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Tradición familiar. Durante 53 años, la familia al Assad gobernó Siria con puño de hierro. Hafez al Assad llegó a la Presidencia en 1971 y ahí seguía casi tres décadas después, en el año 2000, cuando murió a la edad de 69 años. Debido a que su hijo mayor, Basel, falleció en 1994 en un accidente de tránsito, la sucesión recayó sobre el menor, Bashar, médico oftalmólogo, quien asumió un régimen consolidado sobre la represión y el miedo. El 8 de diciembre de 2024 la dictadura familiar llegó a su fin, con la huida de Bashar al Assad. Poco después circularon imágenes de hombres armados incendiando el mausoleo de mármol donde reposaban los restos de Hafez y Basel.
Guerra. El 15 de marzo de 2011 los levantamientos de la Primavera Árabe inspiraron una manifestación pacífica a favor de la democracia en la ciudad de Deraa, situada en el sur de Siria. La protesta fue aplastada por el gobierno sirio y eso hizo estallar más manifestaciones en todo el país, exigiendo la renuncia de al Assad. La represión y la violencia crecieron rápidamente, la oposición tomó armas y el país se sumió en una devastadora guerra civil que involucró a potencias regionales y mundiales. El conflicto duró más de 13 años hasta el fin de la dinastía, que terminó cayendo en solo 12 días.
Estragos. Más de medio millón de personas murieron durante la guerra de Siria y 12 millones se vieron obligadas a huir de sus hogares. Es decir, poco más de la mitad de la población fue desplazada por el conflicto armado, protagonizando uno de los mayores éxodos de la historia reciente. Según Acnur, agencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los refugiados, 6.7 millones de sirios son desplazados internos, mientras que otros 5.6 millones están refugiados en el extranjero. De acuerdo con la BBC, países vecinos como Líbano, Jordania y Turquía albergan al 93 por ciento de la población refugiada. Alrededor de un millón de niños refugiados sirios han nacido en el exilio.
Hambre. A los estragos de la guerra se sumaron la corrupción del régimen y las sanciones internacionales, un cóctel que deterioró enormemente la economía siria, sobre todo en las zonas que estaban controladas por al Assad (y no por los rebeldes). En 2021 la ONU informó que más de 13 millones de personas sirias requerían asistencia humanitaria y de protección, mientras que casi el 90 por ciento de la población vivía en pobreza y el precio de la canasta básica había subido un 236 por ciento. Por otro lado, 12 millones de sirios sufrían inseguridad alimentaria y medio millón presentaba desnutrición, según datos de la Cruz Roja ese mismo año.
Soldados. En términos de fuerza militar, el ejército sirio ocupa el lugar 60 a nivel mundial, según el Índice Global de Potencia de Fuego de 2024, que evalúa a 145 países. Pero varios factores lo debilitaron al punto del colapso. En los primeros años de la guerra perdió unos 300 mil soldados, ya sea en combate o porque desertaron o se unieron a la oposición. Además, la mala alimentación, los salarios paupérrimos (de 15 a 17 dólares), el liderazgo mediocre de los oficiales y el mal entrenamiento recibido no contribuyeron a levantar la moral de sus efectivos. Muchos huyeron ante el avance los rebeldes, abandonando sus puestos, sus armas e inclusos sus uniformes, pues algunos se vistieron de civil.
Dominó. Una serie de conflictos bélicos provocó un efecto dominó que desembocó en la caída de Bashar al Assad. El 7 de octubre de 2023 Hamás, grupo que controla la Franja de Gaza, atacó a Israel, esto desencadenó cruentos combates entre el ejército israelí y Hezbolá en el Líbano, por lo que el partido-milicia ya no pudo proporcionar apoyo militar al régimen sirio. Irán tampoco pudo seguir enviando asesores y armamento, debido a que Israel y Estados Unidos controlan la mayor parte del espacio aéreo sirio. Además, Rusia está ocupada en su guerra con Ucrania y retiró gran parte del equipo y personal que había destinado a Siria. Sin el respaldo de estos tres grandes aliados, el régimen de al Assad estaba viviendo en tiempo extra.
Relámpago. En los últimos años la guerra de Siria desapareció de los titulares y el mundo ya la había asumido como un conflicto de nunca acabar. Sin embargo, el pasado 27 de noviembre el grupo militante islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS) y sus aliados anunciaron que habían lanzado una ofensiva, acusando al gobierno de al Assad y sus milicias respaldadas por Irán de intensificar los ataques contra civiles en el noroeste del país. Los rebeldes capturaron Alepo, la segunda ciudad más grande del país, y avanzaron hacia la capital Damasco, tomando varias ciudades más, mientras el ejército sirio colapsaba. La mañana del domingo 8 de diciembre ingresaron a la capital sin encontrar resistencia y menos de dos horas después declararon: “El tirano Bashar al Assad ha huido”.
Rebeldes. Hayat Tahrir al Sham (HTS), cuyo nombre significa Organización para la Liberación del Levante, lideró la ofensiva contra al Assad. El grupo nació en 2012 con el nombre de Frente al Nusra y al inicio tuvo vínculos con el Estado Islámico y al Qaeda, pero a mediados de 2016 intentó romper con sus raíces extremistas, uniéndose a otras facciones rebeldes, hasta adoptar el nombre actual. Consolidó su poder en las provincias de Idlib y Alepo al aplastar a sus rivales, incluidas células de al Qaeda y el Estado Islámico (EI).
Terrorismo. Pese a sus esfuerzos por presentarse como un grupo moderado, HTS continúa fichado como “terrorista” por varios países, incluido Estados Unidos. El gobierno estadounidense incluso mantiene una recompensa de 10 millones de dólares por la cabeza de Abu Mohamed al Golani, líder de HTS y figura clave en la caída de al Assad. Tanto HTS como al Golani han enfrentado acusaciones de violaciones a los derechos humanos. En una reciente entrevista para CNN, al Golani aseguró que no representa una amenaza para Europa o Estados Unidos.
Transición. Los rebeldes que tomaron el poder en Damasco nombraron un gobierno transitorio, encabezado por Mohamad al Bashir, quien hasta ahora dirigía el gobierno del bastión rebelde de Idlib, en el noroeste de Siria. El gobierno de transición es islamista y ejercerá sus funciones hasta el 1 de marzo. Por el momento los rebeldes han prometido que se garantizarán los derechos de todos los grupos religiosos, en un país donde sunitas, alauitas, cristianos y kurdos cohabitan con dificultad. También aseguran que no habrá amnistía para los torturadores del régimen depuesto. Una de sus primeras medidas fue la disolución del Parlamento y la suspensión de la Constitución por un periodo de tres meses. Por ahora el futuro de Siria sigue siendo una incógnita.