Venezuela, el último tren a la libertad

Este 28 de julio está programada la elección presidencial en la hermana República de Venezuela, sometida a una dictadura instaurada por el fallecido Hugo Chávez y continuada por Nicolás Maduro Moros. Chávez llegó al poder en 1999 y falleció en el poder en 2013, luego fue sustituido por el actual dictador quien lleva 11 años en el poder y sostenido en su mandato internacionalmente por Cuba, Rusia, China, e interiormente por un conglomerado de fuerzas represivas llamada entre otros por fuerzas armadas bolivarianas, guardia nacional bolivariana, policía nacional bolivariana y grupos paramilitares.

En estos años de dictadura el sostén ideológico ha sido el culto a la personalidad del finado Chávez, de tendencia extremista de ultraizquierda que forma parte del llamado Socialismo del Siglo XXI, y del grupo de Sao Paulo, fundado por Lula da Silva actual presidente de Brasil y por el llamado Foro de Puebla donde se integran los países más dictatoriales de América Latina, entre los que se afilian Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y en menor medida la izquierda mexicana de AMLO, hoy ya en las postrimerías de su mandato, en la que será sustituido por Claudia Sheinbaum, regidora de la ciudad de México puesto al que renunció para candidatear a la Presidencia en las últimas elecciones habidas en México, en las que resultó ganadora y también por la Colombia de Petro.

Las elecciones de este domingo, según las encuestas, dan por ganador al candidato surgido y ungido por María Corina Machado, de Vente Venezuela su partido y que ganó por abrumadora mayoría de entre varios contendientes las primarias para optar a la candidatura presidencial, pero que fue inhabilitada para participar en estas elecciones, al estar inhabilitada por 15 años, y a partir de allí se endosó la candidatura en la persona de Edmundo González en representación de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD).

Las elecciones para que surtan efecto y restauren la democracia, deben ser libres, limpias, transparentes y supervigiladas internacionalmente, y esta situación ya el PSUV ha vetado por ejemplo a observadores de la Unión Europea, aunque por otro lado ha permitido la observación del Grupo Carter, que tiene en su haber la certificación de ser una buena plataforma de observación. La oposición ha denunciado obstáculos en la acreditación de testigos para las elecciones que el Consejo Nacional de elecciones, órgano rector del sistema electoral, liderado por personajes adictos al chavismo, lo que representa un hándicap para un proceso eleccionario justo.

Hay un verdadero temor internacional sobre lo que pueda pasar en las elecciones de este domingo, ya que al parecer se promete a los chavistas que si pierden las elecciones “habrá un baño de sangre”, según palabras atribuidas al propio presidente Nicolás Maduro Moros, palabras que luego fueron matizadas en el sentido de decir que fue una simple “reflexión” y tales palabras no han pasado desapercibidas en el ámbito interno e internacional, como es el caso del propio Lula de Silva, quien dijo: “Me asusté con la declaración de Maduro, de que si pierde habrá un baño de sangre, cuando lo lógico es que si pierdes te vas”. Y hay más declaraciones en ese sentido lo que causa verdaderamente estupor.

Venezuela un país verdaderamente rico en varios sectores como el petróleo, que ha sido expoliado y arruinado por los mandamases del régimen ya que ha pasado de ser uno de los más grandes productores del mundo a ser uno de medio pelo, donde se han producido robos millonarios en comisiones de venta a terceros países, rico en minería de oro, de estaño, de litio y otros metales preciosos. La población escapa y se han ido más 7 millones de venezolanos en busca de mejores condiciones de vida ya que la mayoría no comen incluso a veces ni un tiempo de comida.

Siendo un país petrolero, incluso hace falta gasolina para los vehículos. Si a ello añadimos la inflación galopante que arroja cifras por encima de los tres dígitos, Maduro gobierna a lomos del sufrimiento del pueblo venezolano y esto no tiene parangón en la historia del país. Los venezolanos exponen sus vidas para librarse de la dictadura chavista, mientras una élite privilegiada goza de todos los gustos, mansiones, automóviles de lujo de los más caros del mundo, aviones particulares y enriquecimiento desmedido.

Venezuela necesita que la oposición gane esta elección para volver a la senda del crecimiento, de la estabilidad económica y social, de la vuelta de la diáspora a la tierra que los vio nacer, a volver a ser un país democrático donde se pueda pensar libremente, donde haya unos medios de comunicación que tengan libertad de expresión y de recepción de noticias, donde las fuerzas de represión dejen de intervenir en la vida ciudadana y dejen de ser esbirros al servicio de una dictadura que mantiene sumido al pueblo en la mayor de las desgracias que es no respetar los derechos humanos inherentes a cada uno de sus ciudadanos, en definitiva que vuelva a la senda democrática, que es de donde nunca debió de salir.

El mundo vería con buenos ojos que el chavismo se enganche a esa nueva realidad de justicia transicional que se vislumbra, que incluso puedan ser un partido que compita en condiciones de igualdad en elecciones y otras herramientas democráticas como el referendo y otras. Si esto no llega Venezuela seguirá hundida en el fango en que está sumida y cada día se seguirá degradando hasta caer en el fondo.

Aunque es difícil restañar las heridas que han dejado 25 años de dictadura chavista, habrá que intentarlo por todos los medios posibles al alcance de un posible nuevo gobierno y en ese empeño no buscar revanchas y oprobios. Solo así y de esa manera habrá una nueva Venezuela, pero para ello es preciso que si el chavismo pierde las elecciones debe aceptar su pase a la oposición.

Además, deberá desmontarse de una vez por todas todo el entramado de las fuerzas represivas que han servido de soporte a al chavismo, vender como chatarra todos los instrumentos de guerra que poseen y pensar en algo nuevo al servicio del bien común de todos y cada uno de los venezolanos. Ojalá podamos verlo

El autor es abogado nicaragüense radicado en España.

Opinión
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