Quince años después aún no nos acostumbramos a la ausencia de Alexis Argüello

El boxeador que cultivó un gusto especial por la elegancia y la eficacia dentro de un ambiente dominado por el pragmatismo y la valentía sin límites, se marchó trágicamente un día como hoy, provocando una enorme grieta que nunca se cerró

Han pasado quince años, pero el dolor causado por la muerte de Alexis Argüello sigue conmoviendo a Nicaragua. El boxeador que cultivó un gusto especial por la elegancia y la eficacia dentro de un ambiente dominado por el pragmatismo y la valentía sin límites, se marchó trágicamente un día como hoy, provocando una enorme grieta que nunca se cerró.

Argüello irrumpió con violencia sobre los cuadriláteros como un destructor implacable que arrasó con sus rivales, convenció a los críticos y sedujo a los fanáticos, mientras agrandaba su leyenda al capturar tres coronas mundiales en categorías distintas en una época en la que el boxeo no había sido desplazado por la mercadotecnia.    

Y a pesar de desplegar su talento sobre los mejores escenarios del mundo exhibiendo su clase, personalidad y contundencia, Alexis también impactaba a nivel local con su ejemplo, con su empuje y disciplina, todo revestido por un temperamento sencillo y una entrañable sensibilidad que le hizo penetrar profundo en la consideración popular.  

Por ese se le extraña, porque nos enseñó el camino de la superación a base de trabajo, talento y determinación, mientras colocaba a Nicaragua en el mapa deportivo mundial. Y cuando estaba distante, en las alturas, era también muy cercano porque nunca se olvidó de dónde venía ni lo que representaba para los nicaragüenses, quienes salpicó de constantes emociones.

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Bautizado como “El Flaco Explosivo” por el maestro Edgar Tijerino, Argüello fue un pugilista bien equilibrado, de vocación ofensiva y solidez en su defensa. Y sin hacer alardes artísticos, fue un boxeador elegante, preciso y temerario, capaz de derribar una pared con sus puños y con un aguante granítico. Experto en el manejo del jab y dueño de una derecha paralizante y destructivos golpes ascendentes.

Sus batallas con Rubén Olivares, Alfredo Escalera, Rubén Castillo, Ray “Boom Boom” Mancini y Aaron Pryor, solo por mencionar unas pocas, fueron verdaderos duelos épicos, clásicos de este deporte. Argüello es considerado por expertos, como el mejor peleador ligero junior de la historia (130 libras) y uno de los mejores en cualquier categoría de todos los tiempos. El ídolo de Oscar De la Hoya y el rival que hubiese deseado enfrentar Floyd Mayweather.

Su grandeza a nivel mundial, pero sobre todo a nivel local, trasciende las estadísticas y títulos conseguidos. Más que un campeón es una leyenda, un ícono. Por eso nadie tiene la osadía de compararse con Alexis, el más grande entre los grandes deportistas nicaragüenses, quien por desgracia y por confusas circunstancias no está todavía entre nosotros.

“Quiero que nos sentemos varios días y con calma te voy a ‘vomitar’ toda mi vida. Vos grabás todo y con eso te hacés un libro, así como ese que hiciste (Un Día Perfecto) que, por cierto, te quedó ‘diaverga’”, me dijo Alexis la última vez que lo vi y aunque confieso que me sentí un poco abrumado, me gustaba la idea, pero el destino tenía prevista otra cosa.

Quince años después nos negamos a resignarnos ante su ausencia física, porque su legado está más firme que nunca. Argüello no fue perfecto, pero fue espontáneo y verdadero. Fue alegría, drama y éxtasis, hasta que la muerte le arrebató su vida en una noche oscura, trágica y dolorosa que todavía aturde a los nicaragüenses.

Deportes Alexis Argüello archivo

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