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Después de que el presidente republicano Donald Trump en Estados Unidos ha dado indicios de las prioridades de su política exterior y relación con los países de la región, se puede predecir, según expertos en relaciones internacionales, que la relación de EE. UU. con Nicaragua, bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo —que mantiene sumergido al país en una grave crisis sociopolítica y de derechos humanos—, no será similar a la que tenía con la Administración de Joe Biden dado a que el tema de la migración empujará a EE. UU. a ejercer mayor presión política.
Funcionarios norteamericanos como el secretario de Estado, Marco Rubio, y Mauricio Claver-Carone, enviado especial de Estados Unidos para América Latina, han aseverado que Nicaragua, Cuba y Venezuela son temas de importancia para la Administración Trump. Por su parte, Ortega, a pesar de que se atrevió a arremeter contra EE. UU. por las deportaciones de migrantes, no mencionó a Trump, quien retornó a la Presidencia de EE. UU. con promesas de poner mano dura a los migrantes indocumentados.
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«A los imperialistas no se les puede creer ni un tantito así (…) Esa es la historia que seguimos enfrentando. El Ku Klux Klan está ahí en Washington. Lo que pasa es que el Ku Klux Klan, hay momentos en que ahorca, asesina públicamente sin asco y, otras veces, fingen ser democráticos», dijo Ortega en su intervención en la XII Cumbre Extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba-TCP), celebrada este lunes 3 de febrero.
Sumado a eso, la dictadura divulgó una carta de protesta en la que rechazó las declaraciones que brindó Rubio en Costa Rica, sentenciando que las palabras «es una vez más inaceptables» y calificó la conducta del gobierno estadounidense como «carnicera y diabólica, representa el atrevimiento, abuso, sufrimiento, muerte y dolor de millones de seres humanos que han vivido y viven el infierno del Imperialismo y sus políticas y prácticas».
«EE. UU. ya identificó a tres enemigos»
El exembajador de Nicaragua en Alemania y analista político, José Dávila, aseveró a este Diario que las relaciones entre EE. UU. y Nicaragua «no pintan bien para estos próximos meses y años» dado a que el régimen de Nicaragua «es el más desprestigiado de América Latina, es un régimen que ha sobrepasado niveles de persecución y represión de dictaduras militares en la región».
Por lo anterior, Dávila identificó tres factores por los que él cree que las relaciones diplomáticas entre ambas naciones «no serán aceptables», entre ellas está «el sometimiento a Rusia y el apoyo inversionista, las relaciones con Irán; el tema de China, y Nicaragua está entregada a China, y ya hemos visto que ha comenzando una guerra comercial; y por último el tema de la migración nicaragüense, por lo tanto, Ortega no debe esperar que EE. UU. va a negociar».

Carlos Murillo Zamora, experto en relaciones internacionales, temas de integración y catedrático de la Universidad de Costa Rica (UCR), mantiene una postura similar a la de Dávila al mencionar que ahora «Trump en su versión 2.0 busca lo que históricamente hace, tener un enemigo, es el problema de la superpotencias hegemónicas, si no tienen un enemigo sienten que no logran nada».
En este caso particular, Murillo Zamora detalló que EE. UU. está combatiendo a China, pero «sin querer confrontarlo militarmente, entonces recurre a una vieja táctica hegemónica, que es presionar a los aliados de China bajo el principio que en relaciones internacionales se llama soberanismos que es no se hace nada si no se logra ningún beneficio».
Ahora, sostiene el experto costarricense, lo que Trump busca en América Latina con el regreso de la Doctrina Monroe —que data desde el Siglo XIX— es «replantear las relaciones estableciendo algunas acciones, ya Rubio identificó tres enemigos, ni siquiera son adversarios o rivales, son enemigos, que son Cuba, Nicaragua y Venezuela».

El politólogo nicaragüense y director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo, de Diálogo Internacional, Manuel Orozco, indicó que sin duda alguna dentro de la política exterior de Estados Unidos, «Nicaragua, al ser considerado ‘enemigo de la humanidad’, los ha puesto en un banquillo de acusados a los que su juicio está por definirse».
Por lo anterior, aseveró que «Ortega y Murillo saben que no es una cuestión de si algo va a pasar, si no de cuándo, y que ellos tienen en sus manos la posibilidad de resolver un conflicto no favorable a ellos».

Aumento de la presión política
Un experto nicaragüense en relaciones diplomáticas, bajo la estricta condición de anonimato por temor a represalia, aseveró que «habrá mayor presión política sobre la dictadura, porque ya hemos visto cómo los principales funcionarios de la diplomacia de EE. UU. han demostrado desprecio a los regímenes como Nicaragua y los han acusado por los abusos que han cometido».
El experto costarricense indicó que esa presión política conlleva de acuerdo al comportamiento de la Administración de Biden la reactivación de sanciones a la dictadura Ortega Murillo, vinculado a la situación migratoria. «En lugar de hacer acciones directas como las venía implementando la Administración Biden, lo que ahora Trump busca es encerrar a Nicaragua con los aliados estadounidenses como El Salvador y Costa Rica para que puedan bloquear a Nicaragua», apuntó Murillo Zamora.

Enseguida, precisó que en materia migratoria, aunque Trump «puede controlar el ingreso de nicaragüenses a los EE. UU., eso no provoca cambio en la salida de nicaragüenses desde el país, y lo que busca Trump es que no salgan para generar presión al régimen y ver cómo lo derrocan. Como EE. UU. ya puede controlar el ingreso de migrantes a EE. UU., lo que queda ahora es evitar que Costa Rica, por eso lo dijo Rubio, sufra por los efectos de la dictadura».
Murillo Zamora aseveró que «EE. UU. está cerrando todas las puertas de migración nicaragüense no sólo para que no lleguen a EE. UU. sino que no haya remesas para el régimen nicaragüense y claro, que tiene que venir complemente con sanciones o medidas comerciales. Las relaciones diplomáticas serán sin duda muy tensas».
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Por su parte, el politólogo nicaragüense Orozco, quien se ha dedicado a investigar y analizar temas de migración y remesas, afirmó que el tema de las deportaciones de migrantes nicaragüenses «se manejará independientemente de la conducta del régimen. Pero alertarán de ser vigilantes de cualquier afectación a esas personas».
Orozco destacó que para Estados Unidos, «Nicaragua no podrá continuar siendo un socio comercial y estado forajido a la vez, y por eso, Ortega tendrá que dar muestras en el corto plazo de lo que es. No es una cuestión de relaciones comerciales, sino de otros actos violatorios como la relación con China para invertir y subvertir el entorno geopolítico local».
El politólogo compartió que teniendo en cuenta que el 80 por ciento de las transferencias de remesas a Nicaragua provienen de EE. UU., y si la Administración Trump decide reactivar las sanciones ocurrirá en medio de la Ley de Protección de los Sancionados de la dictadura con la que «tiene a los bancos chantajeados bajo amenaza de enjuiciamiento, (Ortega) arriesga una política de cancelación de corresponsalías con la banca americana».
Orozco señaló que la dictadura «tiene deudas con los Estados Unidos sobre la expulsión de nicaragüenses, el uso del país como puente migratorio, y las confiscaciones de propiedades».