Zarigüeya linchada
Las redes sociales estallaron con imágenes de un pequeño e inofensivo zorro cola pelada siendo linchado en el estadio de beisbol de Rivas. El brutal suceso ocurrió en enero de 2019 durante el cuarto partido de la serie final entre Los Gigantes de Rivas y Los Tigres de Chinandega.
El animalito, nervioso por naturaleza, corría sobre la malla detrás del home plate cuando empezaron a arrojarle botellas desde las graderías. Un sujeto se subió a la malla para interceptar al marsupial y lo arrojó con fuerza hacia la gente, que reía, gritaba y grababa con el celular. El animal huyó hacia el campo, donde fue agredido a patadas y batazos mortales. Por si fuera poco, hubo quienes se tomaron fotos con el zorrito, sosteniéndolo por el cuello, como si hubiera sido un trofeo.
Debido al salvajismo de los hechos, la noticia se volvió internacional.
Las zarigüeyas son apreciadas por su trabajo en el control de plagas, como ratas, ratones, arañas, alacranes, caracol africano y reptiles pequeños. Rara vez se acercan a los seres humanos, las mascotas o el ganado, pues son animales tímidos.

En plena calle
La noche del domingo 20 de octubre de 2024 el esteliano Darwin de Jesús Rizo Castillo mató a su yegua en plena vía pública, propinándole una estocada en el pecho. El incidente ocurrió después de que jinete y cuadrúpedo participaran en el desfile hípico en la celebración del aniversario 133 de la ciudad de Jinotega.
Mientras la yegua agonizaba, Rizo retiró la albarda para luego dejar el cadáver tirado en la calle, sin imaginar que sus actos lo llevarían a enfrentar un proceso judicial.
Los testigos relataron que el animal se veía enfermo y cansado y que el jinete lo jalaba para que avanzara, pero la yegua no quería moverse. Fue entonces que Rizo le enterró la navaja. Más tarde el hombre confesó sin ningún arrepentimiento que el cansancio y la rebeldía del animal, que no quería desfilar, fueron sus motivos para matarlo.
En una sentencia leída el viernes 9 de noviembre de 2014, el jinete de 37 años fue condenado a 200 días multas, equivalente a 11,453 córdobas con 79 centavos. Además, la jueza Local Penal de Jinotega, Diana Isabel Jarquín, le prohibió volver a montar o participar en desfiles hípicos.

Los “mataperros”
La perrita Cookie estaba descansando en el patio de su casa, en Carretera Sur, cuando un desconocido le disparó una flecha de ballesta, atravesándola de lado a lado.
Aunque su amo la llevó de inmediato al veterinario, Cookie falleció la tarde del sábado 5 de abril de 2014, tras más de 17 horas de extremo dolor. Su caso, interpuesto ante la Policía, sacó a luz uno de los sucesos de maltrato animal más infames que se hayan conocido en Nicaragua.
Contando a Cookie, al menos seis animales murieron flechados en un lapso de diez días, todos en una zona residencial de Carretera Sur, cuando estaban dentro de sus casas. Algunos dueños de las víctimas sugirieron que se trataba de “un nuevo juego de niños ricos”.
El caso, conocido como los “mataperros”, despertó la ira de los nicaragüenses. Hubo una marcha exigiendo justicia y el cardenal Leopoldo Brenes condenó el maltrato a los animalitos. El régimen ordenó la regulación de las ballestas y la Policía allanó viviendas e investigó a seis sospechosos, pero al final el caso naufragó en enredos y falta de evidencias.

Vidrio molido
Este caso merece mención aparte por lo particularmente cruel que fue y la alevosía con la que el delito se cometió. En octubre de 2019 personas desconocidas donaron a la Casa Hogar Milagros un saco de alimento concentrado que contenía vidrio molido y veneno para ratas.
El refugio, en ese entonces hogar de 40 perros, 10 gatos, dos conejos y un cerdo, está ubicado en León. “Intentaron envenenar a mis animalitos. Eso no se hace, es mucha maldad”, denunció Elieth Vargas Vargas, administradora del hogar.
Los criminales habían abierto con mucho cuidado una esquina de la bolsa, para introducir vidrios y veneno, luego la sellaron con un objeto caliente. Por fortuna uno de los voluntarios del refugio notó a tiempo que algo andaba mal cuando se disponía a alimentar a los animales.
Los refugios son la última esperanza de los animales abandonados y sobreviven gracias a donaciones de personas altruistas; por eso fue tan grave que alguien se aprovechara de eso para intentar hacer daño.

