Adversidades y retos en el Día del Periodista Nicaragüense

El 1 de marzo se celebra el Día del Periodista Nicaragüense. Fue instituido en 1964 mediante un decreto legislativo del Congreso Nacional de aquella época, por iniciativa de un periodista que también era diputado. Se escogió el 1 de marzo para la celebración porque en un día como ese, en 1888, se publicó el primer periódico que circuló diariamente en el país con el nombre Diario de Nicaragua.

Algunos dicen que actualmente esta celebración no tiene sentido en Nicaragua, porque no hay libertad de prensa, porque prácticamente todos los periodistas independientes están en el exilio y algunos inclusive en la cárcel. Solo en el exterior pueden funcionar los medios independientes, como LA PRENSA, que gracias a internet llevan sus informaciones a algunos sectores de nicaragüenses dentro del país.

Sin embargo, a nuestro juicio, aun en estas circunstancias tan adversas se debe celebrar el Día del Periodista Nicaragüense, ya sea para agasajarse los que quieran y tienen derecho a hacerlo, o como ocasión para reiterar la denuncia de la falta de libertad de expresión e información dentro del país. Así como también para solidarizarse con los periodistas que siguen encarcelados y reafirmar el compromiso de lucha para que el periodismo libre algún día se pueda volver a ejercer en Nicaragua.

También se dice que el periodismo es una profesión en vías de extinción. No sólo porque en muchos países, como Nicaragua, no es posible ejercer esta antigua y noble profesión de tanta utilidad social. Sino también, y sobre todo, por el desarrollo alucinante de las nuevas tecnologías de la comunicación, incluyendo la inteligencia artificial, que generan de manera directa y en tiempo real torrentes de la información que más interesa a las grandes masas de gente conectada a las redes sociales y otras plataformas de comunicación. Lo cual, junto a la reducción enorme de los ingresos por publicidad, ha causado una grave crisis de sostenimiento de los tradicionales medios de información.

Pero, a pesar de eso el periodismo y los periodistas siguen siendo importantes y necesarios, en cierto modo quizás más que antes de que comenzara la revolución de la comunicación. Es que ahora las noticias falsas, las mentiras deliberadas y las estafas en línea son tantas y se propagan de manera tan rápida y masiva que el trabajo de los periodistas, basado rigurosamente en hechos reales y veraces, es más apreciado y mejor valorado por la gente que necesita información de calidad.

La misma inteligencia artificial (IA), que según ciertas opiniones es la mayor amenaza para el futuro del periodismo, asegura que no es cierto que los periodistas se están extinguiendo, y que más bien, aunque ahora son menos en cantidad, por la calidad de su oficio son tan necesarios como antes, o más.

Es que precisamente por ser ahora tan abundantes y abrumadoras las noticias falsas que se propagan con impresionante rapidez —explica la IA— “el trabajo del periodista se hace más crucial para verificar los hechos”.

Además, y esto es muy importante para nosotros, esta revolucionaria tecnología de la informática señala que  “el periodismo sigue siendo esencial para la democracia y el buen funcionamiento de la sociedad”. Y agrega: “La capacidad de investigar, cuestionar, y ofrecer una visión objetiva y detallada de los hechos es algo que las máquinas y las plataformas automáticas no pueden hacer de manera efectiva”.

Es cierto que los desafíos planteados a los periodistas son complejos. Pero los periodistas pueden adaptarse con inteligencia y agilidad a las nuevas circunstancias. Así lo están haciendo muchos y siempre habrá bastante gente e instituciones que necesiten información veraz y fundada en hechos, lo mismo que la interpretación crítica de los sucesos, el análisis profesional y la contextualización responsable de la información. Que es precisamente lo que hace el periodismo profesional.

De manera que los periodistas seguirán siendo necesarios. Sobre todo los que no se arredran frente a los retos del avance tecnológico, ni ante las agresiones de los enemigos viejos y nuevos de la maravillosa y siempre necesaria libertad de prensa y de expresión sin censuras del pensamiento.

Editorial
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