Doña Violeta, la madre de los nicaragüenses

Hace cuatro años escribí una nota sobre doña Violeta con motivo de su cumpleaños, que actualizo en parte. Y es que hoy, 18 de octubre del 2024, cumple 95 años doña Violeta quien, junto con la Virgen María, es la madre de los nicaragüenses.

Doña Violeta, los nicaragüenses sabemos que usted no está bien de salud, por lo que con más razón le reiteramos nuevamente en su cumpleaños que la queremos mucho y que nos hace mucha falta.

A la par de nuestra bandera azul y blanco, durante su presidencia usted nos cobijó y protegió, y como buena madre procuró con su amor unirnos a todos en una sola Nicaragua a la que todos pertenecemos, contrario a lo que predican desde el 2007 los nuevos filibusteros.

Éramos todos sus “muchachos” o “muchachitos” (digo éramos porque han pasado 34 años y ahora somos menos jóvenes). Liberales como yo, conservadores, miembros de la UNO, periodistas, sacerdotes y sandinistas (en ese tiempo todavía no había orteguistas ni tampoco como ahora falsos conversos a la democracia y a los derechos humanos que en su tiempo destruyeron).

Bajo su gobierno regresó la paz y se comenzaron a calmar los ánimos y las rencillas. Y luego de la destrucción, la discordia, la violencia, la enemistad y el empobrecimiento del país en las más que oscuras noches de los 1980, usted comenzó con guantes de seda y temple de acero, la larga y difícil tarea de construir un país democrático, próspero, justo, tolerante, con instituciones que protegieran los derechos y el bienestar de todos los nicaragüenses, particularmente el de los más pobres. Derechos y bienestar que se habían acabado en la penumbra de los 1980 y que desafortunadamente se han acabado nuevamente bajo los nuevos filibusteros.

Su legado y actuación le han conquistado mucha honra, respeto, admiración y cariño en los nicaragüenses. La patria ya se lo reconoce y la historia se lo reconocerá cada día más. 

Doña Violeta: en estas nuevas noches oscuras de represión y odio que estamos padeciendo los nicaragüenses bajo los nuevos filibusteros, nos hace todavía más falta su amor de madre y su ejemplo de conciliación, tolerancia, cordura, y democracia.

Doña Violeta: mi familia y yo la queremos mucho y nos hace mucha falta. Que Dios nos la siga cuidando.

El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada

Opinión
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