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A pocos días de que se cumplan tres años desde que el dictador Daniel Ortega ordenó congelar el precio de los combustibles, la medida sigue generando ganancias millonarias. Según cálculo de especialistas, en 2024 el margen entre el precio de compra y el que pagan los consumidores generó 183 millones de dólares, que sumados a los 78 millones que produjo en 2023, totalizan 261 millones de dólares. Y mientras las distribuidoras y el régimen se reparten estas millonarias utilidades, los nicaragüenses siguen comprando los combustibles más caros de la región.
En 2022, en medio de una ola alcista que enfrentaba el precio del petróleo, que en abril de ese año lo hizo superar los cien dólares por barril y en los siguientes meses lo acercó a los 150 dólares por barril, Ortega anunció a principios de abril que el precio de los combustibles se mantendría congelado. El Estado a través de un subsidio, asumiría las diferencias generadas por las alzas en el precio del petróleo y el precio de venta a nivel local.
Para hacerle frente a esa «diferencia» entre el precio de compra y el que pagarán los consumidores en las estaciones de servicio de Nicaragua, Ortega contrató una línea de crédito por 200 millones de dólares con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Según reportes de medios oficialistas, a partir de abril de 2022 el Estado nicaragüense destinaba cada semana entre 4 y 6 millones de dólares, para subsidiar las alzas en los precios de los combustibles que no se aplicaban.
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Precio del petróleo bajó
Sin embargo, nunca reportaron cuántas semanas o meses duró esta situación ni cuánto dinero del préstamo se invirtió en dicho subsidio. Fue el BCIE el que posteriormente confirmó que Nicaragua solo retiró 85.80 millones de dólares del préstamo de 200 millones. Y es que en diciembre de ese año, es decir ocho meses después de congelar el precio de los combustibles, el del petróleo ya se encontraba en alrededor de 80 dólares por barril.
Desde entonces, aunque con alzas ocasionales, se ha mantenido en esos niveles, incluso, actualmente ronda los 70 dólares por barril. Sin embargo, en las estaciones de servicio de Nicaragua los consumidores siguen pagando los mismos precios de cuando el barril de petróleo valía más de cien dólares y cada viernes escuchan a funcionarios del Instituto Nicaragüense de Energía (INE) decir que el Estado asumirá la diferencia que generan las alzas que no se aplican.
«El congelamiento de los precios es el mecanismo para controlar el margen del mercado con la colaboración de Puma y UNO, le venden a las gasolineras de banderas blancas (que antes pertenecían a la DNP)», dice un especialista del sector que solicita anonimato.
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Combustibles más caros que el promedio
El especialista detalla que durante el 2024 el «impuesto solapado» o excedente entre el precio promedio internacional del Golfo de México y el de venta en las estaciones de servicio de Nicaragua de la gasolina regular fue de 59 centavos de dólar por galón; el de la gasolina súper de 54 centavos de dólar por galón y el del diésel 45 centavos de dólar por galón.
Esto implica que las personas que compraron combustibles en Nicaragua pagaron en promedio por cada galón, 48 centavos de dólar más que el precio promedio internacional. Al multiplicar este margen por los 8.89 millones de barriles de combustibles que aparentemente se consumieron el año pasado, resulta un margen de 183 millones de dólares.
Esta cifra es la ganancia adicional que garantizó la estrategia de no aplicar las rebajas que registró durante el año pasado el precio internacional del petróleo West Texas Intermediate (WTI), que es el de referencia para Nicaragua.
Sin reporte de precios de los combustibles
Según el especialista, la estrategia de mantener congelado el precio de los combustibles comenzó a generar utilidades desde 2023, cuando dejó un margen de unos 78 millones de dólares; en 2024 ese «impuesto solapado», como lo llama el especialista, produjo una ganancia adicional de unos 183 millones dólares, por lo que el acumulado en los dos años ronda los 261 millones de dólares.
La estrategia es efectiva para generar ganancias pero afecta a los consumidores que además compran los combustibles más caros de la región. Así lo lo reflejan los informes semanales que publica el Comité de Cooperación de Hidrocarburos de América Central (CCHAC), del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA). Desde hace varios años dichos informes reflejan que Nicaragua vende el diésel más caro de la región y que dependiendo del movimiento de los precios en Costa Rica, las gasolinas tienen el primero o segundo precio más caro entre los países miembros del SICA.
Sin embargo, durante el segundo semestre del año pasado, cuando Nicaragua ocupó la presidencia pro tempore del SICA no se publicó ni un solo reporte de estos precios. No obstante, mientras en Nicaragua el precio de los combustibles cumplirá próximamente tres años de estar congelado, en los países vecinos se han aplicado muchas bajas como resultado del abaratamiento del precio del petróleo.
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