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La muerte del papa Francisco, cabeza visible de la Iglesia católica, de la orden de los Jesuitas, se produjo el día 21 de abril de este año en su residencia de Santa Marta, su fallecimiento lo sorprendió a los 88 años y fue causada por un derrame cerebral producido a las 7:35 de la mañana de dicho día. Su elección se produjo el 13 de marzo de 2013, para rellenar la renuncia del anterior papa Benedicto XVI emérito, el alemán Josep Ratzinger, quien no pudo soportar el peso que para él suponía ser cabeza de la Iglesia católica. Francisco, con su llegada a la silla de San Pedro ha sido el primer iberoamericano que llega de la periferia al centro del mundo cristiano y el segundo papa en morir en el cargo en lo que va desde el siglo XXI, después de Juan Pablo II.
La muerte le llegó un Lunes de Pascua, y el día anterior, Domingo de Pascua, todavía tuvo tiempo para impartir la bendición Urbi et Orbi, es decir a Roma y el mundo. Ya ese día se le vio muy mermado en su salud y apenas pudo hacer la bendición hablando por la debilidad de su voz. Dios le habilitó para llevárselo a su lado después de la Semana Santa, que rememora la muerte y resurrección de Jesús, después de su camino en el que había sufrido la muerte de la manera más vil al ser crucificado y maltratado físicamente para volver al tercer día su resurrección, tal como estaba escrito en Antiguo y el Nuevo Testamento
El papa nació como Mario Bergoglio, en Buenos Aires, un 13 de diciembre de 1936, en Flores, una barriada de la metrópoli bonaerense, hijo de padres italianos piamonteses, su padre, Mario, era contador, empleado en ferrocarril y su madre Regina Sivori se ocupaba de la casa y de la educación de cinco hijos. Por tanto, desde su niñez era descendiente de una familia de clase media baja.
Fue arzobispo de Buenos Aires desde el 18 de febrero de 1998, hasta el 13 de marzo de 2013 , ya desde entonces se le significó como un obispo callejero, cercano a los más pobres de las barriadas donde era frecuente verlo, predicando el evangelio y protegiendo a los más desafortunados, lejos del boato que revestía el obispado, y más tarde, ya con la mitra cardenalicia a la que fue elevado el 21 de febrero de 2001 por Juan Pablo II se transportaba en medios públicos, ya fuera en autobuses o el metro de la ciudad, lo que dejaba ver su amor por los pobres.
A la renuncia de Benedicto XVI, quedó la sede vacante y se convocó un Cónclave para elegir el nuevo sucesor de Pedro y el arzobispo y cardenal Bergoglio fue a integrar las reuniones precónclaves llegando también todos los miembros del Colegio Cardenalicio esparcidos por todo el mundo. Según los vaticanistas en la elección de su predecesor Benedicto XVI, como papa, Francisco quedó en segundo lugar, lo que ya denotaba posibilidades.
Hay que mencionar que el papa, por su cargo era también jefe de Estado y obispo de Roma, lo que pone de manifiesto que el papado no es un oficio vacío, sino cargado de muchas responsabilidades, las que Francisco ejerció con gran tesón y mucho esfuerzo, si tenemos en cuenta que padecía desde adolescente de una extirpación en un pulmón al que se había cortado un pedazo y eso le producía frecuentes ataques de infecciones respiratorias, y que la última fue una neumonía doble poliafectada.
Una vez elegido por el Cónclave como nuevo papa, al empezar ya se dejó ver tal como era, al no ocupar la cámara papal en la Basílica de San Pedro y por decisión propia fue a residir a la casa Santa Marta, residencia de los cardenales que viven en Roma y en este caso del papa Benedicto XVI, hasta su muerte y convivía con los cardenales y su menú era exactamente igual al de los residentes en Santa Marta.
El papa Francisco no aceptó el boato y muchos privilegios de los que han gozado todos los anteriores papas y su misa diaria la realizaba en la capilla de Santa Marta, acompañado de sus secretarios y asistentes y sólo en los rezos del Ángelus los domingos y en ocasiones ordenadas por las normas pontificias, aparecía en el balcón de la Basílica de San Pedro.
Era un Papa austero en todo el sentido de la palabra, no utilizaba los anteriores coches de lujo y alta gama que usaron los anteriores papas, usaba pequeños coches de la flota de la Iglesia, calzaba zapatos —según dicen— los que había llevado a Roma desde Buenos Aires, compraba por ejemplo sus anteojos él mismo visitando una óptica de las tantas que hay en Roma y disfrutaba de comer helados comprados en una heladería regentada por unos argentinos.
Combatió todas las desigualdades habidas en el mundo, especialmente la pobreza, el medioambiente, las guerras que azotan no sólo en Ucrania por parte de Rusia, sino también las habidas en países de África y Asia, lo mismo que las habidas de otra forma en Iberoamérica. Su autoridad como cúpula de 1,500 millones de católicos le otorgaba un lugar muy importante en determinadas decisiones que se tomaron durante su papado. En esta misión su voz se oyó en muchas partes del mundo.
Fue muchas veces incomprendido y por tal razón se le encasilló en muchas ocasiones como un papa de izquierda por su defensa de los pobres y su justicia social y sus valores como seres humanos. Para otros era una reaccionario y atacado como parte de la élite mundial, y claro que era parte de esa élite para defender a los más necesitados y faltos de bienes materiales. Defendió con ardor la migración contra quienes se oponían a la misma, pues sabía que los emigrantes que llegan a Europa buscando refugio a la pobreza y a los malos tratos que atacaban su dignidad como seres humanos.
Fue un papa reformista y progresista, atacó con su autoridad la pederastia en la Iglesia, reformó los dicasterios que causaban problemas en el Vaticano, como el encargado de asuntos financieros donde muchos decían se lavaba dinero de muchos corruptos del mundo, reformó los tribunales eclesiásticos, la sanidad, el laicado aumentó la participación de las mujeres en las funciones de las instituciones vaticanas, tocó el tema de los homosexuales, a quienes dijo que quien era él para juzgarlos.
Incluso Francisco dispuso en su testamento, que su funerales se hicieran de la forma más humilde sin el boato y la magnificencia de las otras exequias papales anteriores, y que quería ser enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, por su amor a María y que incluso su ataúd fuese lo más sencillo posible, como lo hemos visto yacente en una caja de pino y con las vestiduras de rigor, y que lo enterrasen en el suelo.
Cabe decir no como cierre de este escrito, adiós a un hombre bueno que no dudo que se va en halos de santidad.
El autor es abogado nicaragüense residente en España.