En el marco de la celebración de las Fiestas Patrias de Nicaragua es importante pensar en los compatriotas nicaragüenses que se encuentran en otros países, sufriendo las consecuencias individuales, familiares y sociales de la dolorosa condición humana del destierro y el exilio.
Ahora hay más nicaragüenses desterrados y exiliados que nunca antes en la historia nacional plagada de dictaduras, pero también caracterizada por tener condiciones socioeconómicas y políticas inhóspitas para la mayoría de la población. De allí que muchos nicaragüenses no puedan tener en su propia tierra las posibilidades de vivir dignamente, de trabajar para progresar o siquiera para sobrevivir.
En general los desterrados son personas buenas, leales, honradas y trabajadoras que han sido forzados a vivir lejos de su patria, muchos sin la posibilidad de volver ni siquiera de visita y sufren en el extranjero la nostalgia por la tierra natal. Porque destierro y nostalgia son hermanos gemelos de lo material y lo emocional y están íntimamente vinculados.
El eminente lingüista uruguayo Ricardo Soca ilustra en una sección de su muy útil sitio web La página del Idioma, que la palabra nostalgia “fue creada hacia 1668 por el médico suizo Johannes Hofer, que quería dar nombre al ‘deseo doloroso de regresar’ que había visto en algunos de sus pacientes”. Agrega Soca que el doctor Hofer “buscaba una palabra que expresase en todas las lenguas el significado del vocablo alemán Heimweh, que significa ‘deseo intenso de estar en casa’, ‘sufrimiento por estar separado de la familia’”.
Agrega el docto lingüista suramericano que en el idioma español nostalgia tiene un equivalente aproximado en añoranza, aunque esta última, tomada del catalán enyorança, tiende a denotar más bien el dolor por la pérdida definitiva de algo o de alguien. La palabra portuguesa saudade, ya incorporada al diccionario de la Academia con la misma grafía, está más próxima, ciertamente, a nostalgia.
Por eso es que no es cualquier cosa el dolor emocional de la nostalgia que sufren las hermanas y hermanos nicaragüenses desterrados. Pero no es por lástima que se les debe honrar en ocasión de estas Fiestas Patrias, y siempre, sino porque son héroes que merecen todo el cariño y respeto posible.
Dicen los historiadores jurídicos que el destierro es una pena tan cruel e inhumana, que en la antigua Grecia donde lo llamaban ostracismo lo aplicaban como un castigo peor que la pena de muerte. Y es cierto, porque el ser humano al morir deja de sufrir, pero en el destierro carga y soporta el sufrimiento emocional de la nostalgia incesantemente, hasta que regresa a su tierra y su patria en el caso de que pueda volver.
Sobre el destierro al que muchos nicaragüenses han sido forzados en los últimos años, los organismos especializados de las Naciones Unidas dicen que “tiene un impacto devastador, ya que les deja en una situación de apatridia de facto, lejos de sus familias y sin protección de sus derechos, profundizando su vulnerabilidad”.
Es por eso, añaden, que las personas desterradas “son titulares del derecho a obtener una reparación justa, adecuada, pronta y eficaz”. Unas palabras hermosas de buena voluntad política que ojalá se convirtieran en realidad.