Samer Yasid Solís había recién terminado su participación en un circo de Maryland, Estados Unidos, cuando recibió una llamada donde le indicaron que su papá Franklin Solís Castro se había desmayado, estaba inconsciente y que era trasladado a un centro hospitalario.
Solís Castro era un artista circense nacido en Honduras, pero tenía familia en Nicaragua. Ejecutaba el pasado 4 de abril un acto de equilibrio en la función del Circo De Pops en Tegucigalpa, Honduras, cuando se desplomó. Según los reportes, falleció a causa de un infarto.
Según Samer, quien también trabaja como equilibrista, su papá tenía dos años trabajando en Honduras por lo que un amigo de ellos fue quien le dio la noticia. “Yo le empecé a pedir, por favor, que lo llevara y que hiciera todo lo posible o hasta lo imposible para llevarlo hasta allá (al hospital)”, cuenta al Diario LA PRENSA vía telefónica.
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El artista circense ya no presentaba signos vitales cuando recibió atención médica. “Al final yo no tengo ningún papel que diga que fue por un infarto o algo, pero la doctora que lo checó, lo vio y le miró todo su cuerpo y dijo: ‘Esto fue que le dio un infarto a él’”, agrega.

Trasladado a Somotillo
Los restos del artista fueron trasladados hasta el lunes 7 de abril desde Tegucigalpa a Somotillo, ya que toda la familia está en otros países. La mamá de Samer, Socorro López Suárez y su hermano Selin Solís Suárez tuvieron que moverse a Honduras desde Estados Unidos y Guatemala, respectivamente, para realizar la repatriación del cuerpo.
Las honras fúnebres se realizaron el lunes y familiares y miembros del gremio acompañaron y homenajearon al artista, cuyos restos fueron sepultados el miércoles 9 de abril. Samer asegura que llegó gente de El Salvador, Guatemala, Honduras y Panamá para despedir a su padre. “Fue muy querido mi papá por todo el mundo del circo”, cuenta con orgullo.
Sobre si su papá estaba enfermo, asegura que no padecía nada y por el contrario siempre se mantenía en forma. “Él todas las mañanas salía a correr una hora, dos horas, hacía ejercicio, lagartijas, pechadas y todo eso”, dice Samer.
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Sin embargo, recuerda, que recientemente le mencionó a su esposa que se sentía mal. “’En la noche siento como que se me acelera un poquito el corazón y me siento un poquito mal’, dijo algo así, pero mi papá no padecía de nada”, agrega.
“Lo que más me llena de orgullo y de placer es que mi padre siendo un hombre tan fuerte, él quiso trabajar y justamente cuando él estaba casi terminando su acto se le apagó la llama de la vida. Él le cumplió todavía al público, cumplió todo su acto y cuando él ya se iba a bajar, se le apagó la vida”, dice con nostalgia Samer.

Una vida dentro del circo
Franklin Solís inició en el mundo circense como payaso cuando tenía unos 12 años, pero desde los 7 ya trabajaba con su papá cantando al son de una guitarra en eventos, dice su hijo. “Tenía una voz privilegiada también para cantar”, recuerda.
Luego empezó actos de equilibrio como del alambre alto, pulsadas o del rola rola, que fue el que realizó antes de fallecer. Samer recordó que su papá estuvo en Rusia y Cuba donde se preparó y se tecnificó en el arte del circo. Sus conocimientos y experiencia también se los transmitió a sus hijos.
Samer dice que, a pesar de sus 63 años, su papá tenía “un alma de un hombre de 30 años y una fuerza de un hombre de 20. Y mi papá como él amaba tanto el circo, él siempre quería hacer lo mejor para sentirse útil siempre”.
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La última vez que Samer vio a su papá fue en septiembre de 2021 cuando regresó a Nicaragua y lo visitó de sorpresa por su cumpleaños. “Mi papá no se lo esperaba, cuando llegué, me abrazó”, recuerda. Se quedó unos cinco meses en el país sin imaginar que no volvería a estar cerca de su padre otra vez.
“Mi papá fue el hombre perfecto para nosotros (aún) con sus defectos, porque él tenía un carácter fuerte, pero ahora que yo estoy grande yo lo comprendo porque él lo que quería era que todos nosotros o toda la gente de circo fuera como él, profesional, que amara el circo como debe de ser, no vivir del circo como decía él, porque una cosa es vivir del circo y otra cosa es vivir para el circo y mi papá vivía para el circo”, finaliza.