Empleados de una funeraria, vestidos con trajes de bioseguridad, cargan el ataúd de una persona fallecida a consecuencia del mortal virus del covid-19, el 20 de mayo de 2015. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
Covid-19: Imágenes en Nicaragua de la pandemia que puso al mundo entero de rodillas
Era 31 de diciembre de 2019, el mundo celebraba las fiestas de fin de año, cuando una noticia pasó desapercibida debido a las celebraciones y también el horror que se avecinaba.
La primera noticia sobre el Covid-19 se transmitió al mundo el 31 de diciembre de 2019, anunciando el cierre del mercado mayorista de mariscos en Wuhan, una ciudad en el sur de China, país donde se produjeron los primeros brotes de la mortífera enfermedad.
El mercado de la ciudad de Wuhan fue la zona cero de los primeros infectados con el virus SARS-CoV-2, conocido como Covid-19, en trabajadores y comerciantes del recinto. Para el miércoles 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la peste una pandemia para la cual el mundo no estaba preparado, mucho menos los países más empobrecidos como Nicaragua.
Una semana después, el miércoles 18 de marzo, la vocera y codictadora del régimen Rosario Murillo anunciaba por la noche el primer caso de la temible enfermedad en Nicaragua. En cadena nacional, Murillo aseguró que el paciente había adquirido la enfermedad en la ciudad de Panamá, adonde había viajado entre el 13 y 14 de ese mismo mes, ingresando por el aeropuerto internacional el día 15 y el día 17 presentó los síntomas de la enfermedad con fiebre, tos seca y dolor de garganta, dando positivo al Covid-19.
Ya para esa fecha se sabía que el virus del Covid-19 era una enfermedad infecciosa de contagio rápido a través de la transferencia directa de una persona infectada a otra sana por medio del contacto, ya fuera por un abrazo, apretón de manos, una conversación frente a frente o cuando una persona tose o estornuda muy cerca de otra. Además, por tocar objetos recientemente manipulados por una persona infectada.
El virus se esparcía rápidamente en el aire y por eso era recomendado el uso de mascarillas o cubre bocas, evitar las aglomeraciones y reuniones colectivas o de grupos y, lo más sencillo, el lavado de manos frecuentemente.
Empezaba así un nuevo estilo de vida para sobrevivir el día a día en todo el mundo y Nicaragua no era la excepción. Hubo personas que se resistían a los sencillos métodos de precaución y decían que la enfermedad no les haría daño, pero la realidad empezó a cambiar cuando el virus contagió rápidamente a la población y produjo las primeras muertes.
Los contagios se intensificaron con el paso de los días y el régimen, irresponsablemente, alentaba a la población nicaragüense a llevar una normalidad en sus actividades diarias de trabajo. A sus adeptos los mandaba a concentraciones tanto políticas como recreativas, como ocurrió en la Semana Santa que se celebró del 5 al 12 de abril de ese año 2020, cuando la dictadura promovió las fiestas y la recreación en los distintos balnearios populares del país.
Mucha población se prestó a ese juego, obviando lo delicado de la enfermedad y creando un caldo de cultivo para que el virus se propagara con mayor rapidez.
Después de esa fecha, el olor a muerte y dolor se apoderó del país y era un secreto a voces la gran cantidad de personas que morían a consecuencia del Covid-19, a lo cual la dictadura reaccionó manipulando las estadísticas y las causas de las muertes, colocando en las actas de defunción otros motivos, menos que era por Covid-19.
El teatro de mentiras no le duro mucho tiempo al régimen, debido a la labor periodística de los medios de comunicación independientes que reportaban una realidad muy distinta a la versión oficial del gobierno, con los famosos entierros exprés, los cadáveres saliendo en ataúdes sellados de las morgues hospitalarias y las filas de personas con pacientes de Covid-19 en los hospitales públicos.
La dictadura, en su afán de mantener una falsa normalidad, manipuló hasta el último momento las cifras reales de muertes ocasionadas por la pandemia, registrando solo 212 personas fallecidas hasta noviembre de 2021.
