Me resulta impactante ver las imágenes de lo que está ocurriendo en Venezuela. Es una sensación agridulce. Por un lado, me entusiasma que la oposición haya podido despertar al pueblo y verlos cómo se desbordan para luchar por sus derechos y que se respete su voto, sin embargo, las muertes, los secuestros y heridos se han convertido en los sacrificios para restaurar un país. Eso es doloroso y más cuando la razón es la avaricia desmedida de poder de los gobernantes.
Seguí muy de cerca el previo de las elecciones en Venezuela y una cosa que me llamó la atención fue ver cómo el pueblo salía a la calle a apoyar a María Corina Machado y Edmundo González, y no podía dejar de ilusionarme en ver lo mismo en mi país, pero eso también me hizo entender que en Nicaragua se vive en una situación más despiadada en donde vuelan las cabezas de los que levantan la mano para asumir el liderazgo. Desgraciadamente en el terruño los gobernantes perdieron hasta la última gota de escrúpulos, si todavía le quedaba alguna.
Una vez que se eliminaron a todos los líderes o figuras visibles de la oposición, antes asesinaron a cientos de jóvenes y llenaron cárceles con presos políticos y sembraron la “paz de cementerio”, empezaron a perseguir a la iglesia católica. Eso es inaudito. Según LA PRENSA, ya suman nueve sacerdotes secuestrados, todavía hay que sumarle a todos los que ha desterrado. Lo que se ha hecho en Nicaragua es una cacería, se vive entre las tinieblas porque desean eliminar la verdad, el camino del bien. Y el nuevo pecado para los nicaragüenses es creer en Dios y congregarse en sus iglesias.
La única explicación que encuentro ante este tipo de acciones inhumanas (más allá de la paranoia) es que se quedaron sin figuras de oposición para negociar y, encerrando a sacerdotes, los utilizarán como moneda de cambio en alguna negociación cuando se sientan más asfixiados por las sanciones. La otra opción es la búsqueda de un sistema religioso como el de China, país en el que el Estado coloca a los sacerdotes a su medida y así maneja lo que cada clérigo les dice a sus feligreses.
Ojalá que Venezuela sea libre y Maduro abandone el poder y pague por sus crímenes, eso debilitará y asustará a los dirigentes políticos en Nicaragua que se aferran por las armas, porque si fuera por votos, serían sepultados democráticamente como ocurrió en Venezuela.