Marx Gurdián tenía 31 años cuando sus secuestradores lo mataron. CORTESÍA

Pagaron a los secuestradores 20,000 dólares por su liberación y aun así lo mataron

La familia de Marx Gurdián debe 28,000 dólares y desde hace seis meses están lidiando con los trámites para repatriar el cuerpo desde México y darle sepultura con los suyos en Matagalpa. Esta es su historia.

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Cuando Marx Bagdiel Gurdián Larios ya estaba muerto, sus secuestradores le pidieron 5,000 dólares más a sus familiares con la falsa promesa de liberarlo inmediatamente.

—Pero si ya les pagamos los 20,000 que pidieron, ¿cómo van a pedir más? —reclamó Carlos, hermano de Marx.

—¡O pagan o se muere! —advirtió el secuestrador por teléfono.

—Dennos una prueba de que está vivo sí. Ya tenemos días de no saber de él.

—Él está bien. Manden el dinero y se va libre.

—Si nos enseñan video donde él nos dice que está bien, mandamos el dinero —dijo Carlos.

La familia Gurdián no volvió a saber ni de Marx ni de los secuestradores y después de cuatro días de incertidumbre, un amigo con el que viajaba Marx se contactó con ellos y les dijo que los secuestradores lo habían asesinado el 24 de mayo de 2024, cuatro días después de que habían pagado los 20,000 dólares que pidieron para liberarlo.

Seis meses después, los familiares de Marx están haciendo todos los trámites posibles para traer el cuerpo de regreso a Nicaragua y darle sepultura. Quieren hacerlo antes de diciembre para pasar las fiestas navideñas en paz.

En medio de los trámites y el luto, Carlos Gurdián explica que la familia está haciendo lo posible por reunir los 28,000 dólares que debe a diferentes personas. Ocho mil dólares fue lo que Marx prestó para pagarle al coyote que lo llevaría a Estados Unidos, y los otros 20,000 fueron los que la familia reunió, también prestando, para pagarle a los secuestradores y confiando en que lo liberarían, pero no fue así.

“No sabemos por qué lo mataron”, repite Carlos mientras recuerda a su hermano. También está pendiente de su madre, quien está “con un dolor inmenso”, pero de quien asegura que no se deja vencer porque puede que su hermano no esté físicamente con ellos, “pero su espíritu está con nosotros”.

Marx Gurdián fue secuestrado y asesinado en México. CORTESÍA

El sueño de Marx

Marx Gurdián Larios tenía 31 años cuando lo mataron. El 7 de junio iba a cumplir 32. Era originario de Matagalpa y el tercero de cuatro hermanos que toda su vida fueron muy cercanos, cuenta Carlos.

“Desde pequeños hemos sido siempre unidos. Es dura la partida de él. Nunca nos habíamos separado”, relata mientras recuerda su infancia con su hermano jugando en las calles de La Dalia y Rancho Grande, donde también vivieron en diferentes etapas de su vida y en dependencia de los trabajos que iba encontrando su padre en los pueblos de la zona.

Según Carlos, su hermano se dedicó a estudiar y cuando ya estaba grande empezó a trabajar en construcción con su padre. Logró graduarse de un técnico en Agronomía y después otro técnico en Electricidad. Con eso se ganaba la vida, además de hacer trabajos de albañilería.

Pronto se casó con una muchacha que conoció en Rancho Grande y con la que tuvo dos hijos: un niño de 10 años y la niña de 6.

“Él era hiperactivo. Le gustaba trabajar y caminaba haciendo trabajos por su familia para llevar comida a la mesa”, dice Carlos, quien señala que su hermano tenía el sueño de terminar de construir una casa para sus hijos y otra para su madre. Por esa razón fue que decidió migrar a Estados Unidos para ahorrar y levantar ambas viviendas.

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Carlos dice que su hermano no quiso aplicar al parole humanitario porque decía que tardaban mucho en dar respuesta y él quería irse cuanto antes. “Cuando se le metía una cosa nadie lo sacaba de ahí”, relata. En Estados Unidos lo esperaba otro de sus hermanos y su padre, quienes migraron meses antes.

Marx se contactó con un coyote que le recomendaron y este le cobró 8,000 dólares para guiarlo en la travesía. El hombre empezó a prestar dinero entre todos sus conocidos para pagarle al coyote y cuando lo hizo, salió hacia Estados Unidos el 20 de abril de 2024. A todos los que le prestaron el dinero, les prometió que les pagaría sin falta cuando llegara a su destino y consiguiera empleo, pero Marx nunca llegó.

“Mafia”

“Esos coyotes son parte de una mafia”, dice Carlos Gurdián. Él está convencido de que la persona a la que le pagó su hermano para que lo llevara a Estados Unidos fue la que lo entregó a los secuestradores que le quitaron la vida.

Junto a ese coyote, Marx salió de Nicaragua con un par de conocidos de Rancho Grande y en el camino, el coyote fue agregando a más personas al grupo.

Cuando llegaron a México, el coyote los hizo dibujarse a todos una marca en sus manos con el pretexto de que era para que los grupos de crimen organizado que operan en ese país supieran que habían pagado su cuota y los dejaran pasar sin problemas. “Esa seña más bien era una marca para que los secuestradores se los llevaran. Todo el grupo se puso la seña y a todo el grupo lo secuestraron”, señala Carlos.

El 15 de mayo, casi un mes después de que Marx empezó su travesía, fue secuestrado en Torreón, Coahuila, en el norte de México. De ahí, fue llevado junto con los otros migrantes hacia Chihuahua. Con su familia se comunicaron al siguiente día, el 16 de mayo, y les pidieron los 20,000 dólares.

Marx Gurdián era originario de Matagalpa. CORTESÍA

Carlos cuenta que no tuvieron más opción que prestar dinero a todos los conocidos posibles hasta juntar los 20,000 y tras seguir las instrucciones de los secuestradores, enviaron el dinero el 20 de mayo. Los criminales dijeron que esperaran noticias de Marx en las próximas horas, pero tras varios días, todavía no daban razón de él.

Fue hasta el 26 de mayo que los secuestradores se contactaron nuevamente con la familia para pedirles 5,000 dólares más. La familia estaba tan desesperada que estaban dispuestos a pagar el dinero. “Íbamos a tener una deuda mucho más grande, pero valía la pena por la vida de él. La vida de mi hermano valía más que cualquier cosa”.

Pero antes de desembolsar el dinero, Carlos pidió una prueba de vida que nunca llegó. Dos días después, el 28 de mayo, una persona a la que Carlos identifica como Jamir, se comunicó con la familia para decirles que a Marx lo mataron el 24 de mayo.

Carlos explica que Jamir también estuvo secuestrado con Marx y fue uno de los que salió con él desde Rancho Grande. Jamir le contó que ese 24 de mayo, una banda rival de los secuestradores llegó a atacarlos en el lugar donde estaban y estos, para que no se escaparan sus rehenes, les dispararon y los mataron. Entre ellos estaba Marx.

Jamir dijo que algunos rehenes sobrevivieron y que después del enfrentamiento, los secuestradores hicieron que los sobrevivientes envolvieran a los muertos en sábanas blancas. Jamir también le contó que él mismo envolvió a Marx, y después de eso, los secuestradores lo liberaron y lo llevaron a la frontera con Estados Unidos.

A Carlos no termina de convencerlo esta versión que le dio Jamir. “Yo lo siento todo raro. Después de que nos dijo eso, ya no volvimos a tener contacto con él. Lo único así certero que sabemos es que a mi hermano lo mataron”, señala.

Cuando recibió la noticia del asesinato de su hermano, Carlos trató de contactar a los secuestradores, pero estos ya no le respondían. Desesperado, se contactó con una organización que ayuda a familiares de migrantes fallecidos en México y varias semanas después lograron dar con un cadáver que tenía características similares a las de Marx.

Ese cadáver estaba en una morgue de la Fiscalía de Chihuahua. Lo encontraron las autoridades mexicanas a finales de mayo y estaba envuelto en una sábana blanca. La familia estuvo varias semanas tratando de confirmar que ese cadáver se trataba de Marx, hasta que el Servicio Médico Forense (Semefo) de México encontró coincidencias en las muestras de ADN aportadas por la familia.

Los Gurdián ahora están en trámites para traer los restos de Marx a Nicaragua. Por ahora deben enviar unos documentos y un poder a una funeraria que se encargará de sacar el cuerpo de la morgue para prepararlo y repatriarlo.

Mientras tanto, la deuda de 28,000 dólares que carga la familia están empezando a pagarla poco a poco, dice Carlos.  Para fortuna de ellos, la Gobernación de Chihuahua les informó que asumirá los costos de la repatriación que se calculan en unos 5,000 dólares.

La Prensa Domingo Estados Unidos Nicaragua archivo

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