El pensamiento mecanicista de los obsesionados con la “izquierda”

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Las líneas ideológicas no son tan rígidas como algunos quieren creer.

Qué obsesión con la «izquierda» la de alguna gente desinformada, que, por todo, absolutamente todo, culpan a la “izquierda”, y peyorativamente, a los “izquierdosos”, a los “zurdos”, y a los “progresistas”, o “progres”, como dicen de manera despectiva. Esta obcecación parece estar alimentada por una mezcla de desinformación y propaganda que se ha perpetuado a lo largo de los años, y que ha renacido e intensificado con la presidencia de Donald Trump.

Ellos están atrapados en concepciones cavernarias, porque el mundo político ha cambiado mucho desde los días del PCUS, Mao Tse Tung, los Ceaucescu, Fidel Castro, Kim Il Sung y Chávez. Si no se actualizan, seguirán errando, utilizando mecánicamente esas muletillas en vez de analizar un panorama mucho más amplio y diverso que ofrece la realidad.

En estas personas prejuiciadas el problema radica en que no leen los interesantes contenidos que a diario ofrecen medios de comunicación internacionales que tenemos al alcance en internet. En vez de informarse y reflexionar, como autómatas reaccionan contra los “zurdos”, como una máquina que repite y repite.

La repetición constante de consignas vacías los anquilosa, les impide pensar críticamente, no pueden argumentar con solidez, no aportan a ninguna discusión constructiva y, en última instancia, no pueden desarrollarse y crecer como individuos pensantes. Etiquetan y juzgan a la gente según su clasificación sesgada, unilateral e incorrecta, sin darse cuenta de que el pensamiento de «izquierda» es diverso y multifacético.

Los dictadores no son de izquierda

Hay gente de «izquierda» con una muy clara sensibilidad social que la lleva a promover el aumento de las inversiones en salud y educación, y en general, apoyar a la gente empobrecida. Estas personas ven la política como una herramienta para mejorar la vida de los más vulnerables y buscan soluciones inclusivas para problemas complejos.

Además, hay políticos conocidos como «de centro» o «de derecha» que, a lo largo de los años, han ido asumiendo banderas que fueron exclusivas de lo que se llamó «izquierda», como la lucha ambientalista y la promoción de la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre. Esto demuestra que las líneas ideológicas no son tan rígidas como algunos quieren creer.

Y no son de izquierda los dictadores, aunque se proclamen como tales. No son de «izquierda» los líderes cubanos, ni Maduro ni Putin ni el «rey» de Corea del Norte. Ningún político o gobernante autoritario es de “izquierda”. Rosa Luxemburgo (La Rosa Roja) criticaba al Partido Comunista de la URSS por reprimir la libertad de expresión, y afirmaba que no se es de izquierda si no existe este derecho primordial, base de las libertades individuales y sociales. La verdadera izquierda actual defiende la democracia y los derechos humanos como pilares fundamentales.

Por otro lado, no está bien insultar, acto que generalmente ocurre cuando no se tienen argumentos sólidos. Por ejemplo, no podés llamar «asno» a José Mujica o a Gabriel Boric. ¿Ustedes creen que Bernie Sanders es un asno? Hay mucha gente etiquetada como de «izquierda» que son eminencias intelectuales porque leen y escriben mucho. Su conocimiento y experiencia enriquecen el debate público, y ofrecen perspectivas valiosas sobre cómo abordar los graves desafíos actuales.

Una izquierda de elecciones libres

La «izquierda» ha cambiado tanto, y esta gente a la que me refiero no se da cuenta porque sigue anclada en la propaganda anticomunista del macarthismo (en EE.UU.), cuyos agentes despiadados todo lo tildaban de “comunista” y reprimían sin piedad. La mayoría de las expresiones de estos mecanicistas van cargadas contra los «izquierdosos» y los «zurdos», como les llaman como insulto, cuando ya no existe una sola visión acerca de la acentuación de lo social en la política.

La mayoría de lo que se conoce como «izquierda» ha asumido a la Revolución Francesa y las ideas de la Ilustración acerca del Estado de derecho, como lo vemos en Brasil, Chile, Colombia y Uruguay. Estos países han demostrado que es posible combinar principios democráticos con políticas sociales progresistas para crear sociedades más justas e igualitarias. Y no digamos los países nórdicos en Europa.

Invito a estas personas que actúan como máquinas repetidoras de consignas anticomunistas a que lean, se informen adecuadamente, y opinen sobre el contenido utilizando el pensamiento propio, alejados de las consignas vacías y los fantasmas ideológicos que los aprisionan.

El diálogo informado y respetuoso es lo que nos permitirá avanzar hacia un futuro más inclusivo y comprensivo. Es fundamental reconocer las contribuciones positivas que diferentes corrientes ideológicas pueden ofrecer al debate público. Sólo así podremos construir sociedades más fuertes y resilientes frente a los desafíos globales actuales.

El autor es periodista.

Opinión
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