Veneno
Por desgracia el envenenamiento de animales domésticos, en particular perros y gatos, no es inusual en Nicaragua, pero algunos casos han trascendido a las páginas de los medios de comunicación.
En noviembre de 2001 más de ochenta perros callejeros fueron eliminados con veneno en la ciudad de Estelí, como parte de una campaña promovida por el Ministerio de Salud (Minsa) en coordinación con la Alcaldía del municipio. La medida se tomó luego de que 29 personas fueran mordidas por canes, una por un mono, dos por ardillas y otra por un ratón.
La población esteliana enfureció, pues la matanza de perros no sólo creó insalubridad al no saberse qué hacer con los cadáveres, sino que arrasó también con algunos perros caseros que tuvieron la mala suerte de estar en la calle cuando los encargados de la masacre tiraron comida envenenada desde una camioneta en movimiento. En esos tiempos no existía mucha consciencia sobre los derechos de los animales y el delegado del Minsa rechazó las quejas culpando a los dueños por no cuidar a sus perros.
El capitán Félix Pedro González, en ese momento segundo jefe de Tránsito en Estelí, perdió en la matanza a sus dos perros de raza, un dálmata y un pastor alemán, valorados en 300 y 400 dólares. Aseguró que sus animales estaban dentro de su casa, lo que sugirió que el veneno fue arrojado a su patio.
Otro caso sonado ocurrió en Ciudad Sandino. En enero de 2003 hubo una matanza de perros utilizando carne envenenada por ladrones que se metían a patios y casas. Una vez eliminada la mascota y sus ladridos de alerta, los delincuentes rompían candados y verjas y se llevaban todo lo que encontraban a su paso. El exterminio cobró la vida de 20 canes en ocho días, diez de ellos en un solo fin de semana.
Años después, en julio de 2015, al menos 27 perros y dos gatos murieron por envenenamiento en los barrios Villa de los Ángeles y Ave María, de Jinotepe.
En octubre de 2016, habitantes de los Altos de Nejapa denunciaron la muerte de perritos caseros que recibieron comida mezclada con veneno.
Luego, en diciembre de 2020, alrededor de 10 gatos y dos perros fueron envenenados en Batahola Norte, Managua, en menos de 15 días. Casi todos los gatos tenían hogar y estaban castrados. Los vecinos del barrio se organizaron para hacer una denuncia pública condenando la práctica cruel de colocar cebos envenenados para los animalitos inocentes.
Como estos últimos casos, hay muchos ocurriendo a cada momento, pero la mayoría se desconocen por falta de denuncias.

Perrito arrastrado
En abril de 2021 una camioneta Hilux fue captada arrastrando a un perro por la carretera de Acoyapa. El animal iba amarrado con un mecate a la parte trasera del vehículo, cuya placa no tardó en ser identificada por la Policía. De esa manera se llegó al autor del delito: Samuel Antonio Miranda González, capturado en la ciudad de Juigalpa, Chontales.
Según la Policía, Miranda González habría sido sancionado “con 50 a 200 días multa o trabajo en beneficio de la comunidad de 10 a 20 días por un período no menor de 2 horas diarias». También se comprometió a “no volver a incurrir en este tipo de conducta” y se le suspendió la licencia de conducir por un período de tres meses.
Recientemente dos casos similares causaron gran indignación. Las imágenes de un tigrillo encadenado colgando de la tina de una camioneta y de un perro siendo arrastrado por un motociclista se volvieron virales el pasado fin de semana. Ambos hechos ocurrieron en Managua.
En el caso del tigrillo, las personas que lo trasladaban realizaron un video para aclarar que se trataba de un rescate y que el animalito, que saltó de la tina intentando escapar, sería entregado al Zoológico Nacional. El tigrillo resultó ileso en el incidente.
En cuanto al perro, aparentemente ya estaba muerto, pero se desconoce si murió antes de que lo arrastraran. En todo caso, esta no sería una forma respetuosa de trasladar el cuerpo de un animal.