El sábado pasado 27 de julio, víspera de las “elecciones” venezolanas, escribí en esta misma página una columna titulada “Venezuela el último tren a la libertad”, basado en esos momentos en las múltiples encuestas que daban la victoria al candidato de la oposición Edmundo González Urrutia, pero la trama del gobierno madurista lo tenía todo preparado para revertir los resultados.
Y así ha ocurrido, pues según el recuento dado a conocer con el 80 por ciento de los votos escrutados, el presidente del CNE dio por ganador al dictador Nicolás Maduro Moros con 51 por ciento del voto sobre un 45 por ciento del candidato del PUD, Edmundo González Urrutia, por lo que a todas luces se cometió públicamente un fraude de mayúsculas condiciones y consecuencias.
Este resultado solo fue reconocido por los gobiernos afines a Maduro, como los de Cuba, Nicaragua, Bolivia, Rusia, China, dictaduras de largo pedigrí en esos menesteres, y por el Foro de Puebla, un grupo de seudointelectuales de ideología izquierdista y algunos personajes como José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente del gobierno español y afiliado al PSOE, quien junto con Monedero, Ione Belarra, Irene Montero, tratan de blanquear unos resultados más oscuros que la noche y que formaron su partido Podemos en España con fondos venezolanos.
Muchas naciones incluso que transitan por la izquierda democrática, como Brasil, Chile, Colombia entre otros han desconocido los resultados que avalan la victoria de Maduro, y los demás del continente americano se han pronunciado desconociendo los resultados que dio el CNE venezolano.
La oposición respalda y garantiza la victoria de su candidato González Urrutia, presentando las actas del escrutinio que obran en su poder y que dan meridianamente resultados totalmente opuestos a los presentados por el CNE, brazo político de la dictadura como todas las instituciones sometidas al madurismo.
Según las actas digitalizadas al 81 por ciento de los votos escrutados, el candidato y virtual presidente Edmundo González habría obtenido, 7,173,152 votos, lo que significa un 67 por ciento de los votantes, y Nicolás Maduro habría obtenido 3,250,424 votos, que representan un 30 por ciento del voto escrutado. Como podemos apreciar la distancia entre los candidatos es abismal y por lo tanto cualquier otro resultado para ser creíble tenía que haber por parte del madurismo una publicación de las actas electorales digitalizadas.
Venezuela hoy está sumido en un clima de incertidumbre, mientras el autoproclamado presidente no haga públicas las actas digitalizadas, ya que si no es de esta manera la mayoría de las naciones del mundo que camina por la senda democrática desconocerán estos resultados y sumiendo al país en el caos y desolación.
Mientras siguen las protestas de los seguidores de González Urrutia, acompañada en esta misión por María Corina Machado, eje principal de esta victoria, estarán insistiendo en la veracidad de los resultados de sus actas y los maduristas como respuesta salen a las calles resguardados por las fuerzas de represión que apoyan a Maduro y ya se han producido según últimas noticias más de una docena de muertos y la detención de más de 1,000 personas.
El tirano Maduro culpa de lo que pueda suceder y promete más represión a González Urrutia y a María Corina Machado, quienes con la responsabilidad que cargan sobre sus hombros están liderando las protestas, duramente repelidas no solo por las fuerzas armadas sino también por grupos paramilitares preparados y entrenados por el madurismo.
A estas fechas la presión sobre el madurismo tanto a nivel interno como internacional incrementa en calidad y cantidad. Organizaciones como Naciones Unidas, OEA, UE, el G7 se han unido al sufrido pueblo venezolano en sus acciones para que se reconozca su victoria en su lucha a la libertad y la justicia de la que han carecido por más de 25 años desde la victoria de Chávez hasta su muerte en 2013 y su sucesión por Maduro quien lleva 11 años en el poder aplastando la democracia que había imperado en Venezuela antes de la llegada de estos nefastos seres el poder.
El pueblo venezolano no se dará por vencido por la vuelta al poder de los mismos que llevan 25 años, destruyendo la economía, la cultura, la ciencia, que han sido baluartes de la venezolanidad y su seña de identidad en este mundo donde hay más gobiernos que proclaman la libertad, la justicia, como pilares del mundo democrático.
Maduro y su cúpula, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez, Tareck el Aisami, el Ministro de defensa Vladimir Padrino y otros como la propia esposa de Maduro, Cilia Flores y sus hijos, saben que la justicia universal los perseguirá por haber cometido y seguir cometiendo crímenes de lesa humanidad, someter a torturas y tratos inhumanos y denigrantes a disidentes del chavismo/madurismo.
Pero esto no ha terminado, apenas está empezando, y ya hemos visto como por ejemplo el centro Carter, organismo especializado en observación electoral y que goza de fiabilidad internacional ha cuestionado el proceso electoral y por lo tanto su resultado. Lo mismo la UE por medio de su ministro de Asuntos Exteriores y Defensa, el español Josep Borrell, ha dicho que las elecciones del 28 julio no fueron transparentes, lo mismo que el ministro de Asuntos Exteriores Español, UE y Cooperación Internacional ha declarado que mientras no se presenten las actas no puede reconocer a un gobierno severamente cuestionado y en esta ruta otros altos funcionarios de gobierno europeos también se han pronunciado en el mismo sentido.
El peso de la doble presión sobre los resultados que daban por ganador al dictador Maduro, lo ha sentido el citado personaje y prometió que presentaría las actas públicas digitalizadas, lo que no sé de dónde y cómo las conseguirá. Lo más probable es que haga en un nuevo fraude que avale los resultados hasta ahora conocidos que le dan la presidencia a quien quiere seguir amarrado al sillón presidencial hasta 2031 y sino a sus sucesores de su círculo familiares.
Dios salve a Venezuela de tan oprobiosos personajes que ahora la dirigen.
El autor es abogado nicaragüense radicado en España.