Urge más apoyo al pueblo venezolano

El 28 de agosto recién pasado, con grandes manifestaciones populares se celebraron en Venezuela los 30 días del triunfo rotundo e indubitable, en las elecciones presidenciales, de la Plataforma de Unidad Democrática (PUD) representada dignamente por el hoy presidente electo, Edmundo González Urrutia y por la líder de la oposición venezolana, María Corina Machado.

Con pruebas emanadas del propio Consejo Nacional Electoral (CNE) que llegaron a sus manos por los testigos autorizados por la ley, la máxima líder de la oposición demostró que del 83 por ciento de las actas electorales que pudieron reunir, el 67 por ciento votó por González y el 30 por ciento por Maduro. Este último, sentado en las bayonetas, se ha negado a reconocer su apabullante derrota y por el férreo control que ejerce tanto sobre el CNE como sobre el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en vez de ordenar a sus acólitos que muestren las actas electorales, se ha dedicado a insultar a sus adversarios con amenazas e improperios que van desde “terroristas” hasta “perros al servicio del imperialismo yanki”. Maduro jamás presentó una sola prueba de sus pretensiones reeleccionistas, olvidando lo que expresó el dramaturgo inglés Ben Johnson: “Las pruebas pesan más en la balanza de la justicia que los más elocuentes discursos”.

Tal como lo expresé, ya pasaron más de 30 días de aquella memorable gesta del bravo pueblo y nos estamos acercando aceleradamente al 10 de enero del 2025, fecha en que, de acuerdo con la Constitución Bolivariana, deberá tomar posesión el nuevo presidente electo, Edmundo González Urrutia. Por lo que la pregunta es: ¿Qué ha pasado desde aquella gloriosa fecha en que el mundo democrático celebró con alegría el triunfo del PUD?

El dictador Maduro, siguiendo los pasos de su homólogo Ortega en la Nicaragua secuestrada, se está haciendo el loco dejando que el tiempo pase y que la indignación pública nacional e internacional, por su descarado robo y por la represión se enfríen, para seguir al frente del destino de esa martirizada nación.

¿Hasta cuándo los dirigentes de las democracias del mundo se darán cuenta de que tiranos como Maduro, Ortega y Díaz-Canel no entienden de diálogos civilizados y que les importa un bledo las declaraciones de condena y las sanciones que los gobiernos democráticos decretan en contra de ellos? ¿Hasta cuándo entenderán de que estos déspotas en lo único que creen es en la ley de la selva en la que prevalece el derecho de la fuerza y no la fuerza del derecho?

No es posible que mientras en las calles de las ciudades y aldeas de Venezuela, hombres, mujeres, niños y ancianos, caen inermes ensangrentados, víctimas de la brutal represión de los esbirros de Maduro, sigamos combatiendo a esos crímenes de lesa humanidad con simples comunicados de condena. Me dicen que hay más de 100 niños entre 12 y 15 años secuestrados en las ergástulas chavistas que como se sabe, son antros de corrupción y donde se tortura impunemente por órdenes de Maduro y Diosdado Cabello. Esto es inaceptable.

No nos olvidemos que la batalla heroica que están dando los venezolanos en sus calles no es solo por rescatar su derecho a vivir en paz y libertad, sino que es la batalla de todos los pueblos democráticos del universo, que estamos en contra de todas las dictaduras sean estas de izquierda o de derecha. Ellos, como dice María Corina “están haciendo historia” y en este momento crucial, se han constituido en la avanzada que luchará “hasta el final” para que prevalezca la verdad y el respeto por los derechos humanos en esa noble nación suramericana.

Por todo lo anterior, considero que es imperativamente necesario darle más apoyo a la oposición democrática venezolana, para que el régimen usurpador de Nicolás Maduro y sus corifeos, cumplan sin mayor demora con el mandato de la soberanía popular originado en las elecciones presidenciales del 28 de julio pasado, para que proceda a la transición del poder al presidente electo, Edmundo González Urrutia ya que de lo contrario, habrá graves consecuencias no solo para la bienandanza de la nación en su conjunto, sino principalmente para quienes ilegítimamente quieren perpetuarse en el poder, en contra de la voluntad mayoritaria del pueblo venezolano.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

Opinión
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