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El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de publicar su informe semestral sobre las perspectivas de la economía mundial. El informe destaca que a raíz de los aranceles impuestos por los EE. UU. (los más altos en un siglo) y las consecuentes contra respuestas de sus principales socios comerciales la economía mundial ha entrado a una nueva era llena de incertidumbre y distorsiones.
Ante estas nuevas circunstancias, el FMI ha reducido considerablemente sus proyecciones de crecimiento tanto para la economía mundial como para nuestros principales socios comerciales.
El FMI ahora proyecta que la economía mundial crecerá solo 2.8 por ciento este año, y más importante para nosotros, que los EE. UU. y Canadá, los dos principales destinos de nuestras exportaciones, crecerán apenas 1.8 y 1.4 por ciento, y que la economía mexicana, nuestro tercer destino exportador, caerá .3 por ciento. Más aun el FMI alerta que este crecimiento podría ser todavía menor.
Para Nicaragua el pronóstico del FMI es que la economía crecerá 3.2 por ciento (.8 por ciento menos que el 4 por ciento proyectado en febrero) con inflación de 4 por ciento.
Por su parte, nuestro Banco Central (BCN) también publicó el martes pasado una nota de prensa actualizando nuestras perspectivas económicas para al año. La nota es de primera, salvo que nuevamente el BCN omite mencionar el principal riesgo interno que afronta el país.
Ante el caos ya mencionado por el FMI, la amenaza del señor presidente Trump de imponer un arancel del 19 por ciento al país, y los datos más recientes, el BCN, apropiadamente bajó su proyección de crecimiento para este año en ½ punto porcentual y ahora la sitúa en un rango del 3-4 por ciento. Mis propias proyecciones, que están en línea con las del FMI, desafortunadamente lo sitúan en el rango inferior.
El BCN proyecta nuestra inflación en un rango del 2-4 por ciento. Dado que los aranceles posiblemente subirán la inflación de los EE. UU. al 3 por ciento, la nuestra posiblemente termine en el rango mediano o superior del BCN.
La nota apropiadamente destaca las fortalezas de nuestra economía, pero también menciona que la incertidumbre internacional podría afectar aún más nuestras perspectivas de crecimiento, y que en lo interno persisten riesgos relacionados “a los eventos climáticos”.
Pero nuestros principales riesgos internos no yacen en las turbulencias de nuestro clima tropical sino más bien en las turbulencias que causan la incertidumbre y represión política que impera en el país, las que el BCN nuevamente omite mencionar.
A propósito de nuestros riesgos internos y la situación política, este Diario reportó que algunos opositores al régimen declararon el viernes pasado que las sanciones que a la fecha ha impuesto los EE. UU. a Nicaragua no son suficientes, y que para forzar un cambio en el comportamiento del régimen hay que imponer medidas “que impacten directamente la economía del país, como la suspensión de préstamos internacionales o restricciones al comercio exterior”.
En lo personal, repito nuevamente mi total desacuerdo con y oposición a este tipo de propuestas. Tales sanciones económicas sólo reducirían nuestro crecimiento y perjudicarían al pueblo nicaragüense sin hacer mayor mella en la dictadura. No se puede ni debe botar a un gobierno por muy represivo que sea a costa de la mayor pobreza del pueblo.
El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada