Aun cuando todavía hay ciertos destellos de su genialidad, Lionel Messi ya no puede zigzaguear con el balón pegado a sus pies y quebrar por la cintura a sus oponentes. Cristiano Ronaldo, a pesar de su exuberancia física, ya no se proyecta como un esprínter de antaño ni perfora las redes con la potencia de un misil. Y lo mismo pasó con Pelé y con Maradona. Nadie es para siempre.
No lo fue Alexis Argüello y tampoco lo es Román “Chocolatito” González, el brillante pugilista nicaragüense que está listo para darle los toques finales a una carrera que lo llevará al Salón de la Fama del boxeo. González subirá al cuadrilátero este viernes 12 en Managua frente el colombiano Rober Barrera, un boxeador de 31 años y con un récord de 27-5 y 17 KO.
Barrera parece un adversario a la medida para el “Chocolatito” de la actualidad, quien peleó por última vez hace 19 meses y que ha realizado solo cuatro combates en los pasados cuatro años con marca de 2-2 en ese período. Pero antes de eso, González se dedicó a deslumbrar al mundo del boxeo, al extremo que durante 16 meses fue el mejor boxeador libra por libra del mundo.
En términos técnicos y de resultados, Román ha sido el más exitoso boxeador nacido en nuestro país. Argüello está por delante porque la grandeza no se mide necesariamente por los números. Además, fue el primer campeón mundial y se convirtió en un ídolo por su calidad superior y proximidad con la gente, hasta el extremo de penetrar profundo en el sentimiento popular, pero el estilo agresivo, elegante y fulminante de González, resultó una excelente noticia para el boxeo.
González ha sido la belleza del arte en movimiento, la precisión perfecta en sus ejecuciones, la fortaleza apropiada para resolver dificultades y la mezcla exacta del estilo y la sustancia. Un boxeador agresivo, de esos que nunca dan un paso hacia atrás, a menos que sea para impulsarse con más ferocidad hacia el ataque, con un equilibrio excepcional en su repertorio.
“Lo que más me impresiona es su balance, no desperdicia golpes”, dijo con admiración Oscar De la Hoya sobre Román, después de verlo pulverizar a Brian Viloria en Nueva York. “Se trata de un peleadorazo, sin duda el mejor entre los pesos pequeños”, agregó Julio César Chávez, después de ver al nica deshacerse de Edgar Sosa, quien también terminó noqueado.
El problema es que esos combates fueron en 2015 y nueve años no pasan en vano. Román tiene ahora 37 años y junto al deterioro natural, hay también una marcada inactividad de más de año y medio. Y tras aquellas peleas, vinieron otras muy desgastantes como las dos con Srisaket Sor Rungvisai y dos más (de tres) con Juan Francisco “El Gallo” Estrada, sin olvidar la de Carlos Cuadras.
Sin embargo, donde hubo talento algo queda. Y González (51-4, 45KO) debe imponerse este viernes a Barrera, mientras mantiene el enfoque para un combate de más envergadura en el que podría decirle adiós definitivamente a una fantástica trayectoria que enfrenta ahora su tramo más sinuoso y difuso después de haber sido faro que alumbró con luz ferviente al planeta del boxeo.
¿Cuánto queda aún de aquel “Chocolatito” de velocidad llamativa, del destructor implacable, del púgil de agresividad agobiante y extendidas combinaciones que destruían el cuerpo y hacían que la cabeza cayera sola? No lo sabemos, pero es claro que nadie es para siempre. Ni Messi, ni Cristiano. Ni nuestro Alexis Argüello y tampoco el “Chocolatito”.