El sacerdote nicaragüense Luis Eduardo Benavides, quien era párroco de la iglesia Nuestra Señora de Fátima, en Wiwilí, Nueva Segovia, perteneciente a la Diócesis de Estelí —administrada por monseñor Rolando José Álvarez—, tuvo que salir al exilio, como consecuencia de la persecución del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
La abogada y autora del informe Nicaragua: ¿una Iglesia perseguida?, Martha Patricia Molina, reportó el caso asegurando que el padre «se vio obligado a abandonar el país por constante hostigamiento de fanáticos del régimen sandinista».
La investigadora detalló que a pesar que no tiene la fecha exacta del exilio del sacerdote «ocurrió a finales de agosto».
255 religiosos y religiosas fuera de Nicaragua
Molina denunció que ha recibido información de que «los asedios a curas continúan y lo grave es que esa agresión es vista como normal» en el país.
Con el exilio del sacerdote, ya suman 66 los que han tenido que salir del país y buscar un lugar seguro como consecuencia de la persecución del orteguismo. A la fecha, según contabiliza el informe Nicaragua: ¿una Iglesia perseguida?, ya suman 255 religiosos y religiosas fuera de Nicaragua.
Detalladamente 66 se han exiliado, 98 monjas han salido, 48 destierros —entre ellos obispos, sacerdotes, y seminaristas—, a 34 les han impedido retornar al país y nueve religiosos han sido expulsados.
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Molina indicó que la dictadura «está siendo constante en el ataque a los religiosos. Los mantiene bajo amenaza permanente a ellos y a sus familiares».
Asimismo denunció que «continúan los robos y profanaciones a los templos y ni siquiera pueden denunciar estas ofensas y delitos porque pueden ser encarcelados».