hipócrita de la mafia en el poder, que seguramente se llenará la boca victimizándose y defendiendo los derechos de los migrantes, y culpando a la administración Trump del desempleo, subempleo y penurias que de las familias nicaragüenses».
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