La nicaraguanidad se lleva en la sangre y la conciencia

Este martes 10 de septiembre la Corte Suprema de Justicia del régimen sandinista informó mediante una nota de prensa que la Sala Penal del Tribunal de Apelaciones de Managua “ordenó la pérdida de nacionalidad nicaragüense” a los 135 excarcelados políticos que la semana pasada fueron desterrados a Guatemala. Agrega la nota que el tribunal también “dispuso el decomiso de todos los bienes de los condenados”.

Según la información del poder judicial del régimen, esa decisión se tomó con base en disposiciones constitucionales y legales que realmente carecen de validez, porque el derecho humano a la nacionalidad es universal, fundamental e inalienable. Así está consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Convención Americana de Derechos Humanos, tratados que tienen naturaleza de derecho internacional y están incorporados a la Constitución Política de Nicaragua.

Abogados independientes y democráticos aseguran que dicha resolución judicial carece de sustentabilidad jurídica y es inaplicable. Pero la verdad es que este problema no es jurídico ni legal, es una realidad política abusiva y cruel que contradice las normas del derecho internacional y lastima y ofende la dignidad humana de las víctimas y de toda la gente buena.

En realidad se trata de un crimen de lesa humanidad, como lo califican los organismos internacionales competentes, porque toda persona humana tiene derecho a una nacionalidad de la cual no puede ni debe ser despojada por nadie, por mucho poder que detente y menos por motivos de odio, persecución y venganza política.

Por supuesto que como ellos mismos lo han dicho, los nicaragüenses que han sido víctimas de ese infame castigo estatal “hoy más que nunca se sienten nicaragüenses”. Y seguramente en los próximos días celebrarán las Fiestas Patrias de Nicaragua con más razón, derecho, orgullo y entusiasmo.

El patriotismo de los compatriotas nicaragüenses desterrados y exiliados se aumenta porque ellos donde estén siguen luchando por la libertad. Pues, como lo estableció el Sandino auténtico —no el manipulado para justificar una dictadura que el héroe nacional jamás hubiera permitido—, patria y libertad son dos conceptos sagrados que están profunda e indisolublemente vinculados.

Privar a una persona de la nacionalidad equivale a quitarle su patria, la que como escribió José Martí “es algo más que opresión, algo más que pedazos de terreno sin libertad y sin vida, algo más que derecho de posesión a la fuerza. Patria es comunidad de intereses, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”.

Y como escribió también el gran poeta nacional nicaragüense, Rubén Darío: “Si pequeña es la patria uno grande la sueña”. Como grande y además libre la sueñan todos los nicaragüenses desterrados y exiliados, a quienes en vano el poder autocrático y absolutista pretende despojarlos de su nacionalidad, de su patria y de su patriotismo.

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí