El triunfo democrático del pueblo venezolano

Cuenta la historia, que mientras Simón Bolívar cavilaba en su vivac, pensando cómo hacer realidad su juramento de no descansar hasta ver libre del yugo español a los pueblos americanos, otros dos hombres, igualmente idealistas, pero de distinto temperamento, clamaban por las musas en busca de inspiración para dotar a Venezuela —que en esos momentos luchaba por su independencia— de un Himno Nacional que caracterizara a la nación y a su pueblo, en sus más elevados deseos de autodeterminación.

Era el año 1816 y esos dos hombres que crearon el Himno Nacional de Venezuela Gloria al bravo pueblo, fueron Vicente Salias, quien como poeta le puso la letra y Juan José Landaeta, la música. Algunas de las reformas que se le hicieron al transcurrir los años, se le atribuyen al renombrado poeta venezolano Andrés Bello. Oficialmente fue declarado Himno Nacional el 25 de mayo de 1881 durante la Revolución de Abril que encabezó el presidente Antonio Guzmán Blanco. En realidad, es un himno majestuoso pleno de solemnidad, que hace llorar a muchos de los más de 7 millones de venezolanos que estando en el ostracismo lo escuchan con la esperanza fija en el porvenir.

He querido hacer esta breve historia del himno venezolano Gloria al bravo pueblo, porque dentro de pocos días, el 28 de julio próximo, ese gran pueblo va a ser sometido a una dura prueba con las elecciones nacionales, en las que supuestamente se van a elegir a las supremas autoridades de la nación.

Digo supuestamente, porque a pesar de lo que mandatan la Constitución de la República Bolivariana y los Acuerdos de Barbados, la dictadura chavista de Maduro ha cometido reiteradas violaciones, que se han acentuado durante la campaña electoral, tanto de los derechos humanos como del ordenamiento jurídico establecido para proteger a la ciudadanía venezolana.

Recordemos que, como decía el prócer mexicano Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz” y es inconcebible que, en plena campaña electoral, se esté reprimiendo severamente a los opositores simpatizantes de la PUD y se hostilice a quienes expresan públicamente su adhesión a la candidatura presidencial de Edmundo Gonzáles Urrutia y al liderazgo nacional de María Corina Machado.

¿De qué elecciones estamos hablando si los tiranuelos que desgraciadamente hoy rigen los destinos de Venezuela, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, descaradamente afirman en público que “pase lo que pase y suceda lo que suceda no entregarán el poder y que este seguirá en buenas manos revolucionarias”?

La verdad es que no obstante dichas balandronadas, es obvio que la gran mayoría del pueblo venezolano ya ha optado por el cambio democrático y está harto de los abusos que durante casi 25 años ha estado soportando de parte de los sátrapas y sus esbirros que pregonan las “bondades” del socialismo del siglo XXI.

Como consecuencia de todo esto se espera una votación masiva el próximo 28 de julio, en respaldo de la Plataforma de Unidad Democrática (PUD) y de sus lideres Edmundo Gonzales Urrutia y María Corina Machado. Pero la pregunta es: ¿Cuál será la actitud del Ejército Bolivariano en caso de que el Consejo Nacional Electoral, acatando la voluntad de los usurpadores, declare vencedor al PSUV y relegue a un segundo lugar a los verdaderos triunfadores?

Entonces, no quedará más alternativa: será el bravo pueblo de Venezuela y sus dirigentes quienes determinarán el curso de los acontecimientos. Y en cuanto al Ejército Bolivariano, ojalá que a sus cuadros intermedios no sea necesario recordarles lo que decía el Libertador: “El destino del Ejército es guarnecer la frontera”. ¡Dios nos preserve que vuelva sus armas en contra de la ciudadanía!

Ya este heroico pueblo demostró su patriotismo cuando el 23 de enero de 1958, parte del ejército sublevado encabezado por el almirante Wolfgang Larrazábal y el levantamiento popular en las calles bajo el liderazgo de Rómulo Betancourt derrocaron a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

Confiemos en la Divina Providencia que, con su infinita sabiduría, iluminará los caminos de la gran nación, antes durante y después, del próximo 28 de julio, para que la paz y la concordia vuelvan a brillar con todo su esplendor en beneficio de todos los venezolanos.

El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).

Opinión
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