Una imagen de productos tradicionales de La Purísima, elaborados con palma y bambú entre los que destacan pitos, matracas, maracas, canastitas y chischiles. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
La invasión del plástico: metamorfosis de “la gorra” en La Purísima
El 7 de diciembre de 1857, el párroco de la iglesia San Felipe de León, Gordiano Carranza, instó a la feligresía católica a que levantaran altares en sus viviendas y visitaran casa por casa para rezar, cantar y gritar a la Virgen María y su Inmaculada Concepción.
La patrona de los nicaragüenses es la Inmaculada Concepción de María, que se celebra todos los años con una novena de rezos que inician cada 29 de noviembre y concluyen con la celebración de La Gritería, todos los 7 de diciembre.
En este último mes del año, no solo se celebra la Navidad, sino que también La Purísima, que, contrario a las fiestas públicas de La Gritería, son rezos de carácter privado que se realizan con invitados.
Las fiestas en honor a la Virgen María ya forman parte de la cultura nicaragüense, llenas de color y cargadas de tradición, con cantos originales, altares adornados con flores de madroño con corozos y la repartición de “la gorra”, compuesta por dulces tradicionales como coyolitos, cajetas de leche, cajetas de coco, piñonates, caramelos de maní, cripetas, churros y huevos chimbos.
Lamentablemente, cada vez se ven menos en las Purísimas estos dulces tradicionales, porque han sido remplazados por chocolates y confites de marcas extranjeras.
Antes, se obsequiaba ayote en miel en comalitos de barro. También, vigorón y chicha de maíz fermentado en cumbas de jícaro selladas con un tapón de olote. Las cajetas se ponían en canastitas de palma, al natural o pintadas con colores vívidos y alegres.
A estos productos de “la gorra” se les ha sustituido con bebidas gaseosas, bolsitas de arroz, azúcar y frijoles, así como sopas instantáneas, botellitas de litro de aceite, café, cerillos, que si bien se ajustan a la realidad de las necesidades de las familias pobres del país, a la vez están haciendo desaparecer a los productos tradicionales.
Los artesanos, especialmente los de la ciudad de Masaya, han sufrido mucho esos cambios que se vienen dando desde los inicios de los años noventa, cuando los juguetes y adornos tradicionales empezaron a ser relevados por productos plásticos como vasos, tazas, panas, escobas, alcancías, bolsas y una infinita variedad de recipientes de ese material.
Los productos tradicionales son elaborados a base de bambú y palma de coco y entre ellos se encuentran chischiles, pitos, indios, canastitas, matracas, maromeros, palomitas, escobitas de palma.
Baldes y vasos plásticos con estampados de flores y la imagen de la Inmaculada Concepción de María. Estos productos se popularizaron después de la década de los años 80, cuando había crisis económica debido a la guerra y los productos tradicionales se producían cada vez menos. A la vez, gracias al ingenio de los nicaragüenses, aparecieron también botellas de vidrio cortadas a la mitad y convertidas en vasos para la gorra de La Gritería. Además, las canastitas de palma fueron sustituidas por unas fabricadas de forma manual con cartulina y almidón. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEProductos tradicionales, como la caña de azúcar y los limones dulces, han sobrevivido a los cambios experimentados por el brindis de La Purísima. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEUna mujer de Masaya elabora canastitas de palma de forma artesanal con colores vistosos para las fiestas marianas de diciembre. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEUn detalle con canastitas de palma y chischiles multicolores fabricados en la ciudad de Masaya. Muchos de estos artículos tradicionales no son valorados por las personas que asisten a las Purísimas y a La Gritería, menospreciando el laborioso trabajo de los artesanos y contribuyendo a sepultar los productos tradicionales en favor de los extranjeros. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEUn hombre fabrica piezas a base de madera para la elaboración de matracas, en su taller artesanal. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEMatracas y pitos elaborados por manos de artesanos nicaragüenses. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEMaracas con la inscripción de Nicaragua son parte de la tradición de La Purísima para acompañar los cantos a la Virgen junto a los chischiles, pitos y guitarras. Óscar Navarrete/ ARCHIVO/ LA PRENSA.Una celebración de La Purísima en la que no pueden fallar los productos plásticos que han sustituido a los tradicionales. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETETramo lleno de productos plásticos que van desde sillas, juguetes, baldes, vasos y bancos que son ofertados para las fiestas marianas. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEA la izquierda de esta imagen, una canastita elaborada con palma, colores vívidos y adornos de plumas versus recipientes plásticos. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEEn diciembre, el comercio se inunda de productos plásticos, cuando antes lo que abundaba era el producto elaborado por artesanos. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETEUn altar de la Inmaculada Concepción de María adornado de forma tradicional con una base de canastos de palma llenos de indios, matracas, chischiles, pitos, canastitas y boleros. Actualmente no existe una política que preserve esta tradición y que respalde el trabajo de los artesanos, que se va apagando lentamente por la sustitución de sus productos. LA PRENSA/ ARCHIVO/ ÓSCAR NAVARRETE
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