Trump, Trump, Trump

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Así se escucha la locomotora Trump en cada paso que da, es como el ruido del ferrocarril sobre los rieles en su recorrido, pero este fenómeno está causando graves consecuencias a la economía mundial, se ha abierto una guerra comercial por doquier con los aranceles que el gobierno Trump ha impuesto y sigue imponiendo a principalmente el acero y el aluminio en donde los haya.

Si yo hubiera sido ciudadano estadounidense en el momentun electoral, hubiese votado por Trump, por creer en su famoso slogan Make America Great Again (Hacer América Grande otra vez), como lo han votado millones de ciudadanos del país hasta ahora considerado primera potencia mundial, pero esta propaganda se está desgastando cada día que pasa con Trump en la Presidencia.

Primero enfocó sus baterías contra sus dos socios comerciales y vecinos, Canadá al norte y México al Sur, con un 25 por ciento de aranceles a todos sus productos que llegasen al potente mercado norteamericano procedente de los dos países mencionados que además son socios comerciales en un acuerdo llamado T-MEC, que sustituyó al TLCAN, lo que se produjo en 30 de septiembre de 2018.

En este tema está jugando al gato y al ratón, primero los impone y luego los suspende en su geopolítica de proteccionismo que en vez de traer bonanza al país pronto se verán sus efectos negativos, al igual que creer que su política es la más adecuada a la bonanza de EE.UU. Por unos dólares más se pueden producir efectos contrarios, pero muchos economistas de renombre en esa nación están en contra de esa perniciosa política.

Ahora está dirigiendo su política a la UE, un mercado de 450 millones de habitantes y con la mayoría de sus países en situación de bienestar económico y con industrias en muchos sectores como el automotriz, el acero y aluminio, el agrícola, vinícola, los servicios entre otras. Con un PIB de 17 billones de euros, siendo Alemania el país con mayor PIB dentro del Euro y mayor producción industrial pese a que no está en sus mejores momentos.

A la UE, le han impuesto unos aranceles del 25 por ciento al aluminio y al acero, lo que representa un duro golpe a su economía, pues ya sabemos que en territorio de esos países europeos se produce gran parte de ambos elementos que se exportan a EE.UU., por lo que las autoridades de UE, con la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Layen, han anunciado que están dispuestas a hacer frente a esta guerra comercial iniciada por Trump, anunciando represalias “como fuertes, pero proporcionadas”.

La presidenta Von der Layen ha dicho que habrá reacción a la imposición de los considerados injustos y dañinos aranceles, en la medida de un dólar impuesto un euro también impuesto por la UE, medida apoyada por la gran mayoría de los miembros de la UE y responderá con aranceles a los aranceles impuestos por EE.UU. hasta la cantidad de 26,500 millones de dólares que se estima ascienden los que impone el gobierno Trump. La UE exportó hierro, acero y artículos relacionados por valor de 77,800 millones y EE.UU. vendió a UE estos productos por un valor de más, menos 73,000 millones.

El equipo europeo que estudia este tema, ya tiene un lista de productos norteamericanos que se verán sometidos a los aranceles europeos, como por ejemplo la soya, los populares jeans Levi’s, la motocicletas Harley Davidson, que son muy apetecidas por el mercado europeo, automóviles norteamericanos de la marca Tesla (suena de algo míster Musk) y otras potentes marcas.

Además se gravarán con aranceles, las compras de pollo, nueces, aviones, embarcaciones, el bourbon, carne de vaca, estufas, hornos, refrigeradoras, congeladoras, cortadores de césped y otros productos de uso doméstico y comercial.

Desde luego, la UE no cierra las puertas a una posible negociación, pero todo dependerá de cómo amanezca el carácter del incierto Trump, lo que hace desde que alcanzó la Presidencia muy a menudo saltándose incluso los consejos de sus ministros y asesores.

Por supuesto que esta guerra de los aranceles afecta no solo a la economía, sino también a otros sectores, especialmente a la geopolítica en la que los afectados por esta confrontación se sienten dañados muy gravemente en los sectores a los que les afectan y es posible que llegue un momento en que por ejemplo todos los países se unan contra los EE.UU. aplicándole medidas que a lo mejor por sí solos no tomarían.

Trump es una locomotora descarrilada, pues aunque camina sobre rieles potentes y fuertes, el conductor no está en las mejores condiciones físicas e intelectuales para manejarla, ya que en este periodo ha entrado a dirigir el gobierno con sentido cuasi vengativo con todo el mundo.

Manejar un país como los EE.UU. necesita de una fuerte dosis de serenidad y objetividad, actitudes que parece no están en el ADN presidencial, aunque algunos opinan que todo este teje y maneje obedece a que el presidente Trump maneja los EE.UU. desde el punto de vista comercial, dejando por fuera los otros factores mencionados que son necesarios e imprescindibles en un buen gobernante.

El tema causa una profunda incertidumbre en los mercados financieros, y lo certifican las bajas que tienen las bolsas de Wall Street, en donde sobresalen la bolsa de Valores de Nueva York y el Nasdaq en primer y segundo lugar, que en estas fechas al bajar el valor de sus acciones se producen pérdidas muy importantes en millones de dólares al ser las más buscadas por los jugadores en bolsas, terremoto que también ha producido el efecto dominó en todas las del mundo, tanto las europeas, como las asiáticas en menor medida, lo que desalienta a los inversores a poner juego sus capitales o ahorros en grandes o pequeños volúmenes.

Mientras, la locomotora de Trump sigue Trump, Trump, Trump hasta que descarrile totalmente.

El autor es abogado nicaragüense residente en España.

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