Simpatizantes de la dictadura marchan el sábado 14 de marzo de 2020 portando carteles con la leyenda “Amor en tiempos de Covid-19”, parafraseando el título de la novela “El Amor en Tiempos del Colera” del Nobel de literatura, el colombiano Gabriel García Márquez. Después que la OMS había declarado el 11 de marzo al mortal virus una pandemia, el régimen orteguista mandó a sus simpatizantes a concentraciones masivas, propiciando el contagio en la población. LA PRENSA/ ARCHIVO/ EL 19 DIGITALEn la Semana Santa de 2020, la iglesia católica suspendió todas las festividades religiosas, consciente de lo letal que era el coronavirus y su rápido contagio en las concentraciones masivas. En la imagen, la Procesión de los encadenados, promovida por la dictadura para normalizar de manera irresponsable las festividades de la Semana Mayor. LA PRENSA/ ARCHIVO/ EL 19 DIGITALUn grupo de personas se aglomeran para abordar una unidad de transporte colectivo en la parada de la Universidad Autónoma de Nicaragua de Managua, (UNAN-Managua), el 23 de marzo de 2020. El régimen nunca decretó estado de emergencia contra la pandemia, sino que, todo lo contrario, promovía el contagio a través de sus actividades. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEAnte la indolencia del régimen frente a la pandemia, las empresas privadas y personas de manera particular crearon sus protocolos de prevención. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEUn comerciante de abarrotes en el mercado Roberto Huembés se protege él y su negocio con plástico, usándolo como mampara para evitar el contagio del Covid-19. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEEn medio de la pandemia hubo mucha especulación sobre la enfermedad y la cura por falta de apoyo y acciones contra el Covid-19 por parte de la dictadura. En la imagen, una mujer vende hojas de eucalipto para hacer infusiones junto a otras hierbas naturales, para protegerse de la enfermedad. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEFamiliares de pacientes de Covid-19 hacen filas para pasarles alimentos o materiales de uso personal en el portón número 2 del hospital Alemán, el 4 de mayo de 2020. Como este centro hospitalario tenía 47 casos positivos para esa fecha, los que el régimen trató de ocultar, lo mantuvo militarizado y custodiado con policías orteguistas. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEEn otro acto de irresponsabilidad, poniendo en riesgo la salud de los nicaragüenses, la promotora de boxeo Búfalo Boxing, del ex campeón mundial Rosendo Álvarez, montó una velada boxística la noche del sábado 25 de abril de 2020 en el gimnasio Alexis Argüello. Este evento fue auspiciado en su totalidad por la dictadura, que puso las entradas de forma gratuita para los asistentes y fue transmitida por la cadena mundial de deportes ESPN. LA PRENSA/ ARCHIVO/ EL 19 DIGITALJosé Francisco “Pepe” Ruíz, cronista deportivo afín a los dictadores, hizo mofa de la pandemia del covid-19 en la televisión estatal. “Este virus es maricón, como los puchitos. Mirá cómo es de maricón que lo mata la espuma y el jabón”, dijo Pepe Ruíz sobre el coronavirus en Canal 6. Un mes después de haber pronunciado estas palabras, falleció víctima del Covid-19. LA PRENSA/ ARCHIVO/ REDES SOCIALESImágenes como estas empezaron a circular en las redes sociales, en las que se apreciaban ataúdes en las distintas morgues del país, con personas fallecidas a consecuencia del Covid-19, directos a los cementerios, una actividad que se conoció como “entierros exprés”. LA PRENSA/ ARCHIVO/ REDES SOCIALESEl ataúd de una persona fallecida por el covid-19 es transportado de forma discreta, luego de salir de la morgue del hospital Alemán. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEUna camioneta trasladando ataúdes con personas fallecidas por el Covid-19, en las afueras del hospital Alemán, en Managua. LA PRENSA/ ARCHIVOFunerales del periodista de radio Corporación, Gustavo Bermúdez, quien se convirtió en el primer comunicador que falleciera a consecuencias del Covid-19. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEPara julio de 2020, las funerarias de la capital no se daban abastos y la mayoría de ellas brindaban el servicio de los entierros exprés, en los que sus empleados ponían en riesgo sus vidas usando trajes de bioseguridad para ir a retirar, en las morgues de los hospitales, los cadáveres de las personas fallecidas a causa del Covid-19, para posteriormente llevarlos a los cementerios. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEPersonas trabajando en la elaboración de ataúdes, que tuvieron mucha demanda durante la pandemia. A los deudos de escasos recursos les tocaba retirar a sus muertos en cualquier tipo de vehículo y en modestos ataúdes que salían directo de la morgue al cementerio, para evitar los altos costos que representaba un servicio funerario. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEComo si se tratara de un negocio de “auto servicio”, los carros fúnebres tenían que hacer filas en las morgues hospitalarias para retirar los ataúdes con personas fallecidas por el Covid-19. La dictadura siempre promovió de manera irresponsable la no restricción de aglomeraciones de personas. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEEstas imágenes se volvieron “el pan nuestro de cada día” pero el régimen siempre manipuló las cifras reales aduciendo que la gran cantidad de mortandad que ocurrían era a consecuencia de neumonía atípica y no de Covid-19. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEUn entierro exprés en un cementerio privado de Managua. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEEmpleados de una funeraria con trajes de bioseguridad se desinfectan antes de un entierro de una persona fallecida por Covid-19. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEUna persona contagiada con el Covid-19 es bajada de una ambulancia para ser ingresada al hospital Alemán. El Minsa, en sus partes diarios sobre el comportamiento de la pandemia, repetía las trilladas frases como si fuera un guion de película: “Delicado, pero estable”, “en seguimiento responsable”, “estable y atendido”. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
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