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Hemos oído estos días la palabra arancel, que es lo que ha impuesto el gobierno estadounidense presidido por Donald Trump a todos los países según valores que él considera justos. Esta palabra según el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico es: “Gravamen a la importación y a la exportación de bienes y servicios normalmente con carácter protector”.
Este gravamen se impone a otros países que no pertenezcan al territorio aduanero del país impositor. Y esto es lo que ha hecho el gobierno Trump, con casi todos los países del mundo que tienen alguna relación comercial con los EE.UU. y gravan los productos de ese país y ahora el país norteamericano le impone aranceles a bienes y servicios que llegan al mercado norteamericano.
Desde su campaña electoral, incluyó dentro de su programa que si ganaba las elecciones del 5 de noviembre de 2024 impondría aranceles a los países que según Trump dañaban la economía de su país con la importación a su país de productos y servicios. Y dicho y hecho, en cuanto ganó las elecciones puso a trabajar un equipo que diseñaría los aranceles que gravarían a sus países en la medida que estimarían conveniente y en compensación a los aranceles que gravaban dichos bienes y servicios que entraban al mercado de terceros países originados en EE.UU.
El día 2 de abril, en una ceremonia insólita dado el carácter grave de la cuestión que trataba en los jardines de la Casa Blanca, con su verborrea típica al mejor estilo de presentador de un programa de televisión de los tantos que hay en los EE.UU al que invitó a sus fieles seguidores y algunos otros personajes no pertenecientes a su élite como trabajadores de las fábricas de automóviles hizo su presentación con también la presencia de la prensa que cubre los eventos que se realizan en la Sala de Prensa.
A ese acto los denominó como Día de la Liberación, aunque más bien se trató de una jornada de revancha, o el día del castigo. En dicho acto impuso al mundo los aranceles más altos que según los especialistas en tema son los grandes en un siglo, nunca en la historia de EE.UU., se había visto tal barbaridad, incluso los impuestos después de la II Guerra Mundial.
Hay a partir de la fecha de entrada en vigor un gravamen universal mínimo del 10 por ciento del que no se salva nadie, incluyendo al parecer una isla que está habitada por focas en vez de personas al que le cayó el peso de los aranceles trumpianos. Frente a estos aranceles los países gravados ya preparan sus contramedidas en defensa de semejante desaguisado económico.
En su show, Trump justificó los aranceles, argumentando que esta imposición es en contraposición a los que imponen los otros países afectados y que calificó como injustos, y hasta los calificó como estafas a su país y que ya era hora de parar esta sangría que dañaba a su economía. Y como siempre también se refirió al gobierno de Biden como un gobierno flojo que no tuvo las agallas de frenar con aranceles las numerosas importaciones procedentes de terceros países y con su estilo narcisista y egocentrista calificó a los países que mandaban sus bienes y servicios como malos con su país y su economía.
Estas medidas arancelarias se aplicarán en dos fases: el 5 de abril entrará en vigor el arancel mínimo del 10 por ciento y el 9 de abril los específicos a países enlistados en su ridículo cartelón que presentó a los presentes en la Rosaleda de la Casa Blanca.
Presentó en su tabla como si fuera un Moisés del siglo XXI, aranceles superiores al 10 por ciento a muchos países, incluidos las Unión Europea con un 20 por ciento y entre otros China con un 34 por ciento. Sabe el presidente Trump que su país es receptor de servicios en grandes cantidades y que no está en capacidad de producir todos esos productos que entran en un mercado tan potente, considerada hasta ahora la mayor economía del mundo.
Los efectos de estas medidas, suponen una mayor ruptura del orden comercial internacional, desde la II Guerra Mundial como exponía en líneas más arriba, produciendo pérdidas en los mercados bursátiles de todo el mundo empezando, por Standard and Poor y el Nasdaq, con cantidades que son de miles de millones de dólares, y que como también conocemos todos los mercados bursátiles de Europa, Asia, Oceanía, sufrieron serios desajustes en sus economías.
Por el momento se están salvando de la quema, México y Canadá, en virtud de las medidas tomadas contra el fentanilo y la lucha contra las mafias del narcotráfico afincadas en dichos países y respetando un poco el Tratado de Libre Comercio (T-MEC) que liga a EE.UU. con dichos países.
Los países que más sentirán la imposición de los aranceles tenemos los siguientes: China con un 34 por ciento, Unión Europea con un 20 por ciento, Japón un 24 por ciento, Corea del Sur 25 por ciento. Esto sin contar la entrada en vigor de un arancel del 25 por ciento a todos los automóviles fabricados fuera de los EE.UU.
También son gravados con aranceles más altos que los mencionados anteriormente los siguientes: Lesoto 50 por ciento, Camboya 49 por ciento, Laos un 48 por ciento, Madagascar 47 por ciento, Vietnam 46 por ciento, Myanmar 45 por ciento, y así otros países, en los que aparte del sólo componente comercial subyace el componente político.
En Iberoamérica se verán seriamente afectados Venezuela al que se aplica la sanción de no poder vender su petróleo a los mercados mundiales, ya que cualquier país que compre también será severamente sancionado y se le aplica un arancel del 15 por ciento y Nicaragua con un 18 por ciento. Los demás países entran en la categoría de países con aranceles de un 10 por ciento.
Sea como fuere, estos gravámenes arancelarios son un serio problema para todo el mundo ysi EE.UU. con su gobierno cree que los bienes y servicios que entran a su país, por ser supuestamente la mayor economía del mundo, este giro puede darle vuelta a la tortilla incluso en el mismo país, ya que necesariamente habrá una fuerte subida de la inflación, lo que perjudicará a los consumidores norteamericanos.
El autor es abogado nicaragüense establecido en España.