Cuaresma y esperanza en un tiempo de gran aflicción

El miércoles de esta semana, llamado “de ceniza” por los creyentes católicos y de otras iglesias cristianas, ha marcado el comienzo del período de cuarenta días antes de la Semana Santa de 2025, en particular la celebración de la Pascua o Resurrección de Jesucristo.

La Cuaresma es un tiempo de mucha solemnidad para la Iglesia. Conmemora los cuarenta días que Jesucristo estuvo en el desierto, ayunando, orando y resistiendo las tentaciones demoníacas antes de ser sacrificado en la cruz.

Además, la Cuaresma conmemora otros acontecimientos trascendentales de la historia bíblica, como los cuarenta días que transcurrieron hasta que las aguas bajaron a su nivel después de que terminó el diluvio universal; los cuarenta días que Moisés oró y ayunó en el Monte Sinaí cuando Jehová le entregó las Tablas de la Ley, y los cuarenta años que el pueblo elegido por Dios anduvo perdido en el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida.

Espiritualmente la significación de la Cuaresma es inmensa. Tiene un valor especial de redención, pero también de esperanza en la libertad, como explica el teólogo católico y escritor español Tomás Muro Ugalde.

“La vida es una cuaresma, un desierto por el que caminamos hacia la libertad, puede ser un momento de tomar conciencia de que ha comenzado nuestra liberación”, escribe el teólogo hispano. Y agrega: “La tierra de promisión no es tanto un lugar geográfico cuanto la meta soñada”.

Esta significación de la Cuaresma es muy importante para el pueblo de Nicaragua, por la persecución estatal sistemática contra la Iglesia católica y denominaciones evangélicas; por la angustia que sufren los cristianos que ejercen el derecho de practicar su fe.

Como es bien conocido, los viacrucis previos a la celebración de la Semana Santa, y casi todas las procesiones durante esta que son las manifestaciones externas de la fe, han sido prohibidas de hecho por el régimen anticristiano imperante en Nicaragua.

Tres obispos y numerosos presbíteros, diáconos, seminaristas y activistas de la Iglesia católica, así como pastores evangélicos, se encuentran exiliados, lejos de sus parroquias y feligreses, por la feroz persecución religiosa que dura ya varios años.

Muchas órdenes de religiosas consagradas han sido canceladas y sus bienes confiscados por el Estado. A numerosas monjas se les ha perseguido solo por su dedicación a hacer obras de caridad en favor de los más necesitados, como manda la doctrina cristiana.

Sin embargo, es precisamente en circunstancias sombrías como esta, como dice también el teólogo Tomás Muro Ugalde, que “la cuaresma puede —y debe— ser un momento de tomar conciencia de que ha comenzado nuestra liberación”. La fe nutre la esperanza y esta da la fortaleza necesaria para resistir.

Los cristianos han sido perseguidos por su fe desde que nació el cristianismo. Gobernantes despóticos muy poderosos trataron a lo largo de la historia de destruir a la Iglesia, de arrancar la fe de las conciencias y los corazones de los cristianos. Pero por mucho dolor humano emocional y físico que causaron, jamás pudieron lograr sus nefastos propósitos.

Y no hay ninguna razón para creer que lo van a conseguir ahora aquí, donde hay un pueblo tan cristiano y mariano como es el nicaragüense.

Editorial
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