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Patrullas de la Policía saliendo de LA PRENSA el viernes 13 de agosto del 2021, día en que el periódico fue confiscado por la dictadura. LA PRENSA

LA PRENSA: dos años de exilio de una redacción

Uno de los conductores de LA PRENSA que fue encarcelado y desterrado cuenta cómo la Policía le puso una trampa para detenerlo el día en que el régimen desató una feroz persecución en contra de los periodistas y trabajadores del periódico.

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La primera noche que durmió en el hotel West Inn de Washington, Estados Unidos, “Pedro” se acostó en el suelo. Sentía que la cama estaba demasiado suave y que se iba a caer, pues su espalda estaba acostumbrada a sentir el concreto duro de una banca de la Estación Tres de la Policía, o el del camarote de cemento del Chipote, en donde estuvo detenido siete meses.

Pedro no es su verdadero nombre, si no el seudónimo que este exconductor de LA PRENSA nos solicitó utilizar para no poner en riesgo a su familia en Nicaragua. Él es uno de los dos choferes del periódico que fueron detenidos por la Policía el 6 de julio de 2022, fecha en que inició una cacería sin precedentes contra todo el personal del Diario y que obligó al exilio completo de la Redacción.

Dos años después de su encarcelamiento, el exconductor de LA PRENSA ha tenido que empezar de cero en Estados Unidos, país al que fue desterrado por la dictadura que también lo despojó de su nacionalidad por simplemente manejar un vehículo para llevar a los periodistas a las coberturas.

“Ha sido difícil. La vida aquí es muy dura, pero uno no se puede rendir. Tenemos que seguir adelante”, menciona Pedro, mientras recuerda cómo fue la cacería contra los periodistas y la manera en que la Policía le puso una trampa para encarcelarlo.

Una de las portadas de protesta que lanzó LA PRENSA en marzo de 2019 por la retención de tinta y papel en contra del Diario. ARCHIVO

Cacería

La persecución en contra de LA PRENSA por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murilo fue progresiva. La dictadura primero asfixió al periódico restringiendo la entrada del papel, tinta y demás insumos para la producción del Diario en 2018.

Después de más de 500 días de bloqueo aduanero, la dictadura finalmente liberó el papel y demás insumos en febrero de 2020, pero volvió a retenerlo y el 12 de agosto de 2021, LA PRENSA anunció que dejaría de circular en su formato impreso.

El 13 de agosto de ese mismo año, la Policía asaltó la redacción de LA PRENSA y se tomó las instalaciones del Diario, las cuales quedaron confiscadas y fueron traspasadas al Instituto Tecnológico Nacional. Asimismo, el gerente general de periódico, Juan Lorenzo Holmann Chamorro, fue detenido y convertido en preso político.

Esos fueron momentos de incertidumbre para LA PRENSA pues los periodistas y colaboradores no sabían si el periódico iba a seguir funcionando, sin embargo, la Redacción pudo reorganizarse y pasó a trabajar de manera clandestina en Nicaragua. Algunos de los periodistas salieron del país desde ese momento y empezaron a trabajar desde el exilio.

LA PRENSA funcionó casi un año en la clandestinidad, sobreviviendo a la confiscación de la Redacción, tal como lo hizo con los terremotos, la censura sandinista de los años ochenta, el asesinato de su director, Pedro Joaquín Chamorro en 1978; los bombardeos somocistas, y muchas cosas más que la han golpeado en sus 98 años de historia, pero que no la han silenciado. “Si nos cierran, vamos a volver a abrir”, dijo antes de morir el entonces director del periódico, Jaime Chamorro Cardenal.

En esa clandestinidad trabajaba Pedro, recuerda desde su destierro en Estados Unidos. “Todos andábamos con cuidado y tomando nuestras medidas de seguridad, pero yo nunca me esperé caer preso, si yo solo era un conductor”, relata.

Tras la toma de LA PRENSA, el periódico no pudo salir impreso nuevamente, pero continuó informando desde sus plataformas digitales. ARCHIVO

Trampa

La Policía le puso a Pedro una celada. Era la tarde del 6 de julio de 2022. Temprano por la mañana, él había llevado a una periodista y un fotógrafo a cubrir la expulsión de las monjas de la orden Madre Teresa de Calcuta, a quienes el régimen las había despojado de su personería jurídica, les confiscaron sus oficinas en Granada y los colegios que administraban en otras partes del país. Luego las reconcentraron en Managua, desde donde las llevaron en un microbús hacia la frontera con Costa Rica.

En esa cobertura, el equipo pudo hacer fotografías y videos, pero en el sector de la Quinta Nina, los sorprendieron dos patrullas de Migración, dos microbuses, una patrulla policial y un motorizado que al notar su presencia les bloquearon el paso.

Pedro, de manera hábil, pudo esquivar varios vehículos y tomar rutas alternas y siguieron a las monjas hasta el kilómetro ocho de la Carretera Sur. Ahí decidieron regresar a Managua porque su trabajo ya estaba hecho.

Durante el resto del día, Pedro empezó a recibir llamadas de un número desconocido. Las ignoró hasta que contestó y le habló un capitán de la Policía. Le dijo que una motocicleta a su nombre se había visto envuelta en un accidente de tránsito y necesitaban que él se presentara a una estación policial para aclarar el asunto porque había personas fallecidas.

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Pedro le explicó al policía que esa motocicleta él la había vendido hace tres años y que no tenía nada que ver con ella. El policía le dijo que necesitaba ver la carta de venta para comprobarlo y que la llevara a una estación policial.

A eso de la 5:00 de la tarde, después de que Pedro dejó a uno de los periodistas de LA PRENSA en su casa, se fue a traer la carta de venta a la casa de su madre y cuando se estaba bajando del vehículo, aparecieron dos patrullas policiales con agentes y civiles. Cerraron la calle, lo bajaron del vehículo a la fuerza, le pusieron una capucha, lo montaron a una de las patrullas y se lo llevaron a la Estación Tres de Policía.

En el trayecto lo iban golpeando y al llegar a la estación, los policías lo siguieron agrediendo hasta que llegó un interrogador. “Fueron varios interrogadores. Me acuerdo de los apellidos Pérez, Hernández, López. Eran varios, como diez”, relata.

Le preguntaban en dónde vivían los periodistas, quién les pagaba… “Eran cosas absurdas las que preguntaban. Que cuáles eran los números de cuenta, que quién era mi jefa, que dónde vivían los periodistas, que si yo sabía dónde estaba don Eduardo Enríquez (jefe de Redacción). Si yo era conductor, yo que voy a estar sabiendo de cuentas”, dice.

El interrogatorio duró toda la noche y fue interrumpido cerca de las 12:30 de la madrugada porque la Policía no había podido dar con la casa del otro conductor de LA PRENSA, así que lo llevaron a él para que dijera en dónde vivía su compañero. Así cayó preso el segundo conductor del periódico, poco después de la 1:30 de la madrugada.

Esta fue una de las fotografías tomadas durante la cobertura que hizo «Pedro» junto a una periodista y un fotógrafo de LA PRENSA. ARCHIVO

Exilio

Apenas se supo de la detención de Pedro, toda la Redacción de LA PRENSA activó su protocolo de seguridad, con el cual todos los periodistas y colaboradores tuvieron que dejar sus hogares y sus familias en medio de la noche. Casi nadie del Diario durmió esa noche del 6 de julio.

La Policía llegó a la casa de varios periodistas, pero no encontró a ninguno porque todos pudieron salir a tiempo. Según Pedro, los policías tenían listas con nombres de los reporteros, direcciones, placas de los vehículos de LA PRENSA y más datos. Incluso de varios periodistas que ya no trabajaban para el periódico.

En los siguientes días, LA PRENSA priorizó la salida de todos los colaboradores del Diario para evitar que fueran detenidos. Uno a uno y por puntos ciegos, los periodistas fueron saliendo de Nicaragua, hasta que toda la Redacción se encontró en el exilio, a como permanece hasta la fecha.

Quienes no pudieron huir fueron los dos conductores que quedaron detenidos y convertidos en presos políticos.

Pedro cuenta que los dos estuvieron en celdas diferentes en la Estación Tres y por aproximadamente un mes los trasladaban al Chipote durante las noches para interrogarlos. Después los dejaron permanentemente en la estación policial. “Ahí nos metían con borrachitos, vendedores de drogas, con unos que los llevaban porque le habían pegado a la mujer”, comenta.

Los policías les prohibieron a los conductores de LA PRENSA que dijeran quiénes eran ellos y por qué estaban ahí. “Si me preguntaban los otros presos, yo decía que por drogas estaba ahí”, cuenta Pedro.

Casi tres meses después, la Policía trasladó a los conductores del periódico al Chipote y ahí permanecieron con los demás presos políticos. Fue hasta ese momento que se encontraron con Juan Lorenzo Holmann y en tono de burla, los policías apodaron a los dos conductores como “los Chamorritos”.

La dictadura se ensañó hasta el último momento con ellos, pues el 8 de febrero de 2023, cerca de mediodía, los condenó a diez años de prisión. Para ese momento, ya estaba avanzado el acuerdo de la dictadura con el Gobierno de Estados Unidos para enviar a los presos políticos a ese país, sin embargo, eso no detuvo que el régimen los condenara de manera injusta.

Esta fue la última edición impresa publicada por LA PRENSA el 12 de agosto de 2021. ARCHIVO

Pedro cuenta que en la noche de ese mismo 8 de febrero lo llegaron a sacar de su celda. Él pensó que como ya había sido condenado, lo llevaban para La Modelo a cumplir su condena, pero no fue así. Lo montaron en un bus junto con los demás presos políticos, los llevaron a la Fuerza Aérea y ahí los desterraron. Entre los desterrados también se encontraba Juan Lorenzo Holmann, el gerente general.

“Yo no la pensé. En la tarde me habían dicho que iba a estar diez años preso y después en la noche me dicen que puedo ir libre para Estados Unidos. Yo no la pensé dos veces, dije que sí y firmé el papel”, comenta.

Desde el exilio, los periodistas de LA PRENSA han continuado con su labor informativa y Pedro, aunque no pudo reintegrarse al Diario, recuerda con nostalgia sus más de diez años trabajando para el periódico.

Dice que le da gusto ver que LA PRENSA sigue informando en su formato digital y que no se ha apagado su voz. “Algún día va a volver el periódico, todos lo sabemos eso”, señala.

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Que este señor le agradezca a Dios que aterrizó en los EE.UU. con privilegios que el exilio histórico del 79 no los tuvo pero la mayoría de ellos triunfaron económicamente con su propio esfuerzo sin ayuda de nadie. Hay que tener orgullo propio. Si siente la vida dura en los Estados Unidos la sentiría el doble de dura si hubiera terminado en Europa o en un país de Latinoamérica. Todo es que aprenda el idioma inglés el cual es fácil de aprender. Si dominás la gramática castellana aprenderás el inglés en un año a diferencia del alemán el cual nunca lo llegas a dominar si no naciste en Alemania.

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