La cinta dirigida por Greg Berlanti, conocido por ‘Como la vida misma’ (2010) y ‘Love, Simon’ (2018), presenta a Scarlett Johansson en el papel de Kelly Jones, una ejecutiva de publicidad de Nueva York enviada al Centro Espacial Kennedy de la NASA por un asesor de la Casa Blanca de Nixon, interpretado por Woody Harrelson, para supervisar un falso alunizaje en un plató de televisión.
Estados Unidos se encontraba inmerso en una intensa carrera espacial con la Unión Soviética, que había alcanzado un hito al enviar al primer ser humano al espacio en 1961, tras el cual el presidente Kennedy desafió a la nación a lograr un alunizaje antes de que concluyera la década de los 60.

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Con el país dividido y el conflicto bélico llevándose a cabo en Vietnam acaparando los titulares, la agencia espacial necesitaba algo más que avances tecnológicos para mantener el apoyo del público. En medio de protestas, incertidumbre y un clima de escepticismo, la NASA se embarcó en una misión paralela: no solo alcanzar la Luna, sino también reafirmar el espíritu de exploración y el sueño americano de conquista y superación.
Aunque ‘Fly Me to the Moon’ es una obra de ficción, está firmemente anclada en las tensiones históricas reales y los intensos esfuerzos de relaciones públicas que rodearon al programa Apolo. La película se inspira en la labor crucial del periodista Julian Scheer, quien desempeñó un papel fundamental en la gestión de la imagen pública de la misión lunar, y fue uno de los arquitectos detrás de la estrategia de comunicación que permitió que los primeros pasos del hombre en la Luna fueran retransmitidos en directo en millones de hogares alrededor del mundo.
Este esfuerzo marcó un contraste palpable con el secretismo que envolvía el programa espacial soviético de la época, que mantenía sus logros en la sombra. «Nuestra misión era asegurarnos de que la historia llegara al mayor número de personas posible, lo antes posible y con la mayor precisión posible», recordó Scheer.
La premisa de la película aborda la vieja teoría de la conspiración de que el alunizaje fue un engaño, creencia que mantiene una minoría incluso hoy en día. A pesar de las numerosas pruebas, incluidas muestras de rocas y el testimonio de más de 400.000 personas que participaron en la misión, una encuesta de la Universidad de New Hampshire de 2021 reveló que el 10% de los estadounidenses aún cree que el Apolo 11 nunca llegó a la Luna.
La cinta de Berlanti reconoce estas teorías al tiempo que establece una clara distinción entre su narrativa de ficción, donde la administración Nixon elabora un plan de reserva, el ‘Proyecto Artemis’, que implica la realización de un alunizaje falso que se retransmitirá por televisión si la misión real falla, coordinado a regañadientes por el personaje de Johansson.
Este es un claro guiño a la teoría de conspiración, ampliamente desacreditada pero aún vigente, que sugiere que Stanley Kubrick realmente escenificó el alunizaje lunar tras su trabajo en «2001: Una odisea del espacio» en 1968, ya que Kubrick colaboró estrechamente con especialistas en aeronáutica e ingenieros aeroespaciales para diseñar interiores de naves, siendo la opción ideal para dirigir una misión cinematográfica del alunizaje.
Sin embargo, estas afirmaciones han sido ampliamente desacreditadas por expertos en cine y familiares de Kubrick, como su hija Vivian Kubrick, quien ha calificado esta teoría como «manifiestamente una mentira grotesca».
Scarlett Johansson, en su intervención en el estreno de la película el pasado 11 de julio en Madrid, destacó la perseverancia del anhelo por el éxito en los Estados Unidos: “El sueño americano sigue vivo. Puedes venir de cualquier parte y triunfar”, declaró a EFE.
Su personaje, Kelly Jones, encarna este sueño, como la publicista de Manhattan que además de coordinar el falso alunizaje, orquesta la estrategia de marketing. Empresas como Omega y Kellogg’s colaboraron con la NASA con el objetivo de aumentar el compromiso y el apoyo del público, un elemento crucial en una época en la que la opinión pública y la financiación gubernamental eran vitales para continuar la exploración espacial.
Se enfrenta al director de lanzamientos de la NASA, Cole Davis, interpretado por Channing Tatum, quien es contrario a la táctica de incorporar propaganda en la misión, preocupado por preservar la integridad científica y seriedad del programa espacial. Sin embargo, a medida que avanza la trama, Davis se ve obligado a reconsiderar su postura y eventualmente se une al plan de Jones para transmitir en directo la llegada del Apolo 11.
Según la revista estadounidense Astronomy, el equipo de comunicaciones de la NASA enfrentó un desafío significativo cuando algunos ingenieros temían que el desarrollo del equipo necesario para la transmisión podría desviar recursos y atención de los esfuerzos cruciales para lograr el alunizaje en sí mismo.
A pesar de estas preocupaciones y las teorías conspirativas que han surgido desde entonces, una sólida mayoría de estadounidenses, el 64%, considera que los costos del programa espacial de la NASA son justificables, una cifra que ha ido en aumento con cada aniversario del Apolo 11 desde 1979.
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En este contexto de persistente escepticismo y fascinación por la narrativa del Apolo 11, Channing Tatum, durante el estreno de ‘Fly Me to the Moon’ en Madrid, ofreció una perspectiva sobre la película: «Es una ficción histórica y no nos jugamos nada en que la gente se lo crea o no porque es una película divertida, una comedia romántica y no es histórica. No sabemos lo que sucedió, no estábamos tras las cortinas de NASA, y tampoco me importa si nadie se lo cree».
En definitiva, ‘Fly Me to the Moon’ utiliza el trasfondo del histórico alunizaje del Apolo 11 para tejer una narrativa que mezcla realidad y ficción. La película no sólo revive el hito de la llegada a la Luna, sino que también explora las teorías conspirativas que aún persisten, buscando atraer tanto a los entusiastas de la historia espacial como a los amantes del cine, a la vez que recuerda la importancia del Apolo 11 y su legado en la cultura popular.